18/10/2026 - Edición Nº1349

Opinión


Alianzas y representación

Las discusiones de fondo ordenan la escena: mapa político al día de hoy

18/10/2026 | El Congreso dejó al descubierto acuerdos y divisiones que atraviesan los partidos y ponen en discusión qué representan ante los votantes.



El jueves, la oposición reunió 121 diputados para una sesión que pretendía rechazar el DNU 70/2023. Le faltaron ocho para alcanzar el quórum y el decreto, una de las piezas centrales del programa de Javier Milei, siguió vigente. Fue una victoria del Gobierno, pero dejó otra fotografía: ante una discusión sobre el modelo económico, los alineamientos atravesaron los partidos y dividieron a bloques que se presentan como una alternativa común.

No hubo votación sobre el decreto: faltaron legisladores para discutirlo. Una ausencia puede expresar adhesión, rechazo a la estrategia opositora o cálculo negociador. Esa variedad de motivos conduce a la pregunta: ¿qué representan las coincidencias políticas cuando se discuten cuestiones de fondo?

Un mapa que cruza las etiquetas

La Libertad Avanza contó con la estrategia del PRO y de sectores radicales para impedir el quórum. También fueron decisivas las ausencias de diputados vinculados a Osvaldo Jaldo, en Tucumán; Carlos Sadir, en Jujuy; y Maximiliano Pullaro, en Santa Fe. También faltaron dos diputados de Unión por la Patria vinculados a las conducciones de Tierra del Fuego y Santiago del Estero.

Los 121 presentes tampoco respondían a una identidad común: hubo peronistas, legisladores de la Coalición Cívica, la izquierda, radicales críticos, socialistas y representantes provinciales. Provincias Unidas ofreció una síntesis de la fragmentación: mientras una parte de sus diputados faltaba, los cordobeses vinculados a Martín Llaryora y otros integrantes del espacio bajaron al recinto. En Catamarca ocurrió algo todavía más elocuente: los tres diputados provinciales estuvieron presentes pese a la posición contraria que había expresado Raúl Jalil.

Javier Milei y Raúl Jalil, entre los acuerdos políticos con la Casa Rosada y las diferencias que atraviesan el Congreso.

La escena tampoco dibujó dos coaliciones consolidadas. Querer abrir la sesión no implica rechazar cada punto del DNU; impedirla tampoco equivale a abrazar el ideario libertario. Apareció una red de acuerdos superpuesta a las identidades electorales.

Cuando se discute el modelo

El DNU 70 permite observar esa superposición. Desde diciembre de 2023 modificó reglas sobre alquileres, comercio, trabajo y otras actividades. Su discusión enfrenta distintas ideas sobre la regulación estatal, las facultades presidenciales y los costos de las reformas.

Ante esas cuestiones cabría esperar posiciones programáticas reconocibles. Los partidos, sin embargo, aparecen atravesados por disputas internas y cálculos territoriales. El radicalismo ofrece dirigentes próximos al oficialismo y otros que buscan ponerle límites. El PRO oscila entre preservar una identidad diferenciada y actuar como sostén parlamentario de Milei. En el peronismo conviven sectores que impulsan la confrontación con otros que mantienen una cooperación frecuente con la Casa Rosada.

El intento de tratar el DNU 70/2023 expuso las diferencias entre los bloques y sus alianzas parlamentarias.

Esa fragmentación tiene además una dimensión social poco discutida. Si las coincidencias responden a una visión de la economía, debería ser posible identificar qué sectores productivos, trabajadores o ciudadanos buscan representar. Si responden a acuerdos de ocasión, esa relación se vuelve más difícil de reconocer.

Es natural que un partido amplio reúna posiciones diferentes. El problema aparece cuando sus acuerdos parlamentarios dejan de guardar una relación reconocible con lo que ofrecen en campaña. Si dos dirigentes de partidos enfrentados coinciden sistemáticamente sobre el modelo económico, hay razones para preguntar qué los mantiene separados. Y si dos integrantes de una misma coalición se ubican de manera recurrente en lados opuestos, corresponde preguntarse qué proyecto los reúne.

Negociar también es representar

Parte de estas decisiones responde a necesidades provinciales: fondos, obras, deudas o margen de administración. Es legítimo que un gobernador negocie con la Nación para defender a su distrito, incluso cuando discrepa de su rumbo.

También debería explicar qué consigue y cuáles son sus límites. ¿Defiende una desregulación por convicción? ¿Evita discutirla para obtener recursos? ¿Prioriza la gobernabilidad pese a sus desacuerdos? Son fundamentos diferentes y merecen explicarse a los votantes.

El Gobierno también mostró pragmatismo. Para preservar el DNU, impulsó una salida legislativa que restituye límites a la compra de tierras rurales por extranjeros, revirtiendo una reforma que había defendido. La concesión buscó contener a sus aliados.

El problema de las alianzas

La pregunta se proyecta sobre 2027. Las alianzas electorales sirven para ganar, reunir territorios o derrotar adversarios. Pero si las diferencias decisivas atraviesan las siglas, la oferta electoral puede ocultar las coincidencias que luego ordenan el Congreso.

El jueves no nació una nueva división política ni se probó que todos los ausentes compartan un proyecto. Sí quedó claro que las pertenencias partidarias no alcanzan para anticipar conductas ante discusiones estructurales. Un elector puede votar una coalición opositora y descubrir que sus representantes colaboran con el Gobierno; también puede elegir una fuerza cercana al oficialismo y encontrar diputados que lo enfrentan en votaciones centrales.

Los dirigentes pueden cambiar de posición y defender intereses locales. Importa saber si esos movimientos responden a principios reconocibles y pueden explicarse ante los votantes. La distancia entre el mapa electoral y el parlamentario es un problema de representación. El Congreso mostró cómo se ordenan las fuerzas cuando hay algo importante en juego. Falta saber qué proyecto dicen compartir y por qué.

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