La posibilidad de instalar reactores nucleares en la Luna dejó de ser una simple hipótesis científica para convertirse en uno de los proyectos centrales de la nueva carrera espacial. Estados Unidos, China y Rusia trabajan en sistemas capaces de producir electricidad sobre la superficie lunar, una condición fundamental para establecer instalaciones que funcionen durante largos períodos sin depender exclusivamente de la luz solar.
La NASA renovó su cooperación con el Departamento de Energía estadounidense para desarrollar Lunar Reactor-1, un dispositivo de fisión nuclear que busca llegar al satélite en 2030. El avance forma parte de una estrategia más amplia para sostener futuras operaciones humanas y científicas.
Del otro lado, China y Rusia impulsan la Estación Internacional de Investigación Lunar, conocida como ILRS, cuyo desarrollo inicial está previsto para mediados de la próxima década. Ambos países firmaron un acuerdo para incorporar una instalación nuclear que permita abastecer el complejo.

Uno de los principales obstáculos para establecer bases permanentes es la duración de la noche lunar. En numerosas regiones, la oscuridad se prolonga aproximadamente 14 días terrestres, un período durante el cual los paneles solares convencionales dejan de producir electricidad.
Los reactores permitirían mantener operativos los sistemas de calefacción, las comunicaciones, los equipos científicos y los vehículos de exploración. También podrían proporcionar energía para procesar recursos locales y obtener materiales necesarios para futuras misiones.
La NASA estudió sistemas capaces de generar unos 40 kilovatios de electricidad de manera continua durante al menos diez años, aunque las características definitivas de los futuros equipos todavía dependen de su desarrollo tecnológico.

La estrategia estadounidense está vinculada con el programa Artemis, que busca establecer una presencia humana sostenida en la Luna. Antes de instalar un reactor sobre su superficie, la NASA proyecta probar tecnologías nucleares en el espacio mediante la misión Space Reactor-1 Freedom, prevista para 2028.
China, por su parte, pretende llevar astronautas a la Luna antes de 2030 y desarrollar posteriormente una infraestructura científica junto con Rusia. La futura estación tendría como escenario prioritario el polo sur lunar, una región de especial interés por la posible presencia de hielo de agua.
La competencia ya no consiste solamente en llegar a la Luna, sino en desarrollar la capacidad tecnológica para permanecer allí.

Transportar un reactor supone dificultades importantes. Los equipos deberán soportar el lanzamiento, el alunizaje, las temperaturas extremas y las exigencias de seguridad propias de una tecnología nuclear.
Además, será necesario garantizar su funcionamiento autónomo, controlar el calor producido y proteger las futuras instalaciones habitadas.
Por ahora, ninguna de estas potencias instaló un reactor de fisión operativo sobre la superficie lunar. Los plazos anunciados representan objetivos de desarrollo y no fechas garantizadas.
Sin embargo, estos proyectos marcan un cambio en la exploración espacial: después de décadas de misiones destinadas principalmente a investigar el satélite, las grandes potencias buscan construir la infraestructura necesaria para que la presencia humana pueda extenderse durante años.