07/10/2026 - Edición Nº1338

Sociedad


Historia de vida

Delia Flores: “Siento que mi misión es ayudar a otras mujeres en el mundo de los negocios”

07/10/2026 | La empresaria y presidenta de GEMA contó su historia, de pagar el sueldo a camioneros a ser una referente del comercio exterior y del liderazgo femenino.



Hay historias que comienzan casi sin que uno se dé cuenta. La de Delia Raquel Flores, por ejemplo, comenzó cuando tenía 17 años, en Paso de los Libres, Corrientes, frente a uno de los principales puntos de conexión comercial con Brasil. Su primer trabajo fue en una empresa de transporte internacional. Allí hacía una tarea concreta: pagarles a los camioneros.

Varios años después, aquella joven que comenzaba a conocer desde adentro el mundo del transporte terminaría construyendo su propia trayectoria como despachante de aduana, empresaria de logística y comercio exterior y presidenta de GEMA, el Grupo Empresarial de Mujeres Argentinas.  “Ahí empecé, pagando a los choferes y, quién diría que muchos años después iba a tener mi propia empresa”, recordó Flores durante su visita a El Living de NewsDigitales.

Su historia tiene algo de frontera, de viajes, de negocios y también de resistencia. Porque cuando decidió abrirse camino en el mundo del comercio exterior, ese universo era todavía mucho más masculino que en la actualidad.  “Había que demostrar mucha capacidad, que te tomen, que te tengan confianza, que seas creíble”, contó.

Y Delia aprendió. Primero en Paso de los Libres, después en distintos puntos de la frontera y finalmente en Buenos Aires, donde encontró un escenario mucho más amplio para desarrollar su profesión.  “Buenos Aires me abrió el mundo”, resumió.

Una misión que nació viajando

El viaje terminó siendo mucho más que una herramienta profesional. Para Delia también fue el disparador de una misión personal.  A comienzos de los años 2000 participó de un congreso mundial de mujeres en Escocia. Allí se encontró con empresarias de distintos lugares y reconoció en ellas inquietudes y experiencias que también eran propias.  “Vi reflejada mi propia historia y mis propias experiencias”, explicó.

Aquella experiencia le hizo entender que había algo que quería hacer además de su actividad empresarial: ayudar a otras mujeres a desarrollarse.  “Sentí que esa era mi misión: ayudar a otras mujeres a desarrollarse en este mundo de los negocios”, afirmó.

En 2009 esa idea tomó forma con la creación de GEMA. Un grupo de colegas se reunió, redactó un acta, armó una comisión directiva y comenzó a construir una organización que con el tiempo fue ampliando sus vínculos dentro y fuera de la Argentina.

El nombre también nació de una conversación entre mujeres. “Bueno, chicas, hay que armar una asociación”, recordó que planteó aquel día. Después llegó la búsqueda del nombre y apareció GEMA: Grupo Empresarial de Mujeres Argentinas. Desde entonces, la red no dejó de crecer.  “Nos inspiramos, nos motivamos unas con otras”

Para Flores, el verdadero valor de una organización empresaria no está solamente en las reuniones o los congresos. Está en los vínculos que se generan después.  GEMA tiene alianzas con cámaras de distintos países y mantiene contactos con empresarias de México, el Caribe, Sudáfrica, Túnez, Barcelona e Italia, entre otros destinos.

La lógica es sencilla: conocerse, vincularse y encontrar puntos de contacto.  “Nos inspiramos, nos motivamos unas con otras”, sintetizó.  Y contó ejemplos concretos de mujeres que, a través de la red, terminaron encontrando nuevas oportunidades comerciales o complementando sus actividades.

Porque muchas veces una empresaria no necesita solamente vender más. Necesita encontrar a la persona indicada, conocer un mercado, conseguir información o descubrir que aquello que produce puede tener un lugar en otro país.  Por eso GEMA también organiza misiones comerciales y brinda orientación a quienes buscan comenzar a exportar.

“No es solamente salir a exportar. Tenés que tener escala, tenés que tener un servicio competitivo con el precio”, explicó.  Y allí aparece otro concepto que Flores considera fundamental: no todo lo argentino que puede salir al mundo está dentro de una caja.  También existe la economía del conocimiento.  “Hay una intérprete, una traducción o una diseñadora gráfica. No es solamente producto”, señaló.  Y puso un ejemplo: “El diseño argentino está muy bien visto afuera”, completó. 

El congreso de las Imparables

La palabra que eligieron para definir el próximo congreso de GEMA no parece casual. “Imparables”.

