por Redacción NewsDigitales
Marcelo “Corvata” Corbalán pasó por El Living de NewsDigitales y recorrió una trayectoria que atraviesa buena parte de la historia del metal argentino. Recordó sus comienzos, el nacimiento de A.N.I.M.A.L., la experiencia que desembocó en Carajo y el presente con Arde La Sangre.
Corvata ubicó el comienzo profesional de su carrera en 1992, cuando tenía 21 años y grabó el primer disco de A.N.I.M.A.L. Antes habían quedado las bandas de barrio y las salas de ensayo donde comenzó a cruzarse con músicos que terminarían marcando aquella escena. Incluso recordó que estuvo cerca de convertirse en bajista de Los Violadores, aunque decidió continuar con sus compañeros de entonces.
Después de A.N.I.M.A.L., Corvata se reencontró musicalmente con Andrés Vilanova y conoció otra dinámica junto a Hernán “Tery” Langer. Así comenzó a tomar forma Carajo. Al principio no se imaginaba como cantante principal, pero la búsqueda de una voz no prosperó y terminó asumiendo el bajo y el micrófono.

El contexto atravesó inevitablemente aquellas canciones. Mientras componían en diciembre de 2001, los disturbios llegaron literalmente hasta la sala: patrulleros, piedras y comercios cerrando obligaron a los músicos a mirar por televisión lo que estaba ocurriendo en las calles. Corvata reconoció que nunca tuvo una identificación partidaria fuerte, pero dejó una definición sobre la política: “Para mí el político se tiene que poner la camiseta del pueblo”.
Al repasar sus sociedades creativas, Corvata sorprendió al definirse como “un fracasado”, aunque inmediatamente explicó el sentido: su sueño era mantener un mismo proyecto durante décadas, como Iron Maiden. Su carrera, en cambio, estuvo atravesada por finales y nuevos comienzos.
Para Corvata, la convivencia dentro de una banda exige hablar antes de que los pequeños conflictos se acumulen. “Hay que conversar todo, hay que charlarlo todo y ponerse de acuerdo”, sostuvo. Las diferencias creativas pueden incluso enriquecer una canción si quienes participan aceptan construir desde posiciones opuestas.

“El arte no tiene reglas”, resumió. Pero agregó una condición: los integrantes deben saber qué quieren representar y hacerse cargo de lo que expresan. También remarcó la responsabilidad con quien paga una entrada para escuchar una canción que lo marcó: “Respeto absoluto”.
El presente de Corvata lo encuentra con Arde La Sangre, proyecto nacido en medio de otro momento extraordinario: la pandemia. Durante el aislamiento, la música volvió a funcionar como un salvavidas y permitió construir una banda cuando el mundo permanecía prácticamente detenido.
En su tercer disco aparecen conceptos vinculados con la ira, el pánico, la depresión, la claustrofobia, el trauma, la bipolaridad, la adicción y la sanación. Corvata explicó que esos términos funcionaron inicialmente como nombres de trabajo, pero terminaron dialogando con el contenido del álbum y con una preocupación contemporánea.
“La idea quizás de este disco es un poco concientizarnos todos”, explicó sobre problemas que, en mayor o menor medida, pueden atravesar a cualquier persona. También habló de una sociedad más acelerada, atravesada por las redes sociales, la exposición permanente y una intensidad difícil de administrar.

Ese proceso incluso llevó a Corvata a revisar conceptos mientras escribía. Al hablar con especialistas entendió, por ejemplo, que debía evitar presentar determinadas condiciones de salud mental como enfermedades. De allí surgió una reflexión que terminó sintetizando el espíritu del trabajo: “Lo que se enferma es la intensidad”.
Después de más de tres décadas de escenarios, rupturas y reinicios, Corvata sigue encontrando en la música una manera de procesar cada época. Desde A.N.I.M.A.L. y Carajo hasta Arde La Sangre, su recorrido conserva una misma lógica: transformar las crisis en canciones y volver a empezar cuando todo parece empujar hacia el freno.