14/10/2026 - Edición Nº1345

Cultura


Historia de superación

El Ruso de La Chispa contó cómo salió de la pobreza y encontró su camino en la música

12/10/2026 | El cantante repasó su dura infancia, su lucha contra el cáncer y el camino que lo llevó a la música.



Alejandro Benítez, conocido artísticamente como El Ruso de La Chispa, fue entrevistado en Lado Vida, donde abrió las puertas de su historia personal y repasó los momentos que marcaron su camino. Detrás del cantante de cumbia fiestera aparece un hombre que atravesó la pobreza, la incertidumbre laboral y una enfermedad que lo obligó a replantearse el valor de las cosas más simples.

“Arriba del escenario soy La Chispa, pero abajo soy uno más”, expresó al comenzar la conversación. Con esa definición dejó en claro que, más allá de su crecimiento artístico, intenta conservar la misma relación con sus amigos, su familia y las personas que lo acompañaron desde sus comienzos.

Una infancia marcada por el esfuerzo

El músico recordó que creció junto a su madre y su hermana, en una familia de padres separados. Su mamá trabajaba muchas horas para sostener el hogar y, mientras ella estaba afuera, los hermanos debían organizarse para cumplir con las tareas domésticas.

Una de las imágenes más difíciles de su infancia quedó vinculada al Mercado Central. Durante una época de desempleo y necesidades económicas, su familia acudía al lugar para recuperar verduras que los comerciantes descartaban.

“Íbamos al Mercado Central y nosotros agarrábamos las verduras de los volquetes que tiraban”, contó. En aquel momento, siendo un niño, no comprendía completamente la gravedad de la situación. Recién con los años tomó dimensión de los sacrificios que había realizado su madre para que no les faltara lo indispensable.

También reconoció que durante su juventud atravesó experiencias que hoy prefiere mantener lejos de su familia. Aquellas decisiones, aseguró, le permitieron comprender qué vida no quería para él ni para sus hijos.

De trabajar doce horas a perseguir un sueño

Antes de dedicarse plenamente a la música, Benítez pasó por numerosos oficios. Trabajó como zapatero, lavó autos, realizó tareas de albañilería y pintura, y estuvo empleado en actividades industriales.

Durante una etapa cumplía jornadas de hasta doce horas, lo que le dejaba muy poco tiempo para ensayar o grabar canciones. Cuando perdió su empleo, decidió aprovechar la oportunidad para intentar desarrollar su carrera artística.

Viajó a Bolivia gracias a la ayuda de familiares que le pagaron el pasaje. Llegó prácticamente sin dinero y con la esperanza de conseguir presentaciones, pero descubrió que el ambiente musical exigía contactos, organización y experiencia.

El viaje terminó siendo un aprendizaje. Tiempo después, atravesó otra crisis económica que lo obligó a dejar una vivienda amplia y mudarse a un espacio mucho más pequeño. Recordó especialmente una comida compartida con su hijo, cuando apenas tenían platos de plástico.

“Acordate, hijo, que nosotros vamos a vivir bien y nos vamos a acordar de este día para toda nuestra vida”, le prometió entonces.

El diagnóstico que cambió su vida

Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llegó cuando habló del cáncer. Benítez reveló que atravesó operaciones y sesiones de quimioterapia que afectaron profundamente su cuerpo y su vida cotidiana.

Recordó que durante el tratamiento perdió el cabello y las cejas, bajó considerablemente de peso y hubo días en los que no podía levantarse de la cama. Sin embargo, intentaba conservar el humor y continuar vinculado con sus amigos y la música.

Incluso llegó a grabar un videoclip mientras estaba enfermo. Se pintó las cejas, se colocó una gorra y participó de la producción cuando su estado físico se lo permitió.

“Yo necesitaba sentirme vivo”, explicó. Para el cantante, salir de la cama, compartir momentos y mantenerse activo representaba una manera de enfrentar emocionalmente la enfermedad.

También relató una situación angustiante: por una confusión con unos estudios médicos que correspondían a otra persona, su familia llegó a creer que tenía varios tumores y un diagnóstico terminal. Horas después descubrieron el error, aunque aquella noche quedó grabada en su memoria.

La familia, la fe y las ganas de seguir

Benítez destacó el acompañamiento de su pareja, quien también participa activamente en la organización de su carrera. La describió como una compañera fundamental para tomar decisiones y sostener los proyectos musicales.

Sus amigos ocupan un lugar igualmente importante. Aseguró que son las personas con las que puede compartir sus preocupaciones, reírse y encontrar tranquilidad lejos de los escenarios.

La experiencia con el cáncer también profundizó su fe y modificó su manera de valorar lo cotidiano. Contó que algunas noches observa su casa en silencio y agradece por todo lo que consiguió después de tantos años de dificultades.

“Antes no podía ni tener una bici y hoy en día tengo mi auto y tengo mi casa”, expresó. Para él, esos logros representan mucho más que bienes materiales: son recuerdos permanentes del camino recorrido.

La música como una segunda oportunidad

Su carrera comenzó casi por casualidad, cuando un compañero de trabajo lo invitó a cantar en un grupo. Después llegaron La Cosecha, Seguí Mi Paso y distintos proyectos que lo llevaron a recorrer Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay e Inglaterra.

Entre sus influencias mencionó a El Polaco, Oscar Belondi y Sebastián Mendoza. También destacó su aprendizaje junto a Brian Mix, de La Mara Santos, antes de encontrar una identidad propia con La Chispa.

Al recordar cuál había sido el momento más feliz de su vida, no eligió un recital ni un viaje internacional. “Cuando me curé de cáncer”, respondió. Aseguró que lloró de alegría y que aquella noticia representó un cambio profundo para él y su familia.

Hoy continúa dedicado a la música, mantiene controles médicos periódicos y sueña con llevar su historia a una serie. Su objetivo es mostrar las distintas etapas de una vida que, según reconoció, tuvo momentos de dolor, equivocaciones, aprendizajes y alegrías.

La entrevista dejó una reflexión que atraviesa todo su recorrido: después de conocer la pobreza y enfrentar una enfermedad grave, Benítez aprendió a valorar especialmente la salud, la familia, los amigos y la posibilidad de seguir haciendo lo que ama.