A cuatro años de aquella jornada, el Día de la Lealtad de 2022 quedó como una fotografía de las tensiones que atravesaban al Frente de Todos.
Con Alberto Fernández todavía en la Presidencia, Cristina Kirchner distanciada y Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía, el peronismo llegó al 17 de octubre dividido en distintos actos, con reclamos sindicales, cruces entre La Cámpora y la CGT y una pregunta que comenzaba a ganar espacio: quién debía representar al oficialismo en las elecciones presidenciales de 2023.
La celebración estuvo lejos de mostrar una unidad política detrás de un liderazgo común. Mientras Fernández encabezó un acto en Cañuelas junto a Axel Kicillof y Massa, un sector de la conducción de la CGT se reunió en el estadio de Obras Sanitarias para lanzar su propio espacio político.
En paralelo, Pablo Moyano marchó a Plaza de Mayo junto a organizaciones sindicales, sociales y políticas, en una movilización en la que Máximo Kirchner también tuvo un papel central. Los escenarios separados dejaron al descubierto las diferencias sobre el rumbo del Gobierno, la representación del movimiento obrero y el armado de las listas para el año siguiente.
El entonces Presidente encabezó el acto en el marco de la inauguración de un tramo de la autopista Ezeiza-Cañuelas y de otras obras públicas. Lo acompañaron el gobernador bonaerense, Axel Kicillof; el ministro de Economía, Sergio Massa; el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis; el titular de Vialidad Nacional, Gustavo Arrieta, y la intendenta local, Marisa Fassi, entre otros funcionarios.
En su discurso, Fernández reivindicó el significado histórico de la movilización del 17 de octubre de 1945 y el legado de Juan Domingo Perón y Eva Duarte. “Lo que tenemos que hacer los que nos sentimos sus herederos es no claudicar en el ideario de Evita y Perón”, sostuvo.
Sin embargo, la conmemoración también funcionó como una oportunidad para defender la gestión en un contexto económico complejo. El Presidente atribuyó parte de las dificultades del país a la deuda, la pandemia de coronavirus y la guerra en Ucrania. Sobre este último factor, aseguró que el conflicto había tenido un costo de 5.000 millones de dólares para la Argentina, por el impacto sobre el abastecimiento energético.
Fernández sostuvo que su Gobierno había priorizado garantizar la energía y el gas para los hogares y las industrias, en lugar de aplicar restricciones como las que, según señaló, se habían considerado en otros países. También planteó que el costo de esas medidas debía discutirse con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El discurso incluyó críticas a Mauricio Macri y a Juntos por el Cambio. Fernández cuestionó las propuestas del expresidente en materia laboral, previsional y fiscal, y advirtió sobre el impacto que, a su entender, tendrían sobre los derechos sociales. “Nunca podemos hacer una mejor sociedad restringiendo los derechos de los que viven en esa sociedad”, afirmó.
La jornada también tuvo anuncios económicos y sociales. Fernández confirmó que el Gobierno otorgaría un bono de $45.000 destinado a los sectores más vulnerables que no recibían asistencia estatal. El beneficio se pagaría en dos cuotas y buscaba reforzar los ingresos de quienes se encontraban en una situación de mayor fragilidad económica.
“Nosotros queremos que nadie quede olvidado”, expresó el mandatario al anunciar la medida. Al mismo tiempo, defendió la necesidad de sostener la inversión pública y de promover la inserción laboral de los trabajadores de la economía popular.
El Presidente también confirmó que, desde el 1 de noviembre de 2022, el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias subiría a $330.000. Además, anunció el programa Ahora 30, destinado a facilitar la compra en cuotas de electrodomésticos, entre ellos televisores, aires acondicionados y celulares.
Kicillof, por su parte, aprovechó el acto para cuestionar el esquema de Participación Público-Privada (PPP) utilizado durante el gobierno de Cambiemos para financiar obras de infraestructura. El gobernador calificó ese régimen como “nefasto” y destacó que la autopista inaugurada había sido terminada durante la administración del Frente de Todos.
