19/10/2026 - Edición Nº1350

Política

DÍA DE LA LEALTAD

De Evita en 1951 al final de la dictadura: otros 17 de Octubre marcaron al peronismo

17/10/2026 | El Día de la Lealtad no siempre fue a plaza llena. La fecha mantuvo vigencia en años de proscripción y durante la última dictadura militar.



El 17 de octubre de 1945 quedó grabado como el día en que una movilización de trabajadores cambió el rumbo de la política argentina y convirtió a Juan Domingo Perón en el centro de una nueva identidad popular. Pero la historia del Día de la Lealtad no terminó aquella noche en la Plaza de Mayo. Cada aniversario posterior reflejó las transformaciones del país, las disputas internas del movimiento y la relación entre el peronismo y el poder.

Hubo un 17 de Octubre marcado por la despedida de Eva Perón y el nacimiento de la televisión argentina; otro celebrado después del derrocamiento de Perón; uno atravesado por la expectativa de su regreso del exilio; otro con el General en la Presidencia y, apenas un año más tarde, una conmemoración sin su principal figura. En 1983, durante la última etapa de la dictadura, la celebración dejó al descubierto el desgaste de una dirigencia sindical que no lograba contener el descontento de sus propias bases.

1951: el último 17 de Octubre con Evita

El 17 de octubre de 1951 fue una jornada de enorme carga simbólica. Eva Perón, debilitada por el cáncer que terminaría con su vida el 26 de julio de 1952, participó del acto en la Plaza de Mayo junto a Juan Domingo Perón. Fue su última intervención pública en un Día de la Lealtad y una de sus últimas apariciones ante una multitud.

Sostenida físicamente por su marido, Evita pronunció un discurso que quedó asociado a su despedida política. Sus palabras estuvieron atravesadas por la posibilidad de su muerte, la fidelidad al movimiento y el pedido de que los trabajadores permanecieran unidos. Aquella mujer que había construido una relación directa con los sectores populares hablaba ahora desde la conciencia de una ausencia cercana.

La jornada también marcó un hito en la historia de los medios de comunicación. Ese mismo día, Canal 7 realizó la primera transmisión televisiva oficial de la Argentina, con imágenes del acto y los discursos de Perón y Eva. La televisión nació así ligada a una de las fechas centrales de la liturgia peronista: el acontecimiento político se convirtió, al mismo tiempo, en el punto de partida de una nueva forma de comunicación masiva.

1955: el Día de la Lealtad después del golpe

Cuatro años después, la escena era radicalmente distinta. El golpe de Estado de septiembre de 1955 había derrocado a Perón, que partió al exilio, y el nuevo poder militar inició una política de persecución y proscripción del movimiento justicialista. La celebración del 17 de Octubre dejó de contar con la presencia del líder y quedó condicionada por un escenario en el que los símbolos peronistas eran objeto de censura y hostigamiento.

La fecha pasó a ser, para sus seguidores, una evocación de la resistencia. Ya no se trataba de celebrar desde el gobierno las conquistas alcanzadas, sino de sostener una identidad política frente a un poder que buscaba desplazarla de la vida pública. El nombre de Perón seguía convocando adhesiones, pero el movimiento debía encontrar formas de expresión en un país donde su principal dirigente estaba fuera de las fronteras.

El 17 de octubre de 1955 fue un día laborable

La proscripción no borró la identidad peronista. Por el contrario, convirtió al 17 de Octubre en un espacio de memoria, reivindicación y disputa sobre el futuro político de la Argentina.

1972: el regreso todavía era una promesa

El 17 de octubre de 1972 encontró a Perón todavía en el exilio, pero su regreso había dejado de ser una consigna lejana. La crisis de la dictadura encabezada por Alejandro Agustín Lanusse, el crecimiento de la movilización popular y las negociaciones para una salida electoral habían colocado nuevamente al General en el centro de la escena.

La tapa de Clarín del dìa siguiente informó que ese 17 de octubre de 1972 fue una jornada de mucha actividad política. Ese día se confirmó el llamado a elecciones para el 11 de marzo de 1973, al mismo tiempo que Perón reclamó un cambio en el rumbo económico. La foto de tapa fue para la represión policial que impidió la celebración pública del Día de la Lealtad. El retorno del general se concretó un mes después -el 17 de noviembre- cuando Perón volvió a la Argentina tras casi dieciocho años de exilio. La jornada quedó asociada al Día de la Militancia y a la consigna Luche y vuelve, que había sostenido la resistencia peronista durante los años de proscripción.

La diferencia entre ambas fechas es importante: el 17 de octubre recordaba la lealtad histórica; el 17 de noviembre de 1972 materializó el regreso del dirigente que había permanecido fuera del país desde su derrocamiento. Para el peronismo, la vuelta abrió una nueva etapa, aunque no eliminó las diferencias entre sus distintas corrientes.

