La octava tregua localizada en Zaporiyia comenzó el 15 de octubre para reparar un transformador de respaldo. El OIEA confirmó el acuerdo entre Ucrania y Rusia el viernes 16: los trabajos se realizan cerca de la central termoeléctrica vecina. La intervención busca estabilizar el suministro externo de la instalación nuclear, pero no implica recuperar una segunda línea ni confirma que la reparación haya terminado.
La central nuclear de Zaporiyia permanece bajo control ruso desde marzo de 2022 y tiene seis reactores detenidos. Incluso sin producir electricidad, necesita energía constante para refrigerar el combustible y mantener los sistemas de seguridad. La tregua anterior de septiembre permitió intervenir el tendido eléctrico, pero la novedad actual muestra que recuperar una conexión no basta si sus equipos auxiliares siguen expuestos a daños.
Un transformador adapta la tensión de la electricidad para que pueda utilizarse en instalaciones y circuitos específicos. El equipo que ahora se intenta reparar reforzaría la conexión con Ferosplavna-1, de 330 kilovoltios, la única línea externa disponible. Esta intervención puede reducir fallas en el suministro, pero no añade una vía independiente: si esa conexión se interrumpe, los generadores diésel siguen siendo el respaldo indispensable para mantener las funciones críticas.
La otra conexión, Dniprovska, tiene 750 kilovoltios y continúa fuera de servicio. Aunque fue reparada durante una tregua gestionada por el OIEA en junio de 2026, nuevos daños en el tendido y desperfectos anteriores en una subestación impiden su recuperación. Reactivarla ofrecería una segunda vía externa y disminuiría la vulnerabilidad frente a un corte aislado, aunque ninguna reparación garantiza por sí sola protección contra nuevas hostilidades.
El combustible disponible para los generadores constituye el segundo problema crítico. El OIEA confirmó que no ingresó diésel desde marzo de 2026 y que las existencias disminuyeron durante los últimos meses. Si fallara Ferosplavna-1, esos equipos deberían alimentar los sistemas esenciales de la planta. Con el invierno próximo, se necesita reabastecimiento preventivo; no hay una fecha oficial de agotamiento. El debate sobre los ataques a la infraestructura energética incluye este riesgo.

Los próximos pasos son comprobar la reparación del transformador, recuperar Dniprovska y reponer las reservas de combustible. El organismo internacional mantiene gestiones con ambos países para facilitar trabajos sobre la conexión dañada. Una tregua puntual permite intervenir la infraestructura, pero no reemplaza una protección sostenida de las líneas y las subestaciones. La central seguirá expuesta mientras dependa de un solo tendido y cuente con reservas limitadas de respaldo.
La desconexión simultánea de las líneas externas representa uno de los escenarios más delicados para la seguridad de Zaporiyia. Aunque sus seis reactores permanecen detenidos, el combustible nuclear continúa generando calor residual y necesita sistemas de refrigeración capaces de funcionar de manera ininterrumpida. Ante una pérdida completa del suministro exterior, los generadores diésel deben ponerse en marcha para alimentar los equipos esenciales. El problema surge cuando la disponibilidad de esos generadores depende de reservas de combustible que no han sido repuestas desde marzo. Un apagón no provocaría automáticamente una liberación radiactiva, pero una interrupción prolongada, combinada con fallas en los sistemas de respaldo, reduciría progresivamente las barreras de seguridad de la instalación.

La amenaza tampoco se limita a los reactores. El Organismo Internacional de Energía Atómica registró durante la última semana una intensa actividad militar alrededor de otras instalaciones nucleares ucranianas. Sus equipos detectaron 134 drones en el área de vigilancia de Chernóbil y 121 en las inmediaciones de la central de Ucrania del Sur, mientras las instalaciones nucleares del país acumularon 194 alertas aéreas. En Chernóbil, un dron cayó el 9 de octubre sobre una zona forestal situada aproximadamente a dos kilómetros del complejo y provocó un incendio que fue controlado. Estos episodios muestran que la seguridad nuclear depende también de proteger el entorno de las centrales, las conexiones eléctricas y las rutas necesarias para transportar suministros. La tregua de Zaporiyia permite reparar equipos concretos, pero la estabilidad de largo plazo exige reducir la exposición de toda esa infraestructura a las operaciones militares.