La Unión Europea alcanzó este martes 20 de octubre de 2026 un acuerdo provisional para extender hasta el 31 de diciembre de 2036 el reconocimiento de productos orgánicos argentinos. El Consejo de la Unión Europea y el Parlamento pactaron mantener la equivalencia de los sistemas de certificación de 11 países. La decisión busca evitar una interrupción comercial al vencer las reglas actuales, aunque todavía necesita aprobación formal.
La continuidad resulta relevante para un sector argentino que exportó 167.600 toneladas orgánicas en 2025, un 31% más que el año anterior. El informe oficial del SENASA identifica a Europa como segundo destino: recibió 37.991 toneladas de alimentos orgánicos vegetales, sin contar los productos animales. Parte de esa oferta se origina en Entre Ríos, donde se certifican arroz, arándanos y miel.
La equivalencia reconoce que los controles orgánicos argentinos ofrecen garantías comparables a las exigidas por la legislación europea. No significa que ambos reglamentos sean idénticos ni que cualquier mercadería pueda ingresar sin trámites. Los exportadores deben trabajar con certificadoras habilitadas, respetar las categorías reconocidas y conservar los registros que permiten seguir cada lote desde su producción hasta su comercialización.
Peras, manzanas, arándanos, arroz, azúcar de caña y puré de pera integran la oferta orgánica argentina destinada a Europa. En 2025, los envíos vegetales certificados incluyeron unas 7.413 toneladas de pera, 3.902 de manzana y 3.900 de arroz. Estas cifras describen ventas existentes, no embarques adicionales prometidos por el pacto. La continuidad favorece la planificación, aunque el vino sigue una vía de certificación específica.

El sistema argentino exige que una entidad habilitada certifique la producción y que el SENASA supervise su actuación. Las verificaciones alcanzan los métodos agrícolas, los insumos utilizados, la elaboración y la trazabilidad de la mercadería. El reconocimiento europeo preservaría ese esquema para las categorías comprendidas, pero no sustituye controles fitosanitarios, requisitos comerciales ni documentación exigida al momento de ingresar al bloque.

Cada envío orgánico importado por la Unión Europea necesita un certificado electrónico de inspección gestionado mediante TRACES. Sin esa constancia, la mercadería no puede ser liberada como orgánica en el punto de ingreso. La Comisión Europea detalla estos controles, que continuarán aun si se aprueba la prórroga. Mantener la equivalencia reduce incertidumbre normativa, pero no elimina costos logísticos ni verificaciones documentales.
La nueva redacción separa el derecho a comercializar un alimento como orgánico de la autorización para utilizar el logotipo verde europeo. Los productos argentinos podrán exhibir el sello de su país, mientras que el emblema de la UE requerirá condiciones adicionales sobre suelo vivo, bienestar animal y métodos de procesamiento. Tampoco prosperó una excepción propuesta para ciertos ingredientes que incumplieran esos criterios.
Las mayores ventas al exterior tampoco significan necesariamente más productores certificados en el país. Durante 2025, las explotaciones agropecuarias bajo seguimiento orgánico bajaron de 1.334 a 1.171, una caída del 12,2%, mientras crecieron las toneladas despachadas. Esa diferencia sugiere una expansión comercial concentrada o cambios de escala que exigen análisis por producto, sin atribuirlos automáticamente al acuerdo europeo.

El entendimiento orgánico es independiente de las preferencias arancelarias del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. La competencia regional por los cupos de alimentos involucra impuestos de importación y volúmenes preferenciales; la equivalencia, en cambio, define las garantías necesarias para vender productos certificados. Un exportador puede necesitar cumplir ambos regímenes sin que uno reemplace al otro.
La extensión hasta 2036 solo tendrá efecto jurídico una vez concluida la aprobación legislativa europea. El Consejo y el Parlamento deben respaldar formalmente el texto, después de su revisión jurídica y lingüística, con el objetivo de terminar antes del 31 de diciembre de 2026. Hasta entonces, la expectativa para Argentina es conservar la continuidad del comercio orgánico y prepararse para las exigencias adicionales de etiquetado.