Yamir Antiman aprendió a grabar canciones debajo de una frazada. Convirtió su celda en un improvisado estudio y logró millones de reproducciones mientras todavía estaba preso. Pero su historia no terminó cuando salió de la cárcel. Volvió a Europa y terminó nuevamente detenido, esta vez en Suiza.
Apenas diez días después de regresar al país, el rapero pasó por el Living de NewsDigitales y repasó una vida atravesada por el delito, 17 años de cárcel y una carrera musical que arrancó entre muros y no para de crecer.
“Hoy la música me dio un camino, me dio poder ser otra persona. Hoy, si alguien me pregunta quién soy, puedo decir que soy un artista”, cuenta en la entrevista. Y agrega: “Me dio una segunda oportunidad en esta vida”.

Antiman había comenzado a componer durante la pandemia, cuando estaba alojado en la Unidad 21 de Campana. La suspensión de las visitas llevó a que los detenidos pudieran acceder a teléfonos celulares para mantener contacto con sus familias y uno de esos dispositivos terminó convirtiéndose en su primera herramienta de grabación.
Aquellos meses estuvieron también marcados por uno de los momentos más tensos que vivió en una cárcel argentina. Después de casi nueve meses sin visitas, los internos fueron informados de que finalmente volverían a recibir a sus familiares. Sin embargo, 24 horas antes, el encuentro fue nuevamente suspendido.
“Yo creo que ahí fue el detonador de todo eso que nosotros veníamos acarreando, tanta tristeza, tanta impotencia de no poder tocar un ser querido”, recuerda Antiman.
La reacción derivó en un motín que, según relató, se produjo simultáneamente en varias unidades penitenciarias bonaerenses.
Tras aquel episodio, fue enviado durante veinte días a los denominados “buzones”, celdas de aislamiento dentro del penal. Luego consiguió ser trasladado a San Martín y continuó grabando canciones y videoclips desde prisión. Uno de sus trabajos alcanzó millones de reproducciones y su nombre empezó a circular por fuera del universo penitenciario.
“Yo entré como lo peor de lo peor, condenado, como alguien que practicaba el delito. Y sin salir en libertad salía a la calle en carácter de un producto musical”, explicó.
La historia tuvo otro capítulo el 23 de marzo de 2024. Antiman fue detenido nuevamente en Suiza. “No sería lo que comúnmente nosotros conocemos como cárcel. Era un hotel, sinceramente era un hotel”, describió en la entrevista.
La comparación no fue una exageración retórica. Según contó, las instalaciones tenían ascensores, gimnasio, espacios deportivos y habitaciones con comodidades muy alejadas de las prisiones que había conocido en la Argentina.
“Era una habitación de hotel con heladera, con cofre, caja fuerte. Cenábamos con la comida que nos hacían, tipo salmón rosado, canguro, sushi. Era un hotel de verdad”, afirmó.
También destacó el trato del personal penitenciario: “Los guardias eran como maestros de colegio, con un respeto formidable, con mucha cordialidad. En ese aspecto ellos son muy correctos”.
Paradójicamente, pese a las comodidades, Antiman asegura que fue la prisión más difícil de su vida. “Para mí fue lo más duro que me tocó vivir como ser humano”, señaló.
El problema no estaba en las condiciones materiales sino en la distancia. No hablaba francés, estaba lejos de sus hijos y durante meses prácticamente no tuvo contacto personal con su familia.
“Yo no soy suizo, soy argentino. No hablo francés, hablo español. Estaba solo”, resumió.
Esa situación se agravó cuando sufrió una grave afección pulmonar y debió permanecer internado durante aproximadamente dos meses. Su pareja viajó entonces a Suiza en busca de respuestas luego de varios días sin noticias sobre su estado de salud.
“De un segundo a otro empecé a largar sangre por la boca. Se me reventó una arteria”, recordó. “No sabía si la iba a quedar ahí, si podía decirle mis últimas palabras a un familiar”.
Su segunda detención no interrumpió por completo su carrera musical. Tras ser trasladado a otra prisión, consiguió comprar clandestinamente un teléfono celular. Sabía que en cualquier requisa podía perderlo, por lo que aprovechó cada noche para grabar.
Ponía un colchón y frazadas para generar una mejor acústica y esperaba hasta la madrugada, cuando ya no circulaban guardias. “Grababa de noche, tipo dos o tres de la mañana”, contó.
Desde allí trabajó a distancia con sus productores y grabó alrededor de nueve canciones y distintas colaboraciones. Una de ellas terminó incluso mencionada por Billboard, algo que Antiman recuerda como uno de los mayores reconocimientos de aquella etapa. El teléfono finalmente fue descubierto en una requisa y las grabaciones se interrumpieron.
Antiman regresó a la Argentina después de dos años y medio y, casi sin tiempo para acomodarse, volvió a los escenarios. En sus primeros diez días en el país viajó a Córdoba para realizar varios shows y se encontró con algo que no esperaba: entradas agotadas y un público que conocía sus canciones pese a que él había permanecido detenido.
“Hace diez días estaba a 15 mil kilómetros de distancia, estaba detenido. Sabía que iba a volver con mi familia y que en algún momento iba a retomar el proyecto musical, pero no sabía que iba a llegar a una provincia y la gente iba a estar cantando todos mis temas de punta a punta”, relató. La experiencia todavía le cuesta procesarla.
Sobre el final de la entrevista llegó el momento más emotivo, cuando fue consultado sobre si se arrepentía de algo. “Me arrepiento de no haber encontrado el camino de la música antes de haber encontrado el camino de la delincuencia”, respondió.
Antiman recordó que de chico ya hacía música, aunque entonces eligió otro rumbo. “Me pude haber dedicado a la música en ese momento. Me pude haber ahorrado una vida de problemas”, reconoció.
Hoy, después de 17 años acumulados tras las rejas, una carrera que nació en una celda argentina y una nueva detención en Europa, asegura que pretende que esa etapa quede finalmente atrás.
“Hoy estoy íntegro en el camino y comprometido con mi camino”, sostuvo. “Gracias a Dios puedo estar acá dando una entrevista. Vivo. Y cuando miro para atrás me sorprendo de poder estar vivo”.