06/10/2026 - Edición Nº1337

Sociedad


Lenguaje corporal

Daniel Zazzini: “Si en política entrenás todo el tiempo, sos un robot y no te cree nadie”

06/10/2026 | El especialista en comunicación no verbal visitó El Living de NewsDigitales y explicó qué revela el cuerpo, por qué no detecta mentiras y cómo funciona la primera impresión.



Hay algo que hacemos todo el tiempo y de lo que muchas veces no somos conscientes: hablar con el cuerpo. Una mirada, una sonrisa, la posición de las manos, la manera de sentarnos o incluso quedarnos en silencio forman parte de un mensaje que transmitimos aún cuando no pronunciamos una palabra.

Daniel Zazzini, especialista en comunicación y lenguaje corporal, pasó por El Living de NewsDigitales y dejó una advertencia que atraviesa buena parte de su trabajo: “Si entrenás todo el tiempo, sos un robot y no te cree nadie”.

Para el especialista en comunicación, el secreto no está en aprender una lista de gestos y asignarle a cada uno un significado. Todo lo contrario. El lenguaje corporal debe analizarse dentro de una situación determinada.  “No hay un diccionario de gestos. No es que cada gesto tiene un significado único”, explicó durante la entrevista.

Los primeros segundos

La conversación comenzó con uno de los aspectos más sorprendentes de la comunicación no verbal: la velocidad con la que construimos una primera impresión.  “Los primeros tres segundos, dos segundos, condicionan toda la interacción que viene después”, sostuvo Zazzini.

En ese brevísimo lapso, explicó, evaluamos inconscientemente si una persona nos genera confianza, simpatía, rechazo o desconfianza. No es una conclusión producto de una simple intuición: el especialista señaló que existen décadas de investigaciones sobre estos mecanismos.

Pero una vez que comienza la conversación, el análisis cambia. Ya no se trata de mirar un movimiento aislado, sino de observar qué sucede cuando la persona recibe un estímulo.  “Los tenés que ver en contexto, los tenés que ver en conjunto, no es un gesto aislado”, remarcó.  Por eso, una persona que se acomoda, se toca la nariz o cambia de postura no está necesariamente transmitiendo una única cosa. Hay que mirar qué ocurrió antes, qué se dijo y cómo respondió el cuerpo.

El mito de tocarse la nariz

Uno de los grandes mitos del lenguaje corporal apareció inevitablemente durante la charla.

¿Tocarse la nariz significa mentir? "No, es mentira", respondióde manera contundente Zazzini. Y la explicación está en la reacción fisiológica. La nariz, las orejas y el cuello son zonas muy irrigadas y determinados estados emocionales pueden provocar cambios que generan picazón o incomodidad.  “Se empieza a tocar la nariz, se toca las orejas, pero porque empieza a picar justamente por el flujo de sangre”, explicó.  La conclusión es clara: un gesto aislado no alcanza para determinar qué está pensando una persona.

Pero, ¿se puede descubrir una mentira?  La respuesta de Zazzini fue todavía más contundente. “Todos los estudios científicos de todas las universidades del mundo no encontraron un solo gesto que esté asociado directamente a la mentira”, afirmó.  “El problema es que muchas veces confundimos mentira con nerviosismo”, agregó. 

Alguien puede estar diciendo la verdad y ponerse extremadamente nervioso porque siente que el otro no le cree. Puede transpirar, respirar más rápido, cambiar su postura o incluso reírse. “Lo que detectamos son patrones de estrés”, explicó.

Por eso también cuestionó la utilización del lenguaje corporal como una prueba definitiva en interrogatorios o situaciones judiciales. Se pueden observar miedo, incomodidad, agresividad o deseo de abandonar una situación, pero eso no permite determinar automáticamente que alguien está mintiendo.

Cuando el cuerpo se vuelve demasiado perfecto

La política fue otro de los terrenos analizados en El Living.  Zazzini trabaja con candidatos y dirigentes y conoce de cerca el entrenamiento que existe detrás de una exposición pública. Pero advierte que hay un límite que no conviene cruzar.  “Si entrenás todo el tiempo, sos un robot y no te cree nadie”, sostuvo.

