Las tropas federales etíopes llegaron este martes 13 de octubre a Zalambessa, una localidad de unos 15.000 habitantes situada sobre la frontera con Eritrea y anteriormente controlada por rebeldes de Tigray. El avance forma parte de una contraofensiva que obligó a las fuerzas insurgentes a retirarse de varias ciudades del norte. El movimiento acerca a los ejércitos de dos países enfrentados a una línea limítrofe donde cualquier incidente podría desencadenar una guerra regional.
Testigos y observadores del conflicto informaron que soldados eritreos cruzaron días atrás hacia Zalambessa para apoyar a la alianza rebelde encabezada por el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray. Sin embargo, no estaba claro si esos efectivos permanecían allí cuando llegaron las unidades federales. Aunque distintas fuentes confirmaron el avance etíope, no hubo una confirmación oficial de que el Ejército hubiera tomado definitivamente el control de la ciudad.
Asmara niega haber ingresado en territorio vecino y sostiene que las acusaciones de Addis Abeba equivalen a una declaración de guerra.
Etiopía y Eritrea protagonizaron entre 1998 y 2000 una guerra fronteriza que dejó decenas de miles de muertos. Sus relaciones cambiaron en 2018, cuando el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, alcanzó un acuerdo de paz con el Gobierno eritreo. Dos años después, las fuerzas de Asmara intervinieron junto al Ejército federal durante el conflicto contra las autoridades regionales de Tigray.
Aquella guerra terminó formalmente con el acuerdo de Pretoria de 2022, después de causar cientos de miles de muertes por los combates y sus consecuencias humanitarias. Sin embargo, la aplicación del pacto quedó incompleta. Las disputas internas dividieron al movimiento tigrino, el desarme de los combatientes no se completó y la relación entre Abiy y el presidente eritreo, Isaias Afwerki, volvió a deteriorarse.
El nuevo enfrentamiento comenzó en septiembre, cuando una alianza rebelde lanzó una ofensiva en el norte. Addis Abeba afirma ahora que tropas eritreas avanzaron hasta 60 kilómetros dentro de Etiopía, una acusación rechazada por Asmara.

El Gobierno eritreo respondió con una carta al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la que solicitó medidas contra Etiopía, invocando el Capítulo VII de la Carta de la ONU, que contempla desde sanciones hasta acciones militares.
El Consejo de Seguridad tenía prevista para este martes una reunión a puertas cerradas sobre la situación en el Cuerno de África, mientras los esfuerzos diplomáticos buscaban evitar un enfrentamiento directo entre ambos países.
La tensión también está vinculada con una cuestión estratégica: el acceso al mar. Etiopía perdió su costa cuando Eritrea se independizó en 1993 y considera indispensable recuperar una salida marítima, aunque asegura que pretende hacerlo mediante negociaciones pacíficas.

La llegada a Zalambessa no confirma una invasión etíope de Eritrea, pero evidencia el deterioro de la seguridad fronteriza. Una guerra abierta entre Addis Abeba y Asmara podría reactivar las heridas del conflicto de Tigray, provocar nuevos desplazamientos de población y comprometer la estabilidad de uno de los corredores comerciales más sensibles de África.