El príncipe Harry volvió a hablar sobre las consecuencias que tuvo la muerte de su madre, Diana de Gales, y reveló episodios de su vida que hasta ahora no había contado públicamente. A casi tres décadas del accidente que conmocionó al mundo, el duque de Sussex reconoció que durante años reprimió sus emociones, sufrió ataques de pánico y llegó a sentir culpa por intentar ser feliz sin ella.
Las confesiones forman parte de Redefiniendo el duelo: construyendo resiliencia a través de la pérdida, una masterclass estrenada el 8 de octubre, en la que conversa con la neurocientífica Mary-Frances O’Connor, especialista en los efectos psicológicos y físicos del duelo.
Diana murió el 31 de agosto de 1997, a los 36 años, en un accidente automovilístico en París. Harry tenía apenas 12 años y su hermano William, 15. Desde entonces, ambos crecieron bajo la atención permanente de la prensa británica.

Durante la conversación, el hijo menor de Carlos III reconoció que pasó casi dos décadas intentando bloquear el dolor. La represión emocional fue tan profunda que llegó a olvidar cómo era la risa de su madre e incluso algunos rasgos de su apariencia.
El príncipe relató que un terapeuta le sugirió utilizar el perfume de Diana para recuperar recuerdos asociados a su infancia. Ese ejercicio le permitió reconectarse con emociones que había mantenido reprimidas durante años.
También admitió que sentía que debía permanecer triste para demostrar cuánto extrañaba a su madre. Con el tiempo comprendió que encontrar nuevamente la felicidad no significaba traicionar su memoria.

Harry también abordó los problemas de ansiedad que experimentó durante su juventud y su vida adulta. Según explicó, después de participar en misiones militares en Afganistán comenzó a experimentar episodios de pánico que afectaban sus actividades cotidianas.
En determinadas ocasiones, incluso ponerse una camisa formal le provocaba una intensa sensación de angustia. Otro momento particularmente difícil llegó cuando decidió abandonar sus funciones como miembro activo de la monarquía británica junto a Meghan Markle, en 2020.
Tras instalarse temporalmente en Canadá, experimentó un período de aproximadamente dos semanas de profunda depresión, que relacionó con la desaparición repentina del estrés y la adrenalina a los que estaba acostumbrado.

En la masterclass, Harry explicó que la terapia, su familia y los proyectos solidarios fueron importantes para transformar su manera de afrontar las pérdidas.
Actualmente procura no permanecer más de diez días alejado de Meghan y de sus hijos, Archie y Lilibet, una regla personal vinculada con el valor que adquirieron los lazos familiares en su vida.
El duque también aseguró que continúa sintiendo una conexión especial con Diana y que muchas de sus decisiones están influenciadas por el legado de su madre.
El 31 de agosto de 2027 se cumplirán 30 años de la muerte de la princesa, una fecha que volverá a situar su historia en el centro de la atención internacional. La nueva aparición de Harry se suma a las revelaciones de En la sombra, sus memorias publicadas en 2023, aunque esta vez el relato adopta un enfoque centrado en el duelo y sus consecuencias a largo plazo.