El problema aparece cuando una persona deja de escuchar lo que está diciendo porque está demasiado concentrada en controlar cómo mueve las manos, cuándo sonríe o qué postura debe adoptar.  El resultado puede ser una comunicación técnicamente correcta pero poco creíble.  Para Zazzini, la espontaneidad tiene un enorme valor. Incluso los errores.  “Los errores, encima, es lo mejor que te puede pasar, porque equivocarte te hace humano”, afirmó.

En esa lógica, el objetivo del entrenamiento no debería ser convertir a alguien en una persona artificialmente perfecta, sino lograr que las herramientas aprendidas terminen incorporándose de manera natural.

Las manos también hablan

¿Y qué hacemos con las manos?  Es una de las preguntas clásicas cuando se habla de exposición pública.  En este sentido, Zazzini propone no obsesionarse.  “Las manos acompañan el mensaje, enfatizan, acompañan, estructuran, puntualizan”, explicó.

Por eso, cuando alguien intenta controlar permanentemente cada movimiento, el efecto puede ser contraproducente. El cuerpo pierde espontaneidad y el espectador percibe algo que no encaja.  “Las manos saben qué hacen”, resumió. La clave, entonces, no es fabricar movimientos, sino permitir que el cuerpo acompañe naturalmente aquello que se está diciendo.

La venta empieza antes de vender

El lenguaje corporal también aparece en las ventas. Para Zazzini, “la venta es emocional, la venta no es racional”.  El vendedor debe descubrir qué quiere realmente la persona que tiene delante. Dos clientes pueden entrar a una concesionaria buscando exactamente el mismo auto y tener motivaciones completamente diferentes.

Uno puede necesitar una herramienta de trabajo. Otro puede estar buscando seguridad para sus hijos. Otro puede cumplir finalmente el sueño de tener el vehículo que siempre quiso.  Por eso, la clave está en preguntar, escuchar y observar.  “Lo único de la única manera que te vas a dar cuenta con eso es haciendo que la otra persona hable”, explicó.

El cuerpo también cuenta historias

Zazzini llegó al lenguaje corporal casi jugando. De chico observaba fotografías y trataba de imaginar cómo eran las personas que aparecían en ellas.  A los 16 o 17 años encontró un libro especializado en comunicación no verbal que lo llevó a profundizar en el tema. Después vendrían los estudios, las investigaciones y el entrenamiento profesional.

Su primer libro nació de ese recorrido. Le llevó dos años encontrar la forma adecuada de contar lo que había aprendido.  La decisión fue escribirlo como una conversación, incorporando historias personales, situaciones con políticos, clientes y personas que entrenó.

No quiso hacer un manual del tipo “este gesto significa esto”. Porque, justamente, esa es una de las ideas que más repitió durante la charla: el cuerpo no puede interpretarse fuera de contexto. 

Y para explicarlo, Zazzini contó una historia que parece salida de una película. Estaba en Brasil, en una fiesta, cuando después de una situación desafortunada apareció un hombre encapuchado con un bate de béisbol.

Zazzini comenzó a pedir perdón desesperadamente. Bajó el cuerpo, se mostró pequeño, evitó representar una amenaza y acompañó sus palabras con los mismos gestos que expresaban miedo y arrepentimiento.  El hombre finalmente lo dejó ir.

Años después, Zazzini entendió qué había sucedido.  “Los gestos van exactamente al tiempo que nosotros estamos nombrando la emoción o el sentimiento”, explicó.  Aquella reacción espontánea había transmitido algo que las palabras por sí solas quizás no hubieran conseguido: miedo, sumisión y sinceridad.

Hacia el final de la charla, Zazzini habló también de las emociones básicas y de aquellos movimientos que atraviesan distintas culturas.

Hay expresiones que, según explicó, aparecen de manera similar independientemente del lugar donde una persona haya nacido. Pero también existen gestos que cambian completamente de significado de un país a otro.  Por eso, el lenguaje corporal también tiene sus propios códigos culturales.

Un gesto puede ser cotidiano en un lugar y ofensivo en otro. Una forma de saludar puede transmitir autoridad en una cultura y cercanía en otra. 

El desafío, entonces, no es aprender a “leer” a los demás como si el cuerpo fuera un código secreto.  Es aprender a mirar, a observar, a escuchar también aquello que no se dice.  Y, sobre todo, a entender que el cuerpo comunica, pero que ningún gesto aislado alcanza para contar toda la historia.