por Redacción NewsDigitales
Romina Yan construyó una carrera que marcó a varias generaciones, pero también encontró en su vida familiar uno de sus mayores motivos de felicidad. Antes de su muerte, el 28 de septiembre de 2010, la actriz había hablado públicamente de su relación con Darío Giordano y de cómo la maternidad transformó sus prioridades.
Según una entrevista que concedió a Susana Giménez, Romina recordó que su historia de amor con Giordano no había comenzado de inmediato. Se habían conocido en una fiesta de Telefe y, según contó, él insistió durante varios años antes de que ella se enamorara. Finalmente, se casaron en 1998 y formaron una familia.
“Estoy feliz, ya me cambió la vida cuando lo conocí a Darío. Es un ser increíble, estoy profundamente enamorada de él, siento que tengo la mejor familia del mundo y cuando llegó Franco se completó todo”, expresó en aquella conversación, en la que presentó a su hijo mayor.

Franco nació en el año 2000. Después llegaron Valentín y Azul, y la actriz contó que tenía ganas de seguir agrandando la familia. “Quiero tener cuatro hijos, pero bueno, no sé si me va a dar el tiempo”, había dicho durante el programa de Susana.
De acuerdo con una entrevista publicada por la revista Gente en mayo de 2006, cuando nació Azul, Romina volvió a dejar en claro el lugar que ocupaban sus hijos y su marido en su vida. En ese momento, explicó que quería dedicar su tiempo a cuidar a la beba y acompañar a los chicos, mientras postergaba algunos proyectos profesionales. “Nada me importa más que la familia”, expresó.
Por su parte, Infobae recuperó en septiembre de 2020 distintas entrevistas en las que la actriz hablaba de sus hijos con orgullo y contaba cómo organizaba sus horarios de trabajo para compartir momentos con ellos, desde los desayunos hasta los actos escolares. En esos testimonios, la maternidad aparecía como uno de los ejes centrales de su vida cotidiana.

Romina murió a los 36 años y dejó a sus tres hijos pequeños. Años después, aquellas entrevistas permiten reconstruir cómo describía la familia que había formado y el lugar que ocupaban Darío y sus hijos en su vida. Se trata de testimonios de una etapa anterior, en la que la actriz expresaba públicamente el amor que sentía por ellos y la importancia que le daba a la vida familiar.