Una misión que comenzó con la protección de recursos minerales terminó convertida en una operación militar de alto riesgo. Las fuerzas privadas vinculadas a Erik Prince, fundador de la controvertida Blackwater, sufrieron una emboscada en República Democrática del Congo que dejó alrededor de 20 muertos y heridos. Entre los sobrevivientes aparece Tim Kennedy, un antiguo integrante de las fuerzas especiales estadounidenses que también compitió en la UFC.
El ataque ocurrió el 17 de septiembre en la provincia de Kivu del Sur, pero sus consecuencias trascendieron este viernes 9 de octubre. La operación revela cómo una empresa contratada para tareas de seguridad económica terminó involucrada directamente en uno de los conflictos más prolongados de África.

Kennedy, conocido por su trayectoria en las artes marciales mixtas y su experiencia como boina verde del Ejército estadounidense, recibió tres disparos en una pierna. Sobrevivió y fue trasladado al Centro Médico Militar Walter Reed, cerca de Washington.
Entre los fallecidos se encuentran al menos siete congoleños y un exintegrante de las fuerzas especiales de Nueva Zelanda. Otro contratista extranjero resultó herido y tampoco se descarta que hubiera civiles entre las víctimas.
Una de las hipótesis sostiene que los atacantes localizaron al equipo siguiendo un dron utilizado para vigilancia. Fuentes vinculadas a la operación señalaron a fuerzas ruandesas relacionadas con los rebeldes del M23, aunque la responsabilidad del ataque todavía no fue confirmada oficialmente.
Erik Prince alcanzó notoriedad internacional como fundador de Blackwater, la compañía militar privada que operó durante la guerra de Irak y quedó asociada a graves episodios de violencia contra civiles.
Ahora, mediante Vectus Global, amplió sus actividades en territorio congoleño. Su contrato inicial estaba relacionado con mejorar la seguridad y la recaudación estatal procedente de las enormes reservas minerales del país.
Sin embargo, sus funciones comenzaron a cambiar. A principios de 2026, sus equipos participaron en operaciones de apoyo al Ejército congoleño alrededor de Uvira, una ciudad estratégica próxima a la frontera con Burundi.
Lo que había comenzado como un servicio para proteger ingresos económicos terminó exponiendo a contratistas extranjeros a enfrentamientos armados. Hasta ahora, se desconoce cuántos efectivos mantiene la organización en el país.

El este del Congo concentra importantes reservas de oro, tantalio y litio, recursos fundamentales para distintas industrias tecnológicas. Su explotación se desarrolla en una región donde grupos armados, intereses económicos y disputas entre países vecinos alimentan décadas de inestabilidad.
El movimiento rebelde M23 controla extensas zonas del territorio oriental. Naciones Unidas y varios gobiernos occidentales sostienen que recibe respaldo militar de Ruanda, acusación rechazada por Kigali.

Prince mantiene vínculos políticos con Donald Trump, cuya administración promovió acuerdos para reducir las hostilidades. Sin embargo, el Departamento de Estado estadounidense aseguró que no tiene contratos con el empresario para sus operaciones congoleñas.
La emboscada expone una contradicción de la guerra moderna: empresas privadas contratadas para proteger intereses económicos pueden terminar participando en combates que los acuerdos diplomáticos no consiguen detener. En el Congo, esa realidad suma nuevos actores a un conflicto que continúa sin encontrar una salida definitiva.