El mercado de trabajo en Argentina atraviesa una profunda crisis desde la asunción de Javier Milei. Según los últimos datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, durante julio se destruyeron 9.085 empleos registrados.
La baja fue liderada por las empresas privadas (-12.716 puestos), seguidas por el trabajo en casas particulares (-1.092), compensado parcialmente por el incremento de empleo público (+4.723).
El deterioro más profundo se registra en el sector privado, con una tendencia más que preocupante: ya van 14 meses consecutivos de pérdida de empleos en el ámbito privado. Es decir, hace más de un año que no logran crearse trabajos registrados. Además, tiende a empeorar: en julio se registró la mayor baja mensual del año.
En cuanto a trabajo registrado, pero no asalariado, en julio creció el número de monotributos en 1.432, alcanzando las 2.214.863 de personas que tienen como principal ocupación el trabajo independiente a través del monotributo.
En ese contexto, las cuadras y cuadras de fila de personas postulándose a un puesto cada vez que se busca personal en alguna empresa comienza a ser una postal habitual del gobierno libertario.
Desde el cambio de gobierno, ya se perdieron 370.343 puestos de trabajo asalariado registrado.
En el desagregado, el más afectado fue el empleo privado, que acumuló una caída de 265.765 puestos, afectando a la gran mayoría de las provincias y sectores.
El sector privado explica el 72% de la caída total del empleo asalariado registrado, con una merma del 4,2%.
Por su parte, en el sector público, se perdieron 82.590 puestos, representando una baja de 2,4%.
Por último, en el ámbito de casas particulares, se redujo en 21.988 el número de puestos, con una destrucción del 4,7%.
La contracara de este proceso es el incremento del monotributo como ocupación principal: desde la asunción de Milei, aumentó en 177.101 personas.
Menos de 1 de cada 2 personas que perdieron su trabajo asalariado registrado se refugiaron en el monotributo, dando cuenta de la precarización del mundo del trabajo: pasaron de tener un trabajo con derecho a vacaciones, aguinaldo, licencias e indemnización, a un trabajo prácticamente sin derechos.
La otra mitad de los despedidos se repartieron entre trabajos informales, por cuenta propia o, directamente, a la desocupación.
Hacia adelante, la perspectiva no muestra mejora. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), elaborada por la propia Secretaría de Trabajo, estima que, en agosto, el trabajo asalariado se estancó. De confirmarse, al menos habría dejado de caer.