1973: Perón en la Presidencia

Un año después, el 17 de Octubre encontró al peronismo nuevamente en el gobierno. Héctor Cámpora había ganado las elecciones de marzo de 1973 y asumido la presidencia en mayo; luego renunció para habilitar una nueva convocatoria electoral, en la que Perón obtuvo una amplia victoria. El viejo líder justicialista asumió el 12 de octubre, cinco días antes de la celebración del Día de la Lealtad.

La fecha adquirió así un significado particular: el dirigente que había sido derrocado y proscripto volvía a encabezar el Estado. Sin embargo, la recuperación del poder no significaba que el movimiento hubiera resuelto sus conflictos internos. Las diferencias entre la dirigencia sindical, los sectores tradicionales del justicialismo y las organizaciones de la izquierda peronista atravesaban una etapa de fuerte tensión.

El regreso de Perón había sido una causa compartida, pero la discusión sobre el rumbo del gobierno y el alcance de la transformación social dividía a quienes habían luchado por su retorno. La unidad alrededor del líder convivía con una disputa cada vez más difícil de contener. A pesar de eso, el 17 de octubre de 1973 se celebró el Dìa de la Lealtad con el peronismo en el poder, después de 19 años.

1974: el primer 17 de Octubre sin Perón

La muerte de Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974, modificó de manera irreversible el escenario político. El 17 de octubre de ese año fue el primero sin el fundador del movimiento, con María Estela Martínez de Perón al frente del Poder Ejecutivo.

La fecha obligaba a una pregunta que el peronismo no había tenido que responder en vida de su conductor: cómo sostener una identidad política construida durante décadas alrededor de una figura central. Isabel Perón ocupaba la presidencia, pero la sucesión institucional no alcanzaba para resolver las disputas por la conducción ni las tensiones que atravesaban al oficialismo.

A pesar del enfrentamiento interno y la violencia política que condicionaba el horizonte nacional, el peronismo conservaba su peso electoral; sindical y territorial, pero ya no estaba Perón. Ese 17 de octubre una multitud llenó la Plaza de Mayo, en el primer Día de la Lealtad sin el conductor.

1983: silbidos en Vélez y una dirigencia bajo presión

El 17 de octubre de 1983 encontró a la Argentina en la etapa final de la última dictadura militar. La derrota en la guerra de Malvinas había acelerado la crisis del régimen y la convocatoria electoral para el 30 de octubre le abría al peronismo la posibilidad de recuperar el gobierno. Después de siete años de terrorismo de Estado, la sociedad se preparaba para volver a vivir en democracia.

El peronismo realizó su acto por el Día de la Lealtad en el estadio de Vélez Sarsfield. La convocatoria, sin embargo, quedó marcada por los silbidos dirigidos a Lorenzo Miguel, uno de los principales referentes de la dirigencia sindical y figura central del aparato partidario. La protesta de parte de los asistentes impidió que pronunciara su discurso con normalidad y expuso el malestar que atravesaba al movimiento en plena campaña electoral.

La escena tenía un peso político particular. El sindicalismo había sido uno de los pilares históricos del peronismo, pero su conducción llegaba a la elección cuestionada por sectores que reclamaban renovación y una respuesta distinta frente a la dictadura. La reacción en Vélez mostró que la autoridad de los dirigentes tradicionales ya no podía darse por sentada, ni siquiera en un acto convocado para reafirmar la lealtad.

A ese desgaste se sumó la controversia por la Ley de Autoamnistía que la dictadura había sancionado antes de dejar el poder. La norma pretendía impedir que sus integrantes fueran perseguidos penalmente por los delitos cometidos durante la represión. En el debate público, las posiciones frente a esa legislación se convirtieron en una prueba para las fuerzas que aspiraban a conducir la transición democrática.

En ese contexto, el candidato radical Raúl Alfonsín sostuvo que había un pacto entre militares y sindicalistas para asegurar la impunidad del Proceso de Reorganización Nacional. Su posición de rechazo a la pretensión militar de clausurar la responsabilidad penal lo alejaba del candidato peronista, Ítalo Argentino Luder, que decía que la Autoamnistía generaba "efectos irreversibles".

El contraste con la conducción peronista fue uno de los factores que marcaron aquella elección. La campaña justicialista quedó asociada a la figura de Herminio Iglesias y al episodio de la quema de un ataúd con los colores de la Unión Cívica Radical en el cierre electoral del 28 de octubre. Dos días después, Alfonsín ganó las elecciones presidenciales con el 51,75 por ciento de los votos, frente al 40,16 por ciento de Luder.

 

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