ACNUR confirmó el 16 de octubre un brote de cólera en el campamento de Markazi, en Yibuti, con 31 casos y una muerte. De las personas afectadas, 20 se recuperaron y otras diez continuaban bajo atención médica al momento del anuncio. La emergencia alcanza a una instalación que recibe familias desplazadas desde Yemen y enfrenta problemas de capacidad. La exposición de ACNUR ante Naciones Unidas ofrece el balance inicial, sin detallar todavía dónde se produjeron los contagios.
La crisis sanitaria aparece después de semanas de cruces marítimos por el estrecho de Bab el-Mandeb. ACNUR contabilizó aproximadamente 3.800 refugiados llegados a Yibuti y otros 200 desplazados hacia Somalia, dentro de un flujo regional superior a 4.000 personas. Al cierre de septiembre, Obock había registrado 3.793 llegadas y la mitad eran menores de edad. El deterioro del conflicto también interrumpe la educación: 243 escuelas de Yemen suspendieron sus clases o cerraron.
El abastecimiento de agua en las zonas de recepción depende en gran medida de camiones cisterna. El plan interagencial vigente identifica límites en la cantidad de vehículos, riesgos por escasez de combustible y un sistema de residuos insuficiente. También reconoce que la cobertura de saneamiento permanece debajo de los estándares de emergencia. La OMS explica que el cólera se transmite mediante agua o alimentos contaminados, aunque estas condiciones no prueban por sí solas el origen del brote.
Markazi funciona cerca de su capacidad y mantiene carpas e instalaciones compartidas congestionadas. En Godoria, principal punto costero de recepción, faltan refugios suficientes, espacios de espera con sombra, baños e iluminación. La respuesta programada incluye ampliar la atención para al menos 100 hogares, instalar letrinas y reforzar el almacenamiento de agua en los puntos de desembarco. Son intervenciones previstas, no instalaciones cuya finalización esté confirmada; por eso persiste una brecha entre las necesidades identificadas y la capacidad efectivamente disponible.

El sistema sanitario debe atender a los enfermos sin interrumpir la asistencia a quienes siguen llegando. El plan reconoce acceso limitado a servicios especializados y dificultades para derivar pacientes. Propone reforzar establecimientos públicos, vigilancia epidemiológica y equipos móviles, pero no precisa cuántos ya funcionan. Su presupuesto revisado suma USD 14,77 millones, incluidos USD 1,3 millones solicitados por UNICEF para agua y saneamiento y USD 300.000 previstos por la OMS para vigilancia y preparación epidémica. Estas partidas representan necesidades financieras, no desembolsos comprobados.

La evolución del brote dependerá tanto del tratamiento inmediato como de la continuidad del agua segura y la higiene. La OMS recomienda rehidratación rápida, vigilancia de casos, saneamiento y, cuando corresponda, vacunación oral. El seguimiento debe medir litros de agua por persona al día, letrinas instaladas, consultas médicas y funcionamiento de la recolección de residuos, indicadores incluidos en el plan humanitario. El próximo balance deberá distinguir nuevas infecciones, recuperaciones y capacidad real de atención antes de evaluar si las medidas logran contener la transmisión.