El tercer aniversario del ataque del 7 de octubre devuelve a Be’eri al centro de una falla militar ya documentada. La investigación operativa publicada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) el 11 de julio de 2024 concluyó que el Ejército falló en proteger la comunidad y que, durante las primeras siete horas, residentes y el equipo civil de respuesta rápida sostuvieron la defensa principal.
El volumen del asalto explica la importancia de esas horas iniciales. El informe estimó que unos 340 atacantes penetraron en el kibutz, incluidos cerca de 100 integrantes de la unidad de élite Nukhba de Hamás, y registró 101 civiles muertos, 30 habitantes secuestrados y dos personas adicionales capturadas allí. También contabilizó 31 bajas entre fuerzas de seguridad y graves daños en viviendas.
Los primeros atacantes ingresaron entre las 6:45 y las 9:00 del 7 de octubre de 2023. Hasta las 13:30, vecinos y equipos civiles sostuvieron el combate e intentaron impedir la expansión hacia otros sectores. Las primeras unidades militares sufrieron bajas, evacuaron heridos y algunas salieron del kibutz, antes de que una presencia mayor pudiera organizar mando, refuerzos y evacuaciones.
La demora estuvo acompañada por fallas de mando y una evaluación incompleta de la situación. La investigación reconoció problemas de advertencia y coordinación, además de fuerzas agrupadas fuera del kibutz sin entrar de inmediato. A las 16:15 la División 99 estableció un mando en Be’eri y hacia las 18:00 operaban alrededor de 700 soldados y agentes en la zona.

El informe tiene un límite institucional: fue una investigación operativa interna del Ejército, no una comisión para determinar responsabilidades políticas. Su objetivo fue reconstruir decisiones, despliegues y conducta de las fuerzas. En 2026, la Knesset, el Parlamento israelí, dio primera lectura a un proyecto distinto para crear una comisión estatal-nacional sobre el 7 de octubre, por lo que la rendición de cuentas política sigue un carril separado.

Tres años después, Be’eri conserva un valor específico porque su cronología muestra cuánto dependió la supervivencia inicial de una defensa improvisada. El informe no resuelve quién debía anticipar, ordenar o responder antes, pero sí fija una conclusión operativa: durante horas críticas los habitantes sostuvieron la línea mientras el Estado reorganizaba su respuesta. Esa diferencia sigue siendo central para evaluar lo ocurrido.