El 5 de octubre de 2017, hace exactamente nueve años, Cristina Kirchner protagonizó uno de los episodios más particulares de su campaña para las elecciones legislativas.
La entonces candidata a senadora por Unidad Ciudadana fue entrevistada por Beto Casella en Radio Pop, pero su llegada a los estudios estuvo precedida por un operativo de Gendarmería en el mismo edificio. Se trataba de un allanamiento vinculado con una causa que involucraba al empresario Cristóbal López y al Grupo Indalo, propietario de medios que funcionaban allí.
La exmandataria convirtió aquella situación en el punto de partida de un extenso cuestionamiento al gobierno de Mauricio Macri, a Patricia Bullrich, a la Justicia y al tratamiento de los medios de comunicación.
La entrevista formaba parte del recorrido mediático de Cristina Kirchner durante la campaña electoral de 2017. La entonces candidata había decidido no participar del debate televisivo de candidatos organizado por "A dos Voces" y había optado por una serie de entrevistas individuales.
Ese 5 de octubre, sin embargo, el escenario que encontró al llegar a la radio fue diferente al previsto.
"Me avisaron antes de salir de casa que la Gendarmería había allanado la radio, me preguntaron: '¿Vas a ir?'. Claro", contó Cristina durante los primeros minutos del mano a mano.
La expresidenta inmediatamente planteó una comparación política: "¿Vos te imaginás si nuestro gobierno hubiese allanado Radio Mitre?", le preguntó a Casella. "Lo tomamos en broma pero no es para broma", sostuvo Cristina al referirse a la situación.

La presencia de los efectivos se transformó rápidamente en uno de los ejes de la conversación.
Cristina cuestionó la utilización de Gendarmería para realizar el procedimiento y lanzó una de las frases que quedaron asociadas a aquella entrevista: "Gendarmería era una fuerza con prestigio, y la están convirtiendo en fuerza de choque del Gobierno".
También utilizó la situación para cuestionar una acusación que durante años había circulado en torno a los medios del Grupo Indalo: "De este multimedio que se decía que era mío. Ahora está claro que no era mío. Los que lo dijeron ahora deberían decir 'nos equivocamos'".
El otro elemento que convirtió aquella jornada en un episodio particularmente singular fue que la entrevista ocurrió apenas dos meses después de la desaparición de Santiago Maldonado.
Maldonado había sido visto por última vez el 1° de agosto de 2017 durante un operativo de Gendarmería en la comunidad mapuche de Cushamen, en Chubut. Su desaparición se había transformado en uno de los principales conflictos políticos del gobierno de Macri.
Cristina aprovechó la presencia de la fuerza de seguridad en el edificio para volver sobre el caso: "Es inocultable que un argentino que desapareció después de un operativo ordenado por un juez del que participó Gendarmería".
Y agregó: "Seguir negando la participación de los uniformados en la causa es querer tapar el sol con las manos".
En aquel momento, el caso todavía generaba una fuerte disputa política y judicial, con el Gobierno nacional rechazando las acusaciones que intentaban vincular directamente a la fuerza con la desaparición.
Otro de los grandes capítulos de aquella entrevista fue el vínculo entre política y medios de comunicación.
Cristina afirmó directamente: "No creo que el periodismo tenga libertad para trabajar en la República Argentina".
La exmandataria habló de un "bombardeo mediático" y sostuvo que existía una "fuerza operativa del Gobierno" que, según su interpretación, estaba "tercerizada en los medios de comunicación".
También aseguró que existía un "blindaje mediático" destinado a proteger al gobierno de Macri. "Le molestan las voces que muestran cosas", afirmó al referirse al oficialismo.
"Cuando un periodista ve lo que le pasa al otro que critica al Gobierno, no publica información porque tiene miedo de perder el trabajo", aseguró.

La conversación con Casella también estuvo atravesada por las numerosas causas judiciales que involucraban a exfuncionarios de su gobierno y a integrantes de su familia.
Cristina volvió a sostener que había una sincronización entre la agenda judicial y la electoral. "Hay un cronograma electoral que coincide con el judicial", afirmó. Y agregó: "No puede ser visto como una coincidencia: hay una judicialización de la política".
"Fui la presidenta en ejercicio más investigada", sostuvo, y remarcó: "Todas las causas que se están armando son en base a mis declaraciones juradas, que ya fueron juzgadas".
Uno de los momentos más sensibles de la entrevista apareció cuando Casella le preguntó por las investigaciones que alcanzaban a su familia.
Cristina apuntó contra la situación de su hija Florencia Kirchner y la comparó con las denuncias vinculadas al entonces presidente Mauricio Macri y los Panama Papers. "Mi hija tenía 12 años cuando su padre asume como presidente", argumentó. Luego planteó: "¿Supuestamente es miembro de una asociación ilícita? ¿Y este, Macri, aparece en Panamá, no pasa nada?".
La exmandataria utilizó esa comparación para sostener su argumento de que existía un doble estándar judicial: "Hay un montaje de todo esto que es brutal y no nos permite debatir los problemas que tenemos".
Otro de los ejes de la conversación fueron los aumentos de tarifas aplicados durante la gestión de Macri.
Cristina cuestionó las subas de electricidad, gas y agua y afirmó que eran "inexplicables". "Los aumentos fueron solo para dar rentabilidad a las empresas como Edenor y Edesur, que son amigas del Presidente", sostuvo.
Al mismo tiempo, defendió la política de subsidios aplicada durante sus gobiernos. "Nadie regalaba nada", aseguró. Según explicó, los subsidios representaban "una inyección a la demanda agregada" que favorecía la producción y el consumo.