por Redacción NewsDigitales
Juampi González pasó por El Living de NewsDigitales y mostró una faceta que va mucho más allá del humor. Actor, comediante y creador de personajes, recordó una infancia marcada por las mudanzas, el juego y una personalidad que encontró precisamente en hacer reír una herramienta para integrarse a cada lugar nuevo.
Criado durante parte de su infancia en Comodoro Rivadavia, recordó aquellos años como una etapa “muy linda” y “muy pura”, atravesada por la libertad de jugar en la calle, andar en bicicleta y pasar horas inventando historias. Desde chico también aparecía la veta histriónica: disfrutaba haciendo reír a su familia y encontraba rápidamente una respuesta en quienes lo rodeaban.

Su primer gran referente fue su padre, ingeniero, a quien admiraba por su capacidad para resolver problemas. El propio Juampi terminó estudiando Ingeniería y completó prácticamente toda la cursada, aunque quedaron cuatro finales pendientes. Para entonces, la comedia ya había empezado a ocupar un espacio imposible de ignorar.
Antes de vivir del humor, González realizó una pasantía en una automotriz. Paradójicamente, contó que en las evaluaciones laborales uno de sus puntos más destacados era el clima que generaba entre sus compañeros. Mientras avanzaba por ese camino profesional, paralelamente comenzaba a probar suerte con el stand up.
Los primeros escenarios estuvieron muy lejos de los grandes teatros. Actuaba en bares por una pizza, pasaba la gorra y aceptaba eventos donde muchas veces las condiciones eran incómodas. Sin embargo, reivindicó aquella etapa porque le permitió equivocarse frente a poca gente y construir las herramientas que después necesitaría ante cientos de espectadores.

“Yo agradezco mucho ese proceso”, explicó. La incertidumbre, además, nunca desapareció. Incluso después de consolidar su carrera, entendió que dedicarse al arte implica convivir con la inestabilidad: “Cuando te dedicás al arte vas a convivir con eso toda tu vida”.
Su padre terminó ayudándolo, involuntariamente, a confirmar qué camino quería seguir. Mientras intentaba que terminara Ingeniería, le señaló que si pusiera en la carrera apenas una parte de la energía que destinaba al stand up podría recibirse. González entendió el mensaje al revés: la cantidad de esfuerzo que estaba dispuesto a entregar por la comedia demostraba dónde estaba realmente su pasión.
“Me quemaba en el pecho esto. Iba a tener una incomodidad de por vida si no seguía por acá”, recordó sobre aquella decisión.
Otro punto de inflexión llegó con sus temporadas trabajando como comediante en Brasil y posteriormente con el personaje de Alessandra. Las redes comenzaron a crecer y esa popularidad digital empezó a convertirse en espectadores reales.

Pasó de salas de 170 localidades a teatros de 380, agotó funciones consecutivas y finalmente llegó al Maipo. Aun así, la sensación de que todo podía terminar permanecía presente. González remarcó que tardó cinco o seis años en llenar un teatro y reivindicó ese recorrido frente a la ansiedad por alcanzar resultados inmediatos.
Alessandra fue “un acierto muy grande” de su carrera, pero también atravesó momentos de retroceso digital. Llegó a perder alrededor de 60 mil seguidores, mientras paradójicamente aumentaba el público en sus funciones. Esa experiencia terminó reafirmando una prioridad: siempre quiso construir una carrera teatral antes que depender exclusivamente de las redes.
Fuera del escenario, González también habló de los vínculos y de la importancia que tuvieron sus amigos. Considera que hacer reír es incluso una forma de demostrar cariño: “Si intento hacerte reír es porque te quiero ver mejor”.

Su historia de mudanzas también moldeó una personalidad independiente y desapegada. No identifica un único lugar en el mundo: para él puede ser cualquier sitio donde esté tranquilo, pueda reírse y rodearse de personas con las que consiga ser él mismo.
Esa independencia, sin embargo, tiene una contracara. González reconoció que uno de sus temores es llegar a una edad avanzada en soledad. “Tanto te gusta estar solo que vas a terminar así”, sintetizó sobre ese miedo, aunque aclaró que le gustaría formar una familia si encuentra una relación compatible con su manera de entender los vínculos.
En el cierre dejó una reflexión que resume buena parte de su recorrido. Frente al miedo a equivocarse, intenta preguntarse cuál sería realmente el peor escenario posible. Su conclusión es sencilla: hay que animarse y aceptar el error. “Hay que equivocarse”, sostuvo, después de una carrera construida precisamente a partir de probar, fallar, reinventarse y volver a subir al escenario.