05/10/2026 - Edición Nº1336

Cultura


Cultura independiente

Batra y la receta de la autogestión: hacer arte aunque no alcance la plata

05/10/2026 | El referente del Salón Pueyrredón repasó su historia en el punk, la autogestión y la resistencia cultural.


por Redacción NewsDigitales


Horacio “Batra” Luna pasó por El Living de NewsDigitales y, en diálogo con Juan Ignacio Provéndola, recorrió una vida atravesada por el punk, la autogestión y la producción cultural. Músico de Sepulcro Punk, productor, sonidista y una de las figuras detrás del Salón Pueyrredón, recordó sus comienzos en los años 90 y cómo la necesidad de sostener sus proyectos lo convirtió en un trabajador multifacético de la escena independiente.

Nacido en Villa Crespo, cerca del límite con La Paternal, Batra comenzó tocando con amigos del barrio a principios de los 90. Primero llegó Sepulcro Punk y después el sonido, la grabación y la producción. Estudió grabación y empezó registrando sus propios discos, hasta transformar ese aprendizaje en un oficio que lo llevó a trabajar con distintas bandas.

Punk, bronca y militancia

Al recordar Escupiré sobre tu rostro, primer disco de Sepulcro Punk, Batra situó aquellas canciones en pleno menemismo. La reforma constitucional, la reelección, la flexibilización laboral, las injusticias sociales y la forma en que los medios contaban aquella realidad alimentaban una lírica abiertamente crítica. También aparecían conflictos internacionales como Palestina, temas que, décadas después, considera vigentes.

La militancia no se agotaba en las canciones. Batra recordó su participación en acciones vinculadas a los escraches contra genocidas y una presentación en Cemento en 1997 que terminó en incidentes. Con cada vez menos lugares para tocar, Sepulcro Punk llevó Argentilandia a la calle: organizaron recitales en distintos puntos de Buenos Aires y pretendían cerrar aquella suerte de “campaña” en Plaza de Mayo, pero un operativo policial frustró el show.

Esa concepción también lo acercó al viejo Salón Pueyrredón, donde encontró un espacio y personas con una sensibilidad similar. Allí estrechó su vínculo con Gustavo, de Responsables No Inscriptos, banda a la que incluso ayudó a bautizar.

Sobrevivir en el Salón Pueyrredón

La historia del Salón también quedó atravesada por las crisis argentinas. Batra recordó que abrieron la sede de Santa Fe 4560 en 2001, luego de reformar una casa abandonada. La crisis económica golpeó inmediatamente y quienes impulsaban el espacio terminaron viviendo allí. Incluso llegaron a organizar un Club del Trueque para atravesar los años más difíciles.

Después llegaron el corralito, la devaluación, Cromañón y las clausuras. Tras la tragedia de 2004, explicó, numerosos espacios quedaron atrapados en un vacío normativo. El Salón pasó años peleando por una habilitación definitiva y sus responsables participaron, junto con otros actores de la cultura, en la construcción de una reglamentación para los clubes de música en vivo.

“No tengo la fórmula”, admitió al explicar cómo sobrevivieron. Sin embargo, reivindicó haber sostenido durante décadas un lugar abierto para artistas que quedaban fuera del mainstream. Para Batra, que el Salón llegue a sus 29 años representa haber defendido un espacio de encuentro, participación y desarrollo de las artes escénicas.

Hacer arte incluso sin plata

La misma filosofía aparece en su trabajo como productor. Batra contó que suele buscar alternativas para que un disco o un proyecto con potencial no quede abandonado por falta de presupuesto. “El factor dinero frente al arte no puede ser una traba”, afirmó. Si los recursos no alcanzan, su propuesta es modificar el camino, optimizarlos y conseguir que la obra igualmente exista.

En esa lógica, la canción está por encima de la sofisticación técnica: lo decisivo es aquello que provoca en quien la escucha.

Hoy esa militancia, explicó, está profundamente vinculada al propio Salón Pueyrredón y a la música. Después de haber participado en agrupaciones y causas sociales, entiende que mantener abiertas las puertas de un espacio alternativo también constituye una forma concreta de intervenir sobre la realidad.

El presente lo encuentra además trabajando con Responsables No Inscriptos y su disco La historia interminable. Entre bromas sobre los productos, los “hexágonos” y el consumo, Batra dejó otra definición sobre el sentido de seguir haciendo canciones en un escenario político y social que cuestiona: provocar un “exceso de pensamiento”. Después de más de tres décadas entre bandas, escenarios y proyectos autogestionados, su apuesta sigue siendo hacer, resistir y mantener abierto un lugar para quienes buscan algo por fuera de lo convencional.