por Redacción NewsDigitales
Ignacio González Prieto, periodista, criminólogo y especialista en seguridad, participó del ciclo No fue un accidente para analizar la violencia vial, el funcionamiento de la Justicia y la responsabilidad detrás de cada siniestro. Recordó casos que marcaron su carrera y sostuvo que la Argentina necesita penas más duras, educación temprana y un cambio cultural centrado en el respeto por la vida.
Uno de los hechos que modificó su mirada fue el caso de Sebastián Cabello. González Prieto recordó la brutalidad del episodio en avenida Cantilo que provocó las muertes de Celia González y su hija Vanina Rosales, y el impacto sobre la familia. A partir de allí comenzó a profundizar sus conocimientos sobre investigación criminal, el Código Penal y conceptos como negligencia, impericia e imprudencia.
Desde esa experiencia planteó que las penas actuales resultan insuficientes frente a conductas con agravantes. “Algún día algún gobierno o todos los partidos políticos se van a poner los pantalones largos y van a aumentar las penas”, afirmó. Para González Prieto debería existir una figura claramente establecida en el Código Penal para los casos de extrema gravedad, en lugar de dejar determinadas situaciones sujetas a discusiones sobre el dolo eventual.
El periodista fue crítico con la dirigencia política y consideró que existe falta de capacidad y compromiso para avanzar en reformas. Según su análisis, no puede evaluarse de la misma manera un hecho producido por una imprudencia circunstancial que una muerte ocurrida mientras alguien participa de una picada, conduce alcoholizado, realiza maniobras temerarias o se fuga.

González Prieto vinculó la problemática con un fenómeno social más amplio que definió como “marginalidad violenta” y denunció una falta de responsabilidad y respeto por la vida. “Hasta que no haya una ley que castigue, pero castigue de verdad, esto va a seguir siendo así”, advirtió.
También cuestionó la naturalización de infracciones y reclamó consecuencias desde distintos ámbitos: “Tiene que haber una condena social, tiene que haber una condena mediática y tiene que haber una condena judicial”.
González Prieto cuestionó además el funcionamiento judicial y sostuvo que la respuesta puede variar según los protagonistas, los abogados y la exposición pública. “La Justicia no es justa”, afirmó durante la entrevista, al considerar que la resolución de los casos puede verse condicionada por quién interviene y por el nivel de repercusión mediática.
Desde su experiencia periodística también advirtió que muchos casos desaparecen de los medios hasta que surge una detención o una condena. “La injusticia me da mucha bronca”, resumió. En sus clases para integrantes de la Policía insiste en que los investigadores deben atender a las víctimas y familiares, escucharlos y “dar la cara”, incluso en los momentos de mayor tensión.

El periodista también defendió la necesidad de generar conciencia a través de la cobertura mediática. Reconoció que existe una discusión sobre qué imágenes deben mostrarse por respeto a las víctimas, pero sostuvo que ocultar completamente la brutalidad de determinados hechos también puede impedir que la sociedad comprenda su verdadera dimensión.
El momento más personal llegó cuando relató una experiencia propia. Mientras trabajaba de madrugada en Radio Mitre, continuaba su jornada en televisión y además cursaba una carrera universitaria, acumuló un nivel extremo de cansancio. Una noche, después de estudiar y salir a comer, llevó a un profesor y a un compañero hasta sus casas antes de regresar.
En el camino se quedó dormido al volante durante varias cuadras y terminó chocando contra un auto estacionado. Llevaba puesto el cinturón y no hubo consecuencias irreparables, pero el episodio lo quebró. Esa noche llegó a su casa y lloró al pensar que su esposa estaba embarazada de su primera hija y que podía haber perdido la vida sin llegar a conocerla.
“Pensé en todo lo que me perdía”, recordó. Su esposa podía haber quedado viuda, él no habría conocido a su hija y una vida atravesada por el trabajo, los estudios y sus proyectos podía desaparecer “en un instante, en un minuto”.

La experiencia se convirtió en una advertencia sobre un riesgo muchas veces relegado frente al alcohol o la velocidad: manejar agotado, estresado o emocionalmente alterado. González Prieto incluso recordó otros episodios en los que el cansancio o situaciones personales afectaron su capacidad para conducir.
De cara al futuro, propuso enseñar seguridad vial, educación sexual, alimentación, educación financiera y derechos y obligaciones desde el jardín de infantes y durante toda la escolaridad. Para González Prieto, esas herramientas deberían convertirse en materias obligatorias porque atraviesan aspectos centrales de la vida cotidiana.
El periodista considera que las sanciones son necesarias, pero no alcanzan sin una modificación profunda de las conductas sociales. “Esta es una sociedad que a mí no me gusta. Es una sociedad individualista, violenta, que ha perdido los valores”, expresó al reclamar mayor empatía y respeto por el otro.
Desde el periodismo intenta aportar manteniendo en agenda temas que muchas veces quedan afuera de la lógica del rating. “No me importa. Yo quiero hablar de este tema”, explicó sobre su decisión de profundizar cuestiones aunque no dominen las redes sociales, la televisión o los diarios.
González Prieto cerró con una crítica a la falta de liderazgo y compromiso institucional. Aunque aseguró que no le interesan los partidos políticos, admitió que en ocasiones desearía contar con un cargo o con mayor poder de decisión para impulsar cambios. Su reclamo apunta a legisladores, fiscales, jueces, policías, periodistas y ciudadanos: asumir responsabilidades antes de que una imprudencia vuelva a transformarse en una tragedia.