El 15 de octubre, Carlos III y Camila inauguraron en Cardiff el séptimo Senedd, Parlamento de Gales. Fue su primera apertura ceremonial como reyes ante una Cámara de 96 miembros. Carlos III habló después del presidente legislativo Huw Irranca-Davies y antes del primer ministro Rhun ap Iorwerth. La ceremonia no cambió los votos de mayo.
Tras las elecciones del 7 de mayo de 2026, el Parlamento galés pasó de 60 a 96 escaños. El aumento del 60% incorporó 36 representantes. Plaid Cymru ganó 43 bancas y Rhun ap Iorwerth asumió como primer ministro. La reforma busca reforzar las comisiones y el control de las políticas de salud, educación y presupuesto del Gobierno galés.
La reforma también transformó la forma de votar en Gales. En las 16 circunscripciones se eligen seis representantes mediante listas proporcionales cerradas o candidaturas independientes. La fórmula D'Hondt distribuye los escaños según los votos de cada opción. El elector vota una sola vez y no puede modificar el orden de candidatos previamente decidido por los partidos.
El sistema favorece una representación más proporcional, pero también aumenta el control partidario sobre las candidaturas. Las 36 bancas adicionales pueden fortalecer la fiscalización, sin garantizar su eficacia. A diferencia de la apertura de Westminster, Cardiff reúne a un Parlamento descentralizado: debate leyes y controla el gasto en asuntos transferidos, aunque otras competencias siguen en Londres.

Carlos III no elige a los legisladores ni vota las leyes del Parlamento de Gales. En la ceremonia pronunció un discurso, sin asumir funciones de gobierno. Como monarca sí concede la sanción real a normas aprobadas por el Senedd. Los diputados legislan sobre salud y transporte, mientras defensa y relaciones exteriores son competencias reservadas al Estado británico.

La eficacia de la reforma se medirá en las comisiones y sesiones parlamentarias. Los 96 miembros, elegidos por períodos de cuatro años, deben examinar leyes, presupuestos y decisiones del Gobierno. Más escaños no garantizan mejor representación ni control. Ese será el balance político del nuevo sistema, mientras la Corona conserva una función institucional separada de la tarea legislativa cotidiana.
La inauguración del nuevo Parlamento se produce después de una transformación política sin precedentes en la etapa de autonomía galesa. Las elecciones de mayo de 2026 pusieron fin al dominio del Partido Laborista, que había encabezado todos los gobiernos autonómicos desde la creación de la institución en 1999. Plaid Cymru consiguió 43 de los 96 escaños, mientras Reform UK obtuvo 34, convirtiéndose en la segunda fuerza parlamentaria. Los laboristas quedaron reducidos a nueve representantes, los conservadores obtuvieron siete, los verdes dos y los liberaldemócratas uno. La distribución refleja una profunda reorganización de las preferencias electorales y del equilibrio entre las fuerzas políticas de Gales.
El nuevo primer ministro, Rhun ap Iorwerth, también enfrenta el desafío de gobernar sin mayoría absoluta. Su partido necesita alcanzar los 49 escaños para controlar por sí solo la Cámara, seis más de los obtenidos en las urnas. El 12 de mayo, su candidatura recibió 44 votos parlamentarios, frente a los 34 del representante de Reform UK y los siete del candidato conservador, mientras nueve legisladores se abstuvieron. La situación obliga al Ejecutivo galés a buscar apoyos para aprobar presupuestos y proyectos legislativos, lo que convierte las negociaciones parlamentarias en una cuestión fundamental para la estabilidad del nuevo gobierno.

La reforma electoral también coincidió con un aumento de la participación ciudadana. Según los datos publicados por el Parlamento de Gales, más de 1,2 millones de personas votaron en las elecciones del 7 de mayo, con una participación del 51,6% de los votos válidos respecto del electorado habilitado. La cifra superó el 46,6% registrado en 2021 y representó el nivel más elevado de participación en la historia de las elecciones autonómicas galesas. Aunque el incremento indica una mayor concurrencia a las urnas, no demuestra por sí solo que la población tenga más confianza en las instituciones.
El recambio político también modificó la experiencia de quienes integran el Legislativo. Un análisis de los resultados electorales publicado en septiembre señaló que más de dos tercios de los 96 representantes nunca habían ocupado anteriormente un escaño en el Senedd. La llegada de nuevos legisladores abre oportunidades para renovar el debate público, pero también exige fortalecer la capacitación parlamentaria y el trabajo de las comisiones. El desafío institucional será combinar esa renovación con una supervisión rigurosa del Ejecutivo, especialmente en áreas de alto impacto ciudadano como el sistema sanitario, la educación y la administración del presupuesto.