14/10/2026 - Edición Nº1345

Opinión


Escenario complejo

La inflación volvió a subir en septiembre y el FMI empeoró sus pronósticos

14/10/2026 | Un crecimiento inferior al proyectado puede reducir la recaudación frente a lo presupuestado, condicionar el gasto y volver más exigentes las metas fiscales.



El martes dejó dos noticias económicas difíciles de separar. El INDEC informó que la inflación de septiembre fue del 1,9%, por encima del 1,7% de agosto, y el Fondo Monetario Internacional recortó de 3,5% a 2,1% su previsión de crecimiento argentino para 2026. Para un Gobierno que pretende llegar a las elecciones de 2027 con la estabilización económica como principal credencial, la combinación plantea un problema que excede ambos indicadores.

La desaceleración de los precios sigue siendo uno de los resultados más visibles de la gestión de Javier Milei. Septiembre, incluso con el repunte, cerró por debajo del 2% mensual. Pero los últimos datos muestran un descenso irregular de la inflación y una economía que pierde dinamismo. Cuanto más tiempo permanezcan los precios lejos de los niveles prometidos, mayor importancia adquirirán los ingresos, el empleo y la actividad.

Los números detrás del repunte

Los precios acumularon 23,6% en los primeros nueve meses de 2026 y 33,4% interanual. Esta última variación incluso bajó una décima respecto de agosto. La aceleración mensual no alcanza, entonces, para establecer un cambio de tendencia, aunque tampoco conviene ignorarla: la inflación sigue avanzando a una velocidad considerable después de casi tres años de ajuste fiscal y restricciones monetarias.

El índice tuvo una composición particular. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 3,1%; educación, 3%; comunicaciones, 2,5%; salud, 2,4%, y alimentos, 2%. Los precios regulados avanzaron 2,3% y los estacionales, 2,9%. En cambio, la inflación núcleo se ubicó en 1,7%.

Parte del rebote respondió a tarifas y movimientos estacionales antes que a una aceleración uniforme de todos los precios. Esa diferencia resulta relevante para interpretar el dato, aunque tiene una importancia menor en la vida cotidiana: los hogares pagan servicios, alimentos y educación con el mismo ingreso. Varios aumentos responden a decisiones económicas.

El Fondo corrigió el escenario

El FMI proyectó un crecimiento de 2,1% para 2026, 1,4 puntos menos que en julio. También redujo de 4% a 3,5% su pronóstico para 2027 y elevó la inflación promedio prevista al 32,5% este año y al 21,2% el próximo. Se trata de promedios anuales, distintos de la inflación acumulada entre diciembre y diciembre.

El organismo atribuyó la corrección a una actividad menor a la esperada hasta el tercer trimestre, una demanda interna más débil y condiciones financieras restrictivas. Al mismo tiempo, reconoció el papel del ordenamiento fiscal y anticipó una recuperación desde el último trimestre, impulsada por mejores condiciones financieras, inversión y exportaciones agropecuarias y energéticas.

El Fondo aún proyecta crecimiento. Sin embargo, debió revisar hacia abajo la velocidad de la recuperación y hacia arriba la persistencia de la inflación. Ambas correcciones afectan el calendario político del oficialismo.

El presupuesto y el año electoral

Hace menos de un mes, el Gobierno envió al Congreso el proyecto de Presupuesto 2027 con un crecimiento proyectado de 3% para 2026 y 4% para el año próximo. También estimó una inflación de 29% este año y de 18% para 2027, medida de diciembre a diciembre. Las referencias para los precios son diferentes, pero las previsiones de actividad sí pueden compararse: el Fondo ya espera menos expansión que la Casa Rosada.

La diferencia tiene consecuencias. Un crecimiento inferior al proyectado puede reducir la recaudación frente a lo presupuestado, condicionar el gasto y volver más exigentes las metas fiscales. Las estimaciones de inflación, a su vez, intervienen en las discusiones sobre salarios, jubilaciones, tarifas y partidas públicas que discutirá el Congreso.

El Gobierno confía en que durante 2027 se consolide un escenario de menor inflación y mayor actividad. Esa expectativa forma parte de su horizonte electoral, aunque la economía no se acomoda al cronograma de una campaña. Para los votantes, una recuperación estadística puede resultar insuficiente si no mejora de manera perceptible sus ingresos o su capacidad de consumo.

La discusión que se abre

Al comienzo de la gestión, Milei podía explicar buena parte de la situación económica por los desequilibrios heredados. La reducción del déficit y la caída de la inflación mensual fueron respuestas reconocibles a esos problemas. Con el paso del tiempo, la evaluación incorpora otra pregunta: qué resultados produce la economía después de las reformas y de los sacrificios exigidos para estabilizarla.

El oficialismo puede destacar la distancia entre la inflación actual y la crisis de diciembre de 2023. La oposición encuentra en la pérdida de dinamismo, el deterioro de ciertos sectores y la presión sobre los ingresos argumentos concretos para cuestionar el rumbo. Esa disputa ganará relevancia a medida que se acerque la elección presidencial y el Gobierno deba defender resultados, además de promesas.

El doble anuncio del martes resume la tensión. Un índice mensual todavía relativamente bajo para la experiencia argentina, pero que volvió a subir, y un organismo que sigue confiando en la recuperación, aunque ahora espera bastante menos crecimiento. Para Milei, el desafío de 2027 será demostrar que la estabilización puede sostenerse mientras se recuperan la actividad y el poder adquisitivo. Los datos conocidos esta semana indican que ese proceso avanza con más dificultades de las que el propio Gobierno había previsto.

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