Oscar Zago repasó su paso por La Libertad Avanza, su vínculo con Javier Milei y las razones que terminaron alejándolo del espacio que ayudó a construir. Fue uno de los fundadores del armado libertario y, tras la llegada de Milei a la Presidencia, quedó al frente del bloque oficialista en Diputados.
El dirigente aseguró que el comienzo de la gestión fue positivo y destacó el desafío que implicaba gobernar con una marcada minoría parlamentaria. Según contó, desde el primer momento buscó acuerdos con sectores aliados e incluso con dirigentes provenientes del peronismo, una postura que generó diferencias internas.

Zago reveló además que Milei inicialmente pretendía que él presidiera la Cámara de Diputados, pero que rechazó impulsar su propio nombre porque consideraba necesario alcanzar un consenso con otras fuerzas. Finalmente, Martín Menem quedó al frente del cuerpo y el propio Presidente le pidió a Zago conducir el bloque de La Libertad Avanza.
Con el paso de los meses, las diferencias fueron creciendo. Zago cuestionó las disputas internas y explicó que renunció a la presidencia del bloque cuando las peleas internas comenzaron a imponerse sobre las necesidades del país. Luego formó un bloque propio y comunicó personalmente su decisión a Milei.
Consultado sobre qué siente hoy al recordar que integró La Libertad Avanza, respondió sin rodeos: “Decepción, vergüenza”. Aclaró que al principio había sentido orgullo, pero lamentó que muchas figuras que estuvieron desde el comienzo terminaran desplazadas o alejándose.

También apuntó contra uno de los principales argumentos con los que el mileísmo llegó al poder. “La casta está de fiesta”, lanzó, al considerar que algunos sectores que habían sido cuestionados por el espacio terminaron ocupando lugares dentro del nuevo esquema político. Para Zago, allí comenzó a desdibujarse parte del discurso original.
Salarios, jubilaciones y medicamentos
Su pasado sindical también apareció durante la conversación. Zago aseguró que, si actualmente continuara desempeñándose como dirigente gremial, estaría encabezando protestas. Si bien reconoció que existen aspectos de la legislación laboral que necesitan modernizarse, sostuvo que cualquier reforma debe discutirse mediante el diálogo entre el Gobierno, los trabajadores y las organizaciones sindicales.
El diputado advirtió además sobre la pérdida del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados. Incluso relató una experiencia personal al comprar por primera vez un medicamento para la presión y sorprenderse por su precio. Esa situación, explicó, lo llevó a dimensionar de otra manera las dificultades de quienes necesitan adquirir varios remedios todos los meses.

Zago defendió una posición alejada de la lógica de acompañar o rechazar automáticamente todas las iniciativas oficiales. Afirmó que intenta analizar cada proyecto por separado y recordó que votó contra el Gobierno en determinadas discusiones, mientras que en otras decidió acompañarlo. “No soy alguien necio que o hago blanco o hago negro”, resumió.
Al mirar hacia atrás, reconoció que, si hoy pudiera regresar al momento en el que comenzó a construirse La Libertad Avanza, tomaría otra decisión. “Si yo tengo el diario de hoy, le digo que no”, afirmó cuando le preguntaron si volvería a aceptar ser parte del proyecto político.
Pese a sus fuertes diferencias, Zago sostuvo que Milei conserva posibilidades electorales y describió un escenario que considera muy ajustado. Sin embargo, evitó reducir el debate a una disputa entre oficialismo y peronismo y reclamó que las fuerzas intermedias también participen de la construcción de alternativas políticas.
Para el diputado, el principal problema de la gestión es la ausencia de diálogo. “La Argentina necesita más acuerdos que desacuerdos”, planteó, y cuestionó la imposición por encima de la construcción de mayorías. Recordó que durante la primera etapa del Gobierno, con poco más de 30 diputados propios, el oficialismo necesitó negociar para aprobar leyes.
Zago cerró con una advertencia sobre el futuro del país y la situación de los trabajadores. Consideró que un nuevo período sin consensos profundizaría un proceso que, según su mirada, se fue “desvirtuando”. Para el exjefe del bloque libertario, gobernar desde la imposición puede terminar transformándose en una debilidad: “No hay consenso. Y la imposición también después es debilidad si te viene en contra”.