15/10/2026 - Edición Nº1346

Farándula

Teatro

J+R+E: una comedia erótica que se transforma en un dramón romántico y conmueve

15/10/2026 | Joaquín Tomassi, Eliana Battiato y Ramiro Santos le dan vida a un espectáculo que interpela, bajo la dirección de Joaquín Ochoa.



¿Qué pasa cuando el deseo irrumpe sin pedir permiso y los vínculos desafían todo lo que creíamos saber sobre el amor? Esa es una de las preguntas que plantea J+R+E, la obra que se presenta los viernes a las 22.30 en El Método Kairós Teatro y que consigue llevar al espectador por un recorrido emocional tan inesperado como efectivo.

La historia tiene como protagonista a una mujer que está por cumplir 40 años y acaba de separarse de su pareja, un hombre de su misma edad. Frente a una nueva etapa de su vida, decide explorar el universo de las aplicaciones de citas y salir en busca de hombres más jóvenes. Les escribe a varios, pero solamente dos responden: Julián, de 24 años, y Ramiro, de 25. Lo que comienza como un encuentro atravesado por la curiosidad, la atracción y el juego termina convirtiéndose en un vínculo del que ninguno de los tres podrá desprenderse fácilmente.

Del humor y el erotismo a una historia que toca fibras sensibles

Uno de los mayores aciertos de J+R+E es la manera en la que construye su relato. La obra comienza como una comedia erótica, divertida y descontracturada, sostenida por la química entre los personajes, sus diálogos y las situaciones cotidianas que aparecen en escena. El lenguaje explícito, las insinuaciones y los momentos de humor generan complicidad con la platea y establecen rápidamente el tono de la propuesta.

Sin embargo, cuando el público cree haber encontrado el registro definitivo del espectáculo, la historia empieza a cambiar. La risa cede espacio a las emociones y aquello que parecía ser una aventura atravesada por el deseo se transforma en un drama romántico que va mucho más allá de lo sexual. 

Ese desplazamiento es, precisamente, uno de los grandes méritos de la obra. J+R+E no se conforma con provocar risas ni con apelar al erotismo como recurso para captar la atención. Utiliza ese punto de partida para profundizar en los sentimientos, las inseguridades, las contradicciones y las necesidades afectivas que atraviesan a sus personajes.

El texto de Joaquín Tomassi se permite pasar por diferentes temas y lo hace con una naturalidad que evita que la historia se sienta forzada. Hay situaciones reconocibles, preguntas incómodas y escenas que invitan a revisar prejuicios sobre el amor, la edad, el deseo y las distintas formas de construir una relación.

La obra, dirigida de manera impecable por Joaquín Ochoa, logra algo especialmente valioso: entretiene sin subestimar al espectador y conmueve sin caer en golpes bajos. En ese equilibrio encuentra su identidad y demuestra que detrás de una premisa provocadora puede existir una historia profundamente humana.

Tres actores que se entregan por completo

El otro gran pilar del espectáculo está en sus protagonistas. Eliana Battiato, Ramiro Santos y el propio Joaquín Tomassi brillan a lo largo de toda la función, con interpretaciones que acompañan cada giro de la historia y sostienen la intensidad del relato. Los tres se entregan de cuerpo y alma sobre el escenario. No le escapan a la exposición física ni a los diálogos explícitos, pero tampoco se quedan en la superficie de lo provocador. Cada uno construye a su personaje desde sus contradicciones y permite que el vínculo entre los protagonistas evolucione de manera convincente.

La química entre ellos resulta fundamental para que la propuesta funcione. La comedia necesita ritmo, complicidad y precisión para que las situaciones provoquen risa; el drama, en cambio, exige sensibilidad, verdad y una conexión capaz de sostener los momentos de mayor vulnerabilidad. El elenco responde a ambos desafíos y consigue que el cambio de tono no se sienta artificial.

Esa entrega es la que permite que el espectador pase de la diversión a la emoción sin perder el hilo de la historia. Los personajes dejan de ser piezas de una situación insólita para convertirse en personas con sentimientos, miedos y deseos reconocibles.

Un final que conmueve y deja a la sala en silencio

Si hay un momento que termina de confirmar la efectividad de J+R+E, es su desenlace. Después de las risas, las escenas eróticas y las situaciones que despiertan comentarios cómplices, la obra conduce a la platea hacia un territorio emocional completamente diferente. Durante el final, el silencio se apodera de la sala. Ya no hay espacio para las carcajadas ni para las reacciones espontáneas que acompañaron buena parte de la función. La atención es absoluta y el público queda frente a lo que acaba de ver, procesando las emociones que la historia puso en movimiento.

Ese silencio funciona como una de las mejores respuestas que puede recibir una propuesta teatral. No necesita grandes explicaciones: habla de una historia que consiguió atravesar la barrera del escenario y llegar a quienes están sentados del otro lado. El mérito está en que la emoción no aparece de la nada. La obra la construye progresivamente, a partir de los vínculos, los diálogos y las situaciones que antes habían generado humor. Lo que al comienzo parecía liviano adquiere otra dimensión y resignifica buena parte del recorrido.

J+R+E es una obra que encuentra en sus contrastes su mayor fortaleza. Es explícita, divertida, sensual y, al mismo tiempo, sensible y profundamente romántica. Se anima a incomodar, despierta el deseo, genera identificación y plantea preguntas que no necesariamente encuentran una respuesta sencilla. El texto conmueve, enamora, interpela y hasta erotiza. Y lo hace sin renunciar al entretenimiento, con tres intérpretes comprometidos y una historia que crece a medida que avanza la función. 

En tiempos en los que muchas propuestas buscan impactar desde el primer minuto, el espectáculo de Joaquín Tomassi demuestra que también se puede sorprender construyendo un relato que cambia de piel y termina dejando una marca emocional. El veredicto: J+R+E es una propuesta sumamente recomendable. Una obra para reírse, dejarse llevar por el deseo y, cuando menos se lo espera, encontrarse con una historia capaz de tocar fibras sensibles.