El 25 de octubre de 1997 quedó grabado para siempre en la historia del fútbol argentino. Aquella tarde, Diego Maradona disputó el último partido oficial de su carrera profesional en un escenario inmejorable: un Superclásico entre River y Boca Juniors en el estadio Monumental. Lo que parecía un encuentro más dentro de una rivalidad centenaria terminó convirtiéndose en la despedida definitiva de uno de los futbolistas más influyentes de todos los tiempos.
Maradona llegó a ese compromiso en medio de un contexto complejo. Las molestias físicas lo habían condicionado durante gran parte de la temporada y los rumores relacionados con posibles controles antidopaje ocupaban buena parte de la agenda mediática. Aun así, el capitán xeneize salió a la cancha dispuesto a liderar a su equipo en un partido decisivo.

El desarrollo del encuentro reflejó las dificultades que atravesaba el número diez. River mostró mayor solidez colectiva durante la primera etapa y logró ponerse en ventaja gracias a un gol de Sergio Berti. Boca, en cambio, encontró pocas respuestas futbolísticas y su capitán tuvo una actuación alejada del nivel que había acostumbrado a los hinchas a lo largo de su carrera.
Durante el entretiempo, las molestias físicas se volvieron determinantes. El oriundo de Fiorito entendió que no estaba en condiciones de continuar y le comunicó al cuerpo técnico que no seguiría en el campo de juego. Sin saberlo, había disputado los últimos 45 minutos de su extensa trayectoria profesional.
La decisión obligó al entrenador Héctor Veira a realizar una modificación que con el paso de los años cobraría un enorme valor simbólico. En lugar de Maradona ingresó un joven Juan Román Riquelme, que entonces daba sus primeros pasos en la Primera División y que más adelante se convertiría en uno de los máximos ídolos de la historia de Boca.
Lejos de sentir el impacto de la salida de su capitán, Boca reaccionó en el segundo tiempo. Julio César Toresani marcó el empate y poco después Martín Palermo anotó el gol que selló la victoria por 2 a 1 en el Monumental, desatando el festejo de los hinchas visitantes.
Desde el banco de suplentes, Maradona siguió las acciones y celebró un triunfo que terminó siendo el último de su carrera como futbolista profesional. La imagen del capitán festejando bajo la lluvia quedó como una de las postales más recordadas de aquella jornada.
Cinco días más tarde, coincidiendo con su cumpleaños número 37, anunció oficialmente su retiro. De ese modo se cerró una carrera extraordinaria que incluyó 692 partidos oficiales y 352 goles, además de una huella imborrable en la historia del deporte.
Con el paso del tiempo, aquel River-Boca adquirió un significado mucho mayor que el resultado. Fue el último capítulo sobre el césped de Diego Maradona y, al mismo tiempo, la tarde en la que Juan Román Riquelme comenzó a asumir un protagonismo que marcaría una nueva era en la historia xeneize.
Sin embargo, también muchos recordarán que ese día jugaron varios de los ídolos eternos de cada club: por el lado de Boca la alineación estelar estuvo compuesta por Oscar Córdoba; Nelson Vivas, Jorge Bermúdez, Néstor Fabbri, Rodolfo Arruabarrena (hoy el DT xeneize); Julio César Toresani, Diego Cagna, Nolberto Solano; Diego Maradona; Diego Latorre y Martín Palermo. Luego entraron Claudio Caniggia, el propio presidente de Boca y Cristian Traverso en lugar de "Gambetita".
Por su parte, el River de Ramón Díaz formó con Germán Burgos; Hernán Díaz, Celso Ayala, Eduardo Berizzo, Diego Placente; Roberto Monserrat, Leonardo Astrada, Sergio Berti; Marcelo Gallardo; Sebastián Rambert y Marcelo Salas, con los ingresos de Marcelo Escudero, Martín Cardetti y Juan Pablo Sorín. Sin lugar a dudas, una constelación de estrellas que hoy se extrañan.