M. Night Shyamalan siempre se caracterizó por ser un especialista en construir giros argumentales e integrar pistas ocultas en sus producciones. Tras el lanzamiento de Trap (2024), la audiencia comenzó a sospechar que la película era, en realidad, una secuela indirecta para El sexto sentido.
La premisa expuesta muestra a Cooper, un padre de familia interpretado por Josh Hartnett, quien acude con su hija a un multitudinario concierto de pop, solo para descubrir un desproporcionado despliegue policial diseñado específicamente para capturar a un asesino serial conocido como "El Carnicero”. Claro, pronto sabremos que ese criminal es el propio Cooper.
Tras el estreno, muchos empezaron a especular sobre la trama y la existencia de una sorpresa de mayor envergadura. Es que muchos creyeron (y todavía creen) que esta historia podría no ser un relato aislado, sino un capítulo conectado de manera encubierta con el universo narrativo que el realizador ya había establecido previamente en la pantalla grande, en 1999.
El sexto sentido fue un clásico que protagonizó Bruce Willis hace ya más de 25 años. En esta película, Cole Sear (Haley Joel Osment) era un niño que tenía la capacidad de hablar con los muertos. Y aquí estaría la clave para unir ambas películas.
La conjetura central sostiene que Cole Sear habría crecido con su particular habilidad sobrenatural para ver y comunicarse con personas fallecidas. De esta forma, habría utilizado este don para colaborar de forma encubierta con la policía en la resolución de crímenes complejos. Hay que tener en cuenta que, uno de los borradores originales de El sexto sentido tenía a su protagonista como un medium que ayudaba a resolver casos policiales gracias a su don.
En base a esta línea de pensamiento, las víctimas de "El Carnicero" habrían acudido al espectro de Cole tras ser asesinadas para revelarle la identidad de su ejecutor. Esta conexión ofrecería la explicación lógica que le falta a la trama policial: justificaría cómo las autoridades obtuvieron información de inteligencia tan precisa y detallada como para coordinar una emboscada de semejante magnitud dentro de un estadio repleto de fanáticos, con el objetivo de acorralar a un criminal cuya asistencia al evento era impredecible.

El motivo por el cual esta especulación cobra tanta fuerza radica en que el director ya utilizó este recurso creativo en el pasado. Los espectadores recuerdan cómo la película Split fue presentada inicialmente como un thriller independiente sobre un hombre con trastorno de identidad disociativo, para revelar únicamente en su escena final que compartía el mismo universo con El protegido (2000). Aquella maniobra dio paso posteriormente a la entrega de Glass, y consolidó una trilogía que nadie anticipaba durante la promoción de la segunda entrega.
En el caso de El sexto sentido, la producción original también construyó su célebre revelación con uno de los mejores plot twist de la historia del cine. La condición como fantasma de Malcolm Crowe (Willis) estuvo expuesta durante toda la cinta, aunque la audiencia solo se enteró en los minutos finales.