También defendió la política salarial de la provincia de Buenos Aires y señaló que los acuerdos con los gremios estatales, docentes, judiciales y de la salud permitirían alcanzar un incremento anual acumulado cercano al 90% en diciembre. “El crecimiento no se puede sostener sin demanda, sin consumo o sin mercado interno”, planteó.
Pese a la centralidad institucional del acto, la celebración presidencial no consiguió reunir a todos los sectores del peronismo en un mismo escenario. Esa fragmentación sería uno de los rasgos más visibles de la jornada.
Mientras Fernández hablaba en Cañuelas, otro sector de la dirigencia sindical se reunió en el estadio de Obras Sanitarias. Allí, Héctor Daer y Carlos Acuña, integrantes del triunvirato que conducía la CGT, encabezaron un encuentro junto a referentes de la llamada “mesa chica” de la central obrera.
El acto tuvo como principal objetivo el lanzamiento del Movimiento Nacional Sindical Peronista, una estructura con la que los dirigentes gremiales buscaban recuperar protagonismo político y disputar candidaturas en las elecciones de 2023.
La iniciativa estuvo acompañada por un reclamo directo al Gobierno y al resto de los sectores del Frente de Todos: el movimiento obrero quería participar de las decisiones políticas y tener representación en el armado electoral.
“Se nos dijo que en un gobierno peronista la CGT es parte del gobierno, pero hoy la CGT no está sentada en los lugares donde se define la política”, afirmó Daer ante unos 4.000 trabajadores.
El dirigente también cuestionó los resultados de la administración de Fernández. “Quizás confiamos y relegamos esa responsabilidad en otros compañeros, pero los resultados no son buenos”, sostuvo.
El mensaje fue explícito: la CGT no quería quedar al margen de la discusión sobre las candidaturas. “Está muy bien que nos consolidemos porque merecemos cargos”, señaló Andrés Rodríguez, titular de UPCN, aunque aclaró que los postulantes debían elegirse mediante mecanismos orgánicos y no por decisión individual de un dirigente.
Gerardo Martínez, de la UOCRA, también reclamó protagonismo. “Llegó el día de tomar nuevamente el protagonismo, de volver a ser la columna vertebral de nuestra patria”, expresó. A la vez, manifestó su descontento con la situación económica y sostuvo que las medidas adoptadas por el Gobierno no alcanzaban para responder a las dificultades del país.
Las diferencias no se limitaron al vínculo entre los sindicatos y el Gobierno. Durante el encuentro de Obras Sanitarias hubo críticas directas a La Cámpora, una de las organizaciones con mayor peso político dentro del kirchnerismo.
Sebastián Maturano, dirigente sindical, cuestionó la representación de la agrupación en el Partido Justicialista y preguntó por qué sus integrantes debían tener mayor protagonismo que los representantes del movimiento obrero. Los cuestionamientos fueron acompañados por chiflidos y cánticos de los asistentes.
La tensión se expresó también en una consigna que resonó en el estadio: “Y ya lo ven, y ya lo ven, hay una sola CGT”. El mensaje apuntaba a las diferencias internas de la central obrera, que ese día quedó dividida entre quienes participaron del acto sindical y quienes marcharon a Plaza de Mayo.
Desde la movilización, Máximo Kirchner respondió a las críticas con un mensaje dirigido a los sectores que priorizaban la disputa por los lugares en las listas. “El desafío por delante no es ver quién tiene un lugar en las listas”, planteó.
La política salarial también fue motivo de diferencias. Daer defendió las negociaciones paritarias como herramienta central para actualizar los ingresos de los trabajadores y rechazó la idea de establecer una suma fija general.
“Las paritarias son el alma de nuestro espacio”, remarcó el dirigente sindical. Desde Plaza de Mayo, Máximo Kirchner sostuvo una posición diferente y afirmó que los trabajadores necesitaban, además de las negociaciones colectivas, una suma fija que ayudara a aliviar la pérdida de poder adquisitivo.