El 6 de octubre de 2015, hace exactamente 11 años, Daniel Scioli explicaba por qué había decidido no participar del primer debate presidencial e ironizaba sobre sus adversarios. Se presentaba como un dirigente “previsible, confiable y coherente” frente a candidatos a los que acusaba de tener “contradicciones”.
Dos semanas después, las urnas le dieron un resultado mucho más ajustado del esperado: no pudo ganar en primera vuelta, debió enfrentar a Mauricio Macri en un balotaje y terminó perdiendo.
Para la segunda vuelta sí debatió. Once años después, aquella reivindicación de la previsibilidad contrasta con el sinuoso recorrido político que lo llevó desde la vicepresidencia de Néstor Kirchner y la candidatura presidencial del Frente para la Victoria hasta integrar el gobierno de Javier Milei y felicitar recientemente a Flávio Bolsonaro, después de haber construido durante años una relación política y personal de cercanía con Lula da Silva.
La escena de octubre de 2015 pertenece a otra Argentina. Scioli era gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato presidencial del Frente para la Victoria, con el respaldo de Cristina Kirchner, de buena parte de los gobernadores peronistas y de la estructura sindical del PJ.
El oficialismo confiaba en que aquella elección podía resolverse en primera vuelta. Scioli, que había ganado las PASO con comodidad y aparecía primero en las encuestas, decidió no participar del debate presidencial organizado por Argentina Debate.
El argumento que dio entonces fue político: no quería compartir escenario con candidatos que, según sostenía, cambiaban sus posiciones y utilizaban la confrontación como estrategia electoral.
Once años después, aquella decisión permite revisar una campaña en la que Scioli hizo de la palabra “coherencia” una de sus principales banderas.
La frase que utilizó Scioli aquel 6 de octubre fue particularmente gráfica. "Les agarró la debatemanía en las últimas horas", dijo al referirse a sus rivales, que habían insistido con la necesidad de realizar nuevos debates antes de las elecciones generales.
El candidato del Frente para la Victoria no parecía dispuesto a modificar su decisión: "¿Con qué Macri iba a debatir yo? ¿Con el que dijo que estaba en contra de YPF y ahora dice que está a favor?".
Para Scioli, el problema no era solamente el debate sino las posiciones de sus adversarios. "Están llenos de contradicciones", sostuvo.
Y en una de las frases que mejor resume aquella postura agregó: "Si hay un dirigente previsible, confiable, coherente, es mi caso, los demás no pueden decir lo mismo".
La decisión de no participar del primer debate presidencial había generado críticas de prácticamente todos sus adversarios.
Mauricio Macri, Sergio Massa, Margarita Stolbizer, Nicolás del Caño y Adolfo Rodríguez Saá habían participado del encuentro realizado el 4 de octubre de 2015, mientras Scioli había decidido ausentarse.
El candidato oficialista sostenía que el debate no modificaría las condiciones de vida de la población y cuestionaba lo que consideraba una excesiva centralidad de la discusión mediática.
"La gente es muy importante que tenga claro todo esto y en especial porque yo creo que la fuerte discusión o las agresiones entre los dirigentes no le mejoran la calidad de vida a la gente", argumentó.
También rechazaba las críticas por no haber concurrido. "Primero desean instalar y legitimar las elecciones con el voto electrónico", afirmó, y luego cuestionó que sus rivales hubieran comenzado a hablar de un eventual fraude. "La gente espera una actitud de colaboración, de construcción, no de destrucción", sostuvo.
Scioli, en definitiva, apostaba a que su condición de candidato favorito y la estructura política que lo acompañaba fueran suficientes para llegar a la Casa Rosada sin necesidad de exponerse a un debate directo con sus competidores.
El problema de aquella estrategia apareció apenas 19 días después. El 25 de octubre de 2015, Scioli ganó la primera vuelta, pero no alcanzó el porcentaje necesario para convertirse en presidente.
Obtuvo el 37,08% de los votos, mientras Mauricio Macri consiguió el 34,15%. Sergio Massa quedó tercero con 21,39%. La elección obligó a un escenario que el oficialismo había intentado evitar: el balotaje.
La idea de que Scioli podía imponerse directamente en primera vuelta quedó descartada por las urnas y el candidato del Frente para la Victoria tuvo que enfrentar una nueva campaña de cuatro semanas. Y allí ocurrió algo significativo respecto de su posición anterior: Scioli sí debatió con Macri antes del balotaje. El ingeniero, de todas formas, se impuso por tres puntos y se convirtió en el sucesor de Cristina Kirchner.
El episodio más reciente volvió a colocar su trayectoria bajo la lupa. Scioli felicitó públicamente a Flávio Bolsonaro por el resultado obtenido en la primera vuelta de las elecciones brasileñas y lo llamó su "querido amigo".
"Felicito a mi querido amigo @FlavioBolsonaro por esta victoria en primera vuelta, y a todo el pueblo brasileño por esta gran jornada democrática", escribió en X.
El mensaje generó críticas dentro del peronismo. Una de las respuestas más contundentes fue la de Mayra Mendoza, dirigente de La Cámpora, quien escribió simplemente: "No más Sciolis".
“Daniel, es necesario ser tan arrastrado ??? Jubílate, ya estás dando lastima”, sumó en el mismo sentido la diputada nacional Florencia Carignano. Todo cambia.
Daniel, es necesario ser tan arrastrado ??? Jubílate, ya estás dando lastima.
— Florencia Carignano (@florcarignanook) October 5, 2026