Un día como hoy, pero de 1979, el FC Barcelona inauguró oficialmente La Masía, la residencia destinada a alojar a los jóvenes talentos que llegaban al club desde distintos puntos de España. Lo que nació como una solución práctica para que los chicos pudieran entrenar, estudiar y vivir cerca del Camp Nou terminó convirtiéndose en una de las canteras más influyentes de la historia del fútbol.
El edificio, conocido como Can Planes (foto abajo), es una típica masía catalana del siglo XVIII que ya se levantaba junto al estadio azulgrana. La dirigencia de entonces le encontró un nuevo uso: darles hogar a los juveniles que vivían lejos de la ciudad y que hasta ese momento estaban repartidos en pensiones y casas particulares. La idea era que tuvieran un techo, compañía, apoyo escolar y una rutina ordenada mientras se formaban como futbolistas.

Con el tiempo, el nombre dejó de referirse solo al edificio y pasó a designar toda una filosofía de trabajo. La Masía se asoció a un estilo de juego basado en la posesión, la técnica y la inteligencia táctica, que se enseñaba desde las categorías más chicas y que luego se vería en el primer equipo.
La lista de egresados es difícil de igualar. Por sus habitaciones pasaron Pep Guardiola, Carles Puyol, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Gerard Piqué, Cesc Fàbregas, Sergio Busquets y Víctor Valdés, entre muchos otros. Para el público argentino, el nombre más importante es el de Lionel Messi, que llegó desde Rosario siendo un adolescente y completó allí su formación antes de convertirse en el máximo ídolo de la institución.
Esa camada fue protagonista de la etapa más gloriosa del Barcelona, con títulos nacionales, copas de Europa y un fútbol que marcó una época. En noviembre de 2012, además, el club llegó a tener en cancha a once futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores en un partido de Liga ante el Levante, una postal que resume el espíritu del proyecto.
La residencia de Can Planes cerró sus puertas el 30 de junio de 2011, y desde entonces los juveniles viven y se forman en las nuevas instalaciones de la Ciutat Esportiva Joan Gamper, en Sant Joan Despí, un complejo moderno que heredó el nombre y la esencia de La Masía.

El mecanismo, de todos modos, sigue funcionando: en los últimos años irrumpieron en el primer equipo jugadores como Gavi, Pau Cubarsí y Lamine Yamal, que mantienen viva la tradición de la cantera. De hecho, la institución catalana lo deja bien claro:
Los principios educativos que sostienen nuestro ideario son: la educación para la responsabilidad y la autonomía, la participación de los residentes, la educación en valores, actitudes y normas y la integración en el entorno. El método es el acompañamiento tutorial individualizado de cada residente, la educación desde la vida cotidiana y el trabajo interdisciplinario.
Puertas adentro, el modelo no se limita al fútbol. Según detalla el propio club, la residencia cuenta con personal educativo las 24 horas del día, los 365 días del año, un referente permanente que se hace cargo de la supervisión y el acompañamiento de los chicos y adolescentes que viven allí. Las tutorías apuntan a una atención personalizada, para que cada residente participe activamente en su propio proceso de formación.
La propuesta incluye además una jornada anual de educación emocional, en la que se trabajan valores como la confianza, la coherencia y la responsabilidad, con la idea de que todos se sientan unidos como una familia. A eso se suma un ciclo formativo interno de cuatro bloques: desarrollo personal, prevención de riesgos en el deporte, deporte y salud y formación cultural.
A casi cinco décadas de su inauguración, La Masía sigue siendo mucho más que un edificio. Es la prueba de que apostar por la formación puede construir, además de buenos jugadores, una identidad futbolística que trasciende generaciones.