Así se llama el encuentro que reúne a empresarias y empresarios alrededor de temas como inteligencia artificial, robótica, management, ventas, estrategia, redes humanas, pymes, empresas familiares y bienestar. El encuentro se llevará a cabo el próximo viernes en el Salón Dorado de la Legislatura porteña a partir de las 9. 

Pero para Flores ser imparable no significa correr permanentemente.  De hecho, cuando le preguntaron cuándo para, respondió con una definición que la pinta de cuerpo entero: “Soy una imparable que disfruta del camino”.

Su filosofía tiene que ver con encontrar un equilibrio. Trabajar, viajar, participar de congresos y reuniones, pero también disfrutar. “Hay que unir lo útil a lo agradable”, explicó. En este sentido, cada viaje de trabajo puede incluir una tarde de turismo, una salida o simplemente un momento para conocer el lugar.

La empresaria que nunca dudó

A lo largo de más de cuatro décadas, Flores atravesó crisis económicas, cambios políticos, transformaciones del comercio exterior y modificaciones en las reglas del transporte.  Y si hay algo que aprendió es que quedarse quieto no es una alternativa.  “Tenés que readaptar rápidamente y tener una agilidad para reaccionar y adaptar el rumbo”, sostuvo.

El comercio exterior, además, tiene una característica que la sigue atrayendo: nunca es igual.  “A mí me encanta el comercio exterior porque me gusta viajar, me gusta conocer culturas, tratar con personas de diferentes partes del mundo”, contó.

Pero hay algo más.“Te posibilita vincularte con el mundo desde otro lado, pero además no es monótono, siempre tenés algo diferente”.  Nunca, asegura, dudó de la elección que hizo.  “Nunca dudé de mi misión y de lo que hago. Jamás renegué de lo que elegí”, afirmó.

Su profesión también fue cambiando con ella. Empezó como despachante de aduana y fue llevando ese conocimiento hacia el comercio exterior y el transporte.

Irán, una experiencia que la marcó

Entre tantos viajes, hay uno que recuerda de manera especial: Irán.

Fue en 2014 o 2015, durante una etapa en la que participaba de congresos empresarios internacionales. Lo que esperaba encontrar era fundamentalmente historia y cultura. Encontró eso, pero también una realidad sobre las mujeres que la impactó profundamente.  “Me dejó tristeza. ¿Cómo pueden vivir tan oprimidos?”, recordó.

Entre las imágenes que todavía conserva aparece una madre que llevó a su hija hasta el hotel para que pudiera conocerla y hablar con alguien que llegaba desde otro lugar del mundo.  También recuerda haber escuchado a mujeres cantar escondidas, en un subsuelo, porque podían ser sancionadas si la policía las encontraba.

Son recuerdos que no quedaron ligados directamente a su actividad empresarial, pero sí a su experiencia personal. “Para mi conocimiento personal, para mi cultura. A mí no me la contaron”, explicó.

La fuerza de las mujeres

Otro de los países que la marcó fue Sudáfrica. Allí conoció mujeres empresarias a las que definió como “admirables” e “inspiradoras”.  Flores quedó especialmente impresionada por la fuerza con la que muchas de ellas llevan adelante sus proyectos.

Y esa experiencia volvió a conectarla con una de las ideas que atraviesan su vida: las mujeres necesitan redes, vínculos y oportunidades.  En la Argentina, sostiene, las organizaciones empresarias continúan trabajando aun sin el acompañamiento institucional que existió en otros momentos.  “Las asociaciones como GEMA, las instituciones privadas y las líderes comprometidas siguen trabajando”, señaló.

“Viajar te abre la cabeza”

Quizás allí esté una de las frases que mejor resumen su recorrido. Flores no entiende el viaje solamente como una cuestión laboral o turística. Lo considera una herramienta para aprender, comparar, descubrir y pensar de otra manera.

Si pudiera volver atrás y encontrarse con aquella joven de 17 años que recién empezaba a trabajar, le daría un consejo sencillo: avanzar. “Dale a full, avanzar, que es un camino hermoso, que es una experiencia hermosa”, le diría.

Y agregaría algo que parece haber aprendido durante décadas de negocios, fronteras, congresos y encuentros con mujeres de todo el mundo:  “Viajar te abre la cabeza. No solamente te abre las puertas al mundo, sino que te abre la cabeza y sacás ideas”.

Delia Flores sigue avanzando. Con la logística, el comercio exterior y GEMA como parte de su recorrido. Y con una certeza que parece acompañarla desde aquella primera experiencia laboral hasta hoy: los caminos pueden cambiar, pero siempre hay que seguir buscando el próximo