La princesa Ana viajó a Noruega para recuperar uno de los capítulos menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial. La hermana de Carlos III inauguró en Oslo Coastwatchers, un monumento dedicado a los agentes británicos y noruegos que trabajaron clandestinamente durante la ocupación alemana del país entre 1940 y 1945.
La ceremonia se realizó en Normandieplassen, junto a la fortaleza de Akershus, y contó con la presencia del ministro de Relaciones Exteriores noruego, Espen Barth Eide. Ana es además patrona del proyecto que impulsó la construcción de la escultura, realizada por el artista Håkon Anton Fagerås.
Pero detrás del acto real aparece una historia de espionaje, sabotajes y operaciones encubiertas desarrolladas durante algunos de los años más difíciles de la guerra.
Después de la invasión alemana de Noruega en 1940, agentes vinculados al Special Operations Executive (SOE) y al Secret Intelligence Service (SIS) comenzaron a colaborar con integrantes de la resistencia local.
Una de sus misiones fundamentales consistía en observar desde lugares aislados el movimiento de barcos alemanes y transmitir esa información al Reino Unido.
Durante la guerra funcionaron más de cien estaciones del SIS en territorio noruego. Algunas estaban instaladas en zonas remotas de la costa, donde pequeños grupos de agentes podían permanecer durante meses prácticamente aislados.
Uno de ellos fue Ole Snefjellå, quien trabajó durante unos 18 meses en tres puestos diferentes entre 1942 y 1944. La información proporcionada desde esas posiciones fue considerada clave para seguir los desplazamientos navales alemanes, y Snefjellå fue reconocido por contribuir a operaciones que terminaron con el hundimiento de doce barcos mercantes.

Los agentes noruegos vinculados al SOE también participaron en sabotajes contra instalaciones industriales, infraestructura ferroviaria y objetivos relacionados con la actividad submarina alemana.
La nueva escultura tiene además una particularidad histórica. Según los responsables del proyecto, es el primer monumento público en cualquier país que reconoce específicamente las operaciones realizadas por el SIS durante la guerra, al mismo tiempo que homenajea a los integrantes del SOE.
Ana había anunciado la construcción durante una visita a Noruega en 2024 y prometió regresar cuando estuviera terminada. Dos años después cumplió aquella promesa. La ubicación tampoco es casual. Normandieplassen reúne otros memoriales vinculados con la guerra y está cerca de instalaciones centrales de la Defensa noruega.
Así, la visita de la princesa británica terminó poniendo nuevamente bajo la mirada pública una red de hombres y mujeres que durante años trabajó prácticamente en silencio. Ocho décadas después del final de la guerra, Coastwatchers busca convertir aquella actividad secreta en memoria visible.