El 20 de agosto de 1672, Johan de Witt y su hermano Cornelis fueron asesinados en La Haya durante una de las mayores crisis políticas de la historia neerlandesa. Ambos terminaron a manos de una multitud vinculada al enfrentamiento entre republicanos y partidarios de la Casa de Orange. Sus cuerpos fueron posteriormente mutilados y exhibidos públicamente. El episodio quedó registrado en pinturas, grabados y documentos que todavía conservan importantes instituciones culturales de los Países Bajos.
Johan de Witt había dirigido la política de la provincia de Holanda durante casi diecinueve años. Nacido en Dordrecht en 1625, ocupó desde 1653 el cargo de gran pensionario, una posición decisiva dentro de la República de las Provincias Unidas. No era primer ministro en el sentido moderno. Su autoridad dependía de las instituciones provinciales y de una compleja estructura republicana que contrastaba con las monarquías hereditarias predominantes en Europa.
En 1672, la República neerlandesa enfrentó ataques simultáneos de Francia, Inglaterra, Münster y Colonia. Las tropas de Luis XIV avanzaron rápidamente y ocuparon importantes territorios, mientras la amenaza naval inglesa agravaba la situación. Aquel período pasó a conocerse como el Año del Desastre. El gobierno recurrió a inundaciones defensivas para detener la invasión, pero las derrotas iniciales alimentaron el miedo colectivo y debilitaron a las autoridades que habían gobernado durante décadas.
La crisis militar también intensificó una disputa sobre quién debía ejercer el poder político. Los republicanos vinculados a De Witt defendían el predominio de los gobiernos provinciales y las élites urbanas. Sus adversarios orangistas reclamaban mayor autoridad para Guillermo III de Orange. El 9 de julio de 1672, Guillermo asumió como estatúder de Holanda y Zelanda. Johan ya había perdido su influencia y abandonó el cargo, pero continuó siendo identificado como responsable de la catástrofe nacional.
Cornelis de Witt fue detenido el 23 de julio de 1672 bajo una acusación de conspiración contra Guillermo III. El procedimiento estuvo marcado por motivaciones políticas y cuestionamientos sobre las pruebas. Aunque finalmente se dispuso su destierro, permanecía en la prisión Gevangenpoort de La Haya cuando Johan acudió a verlo. La presencia de ambos hermanos en el mismo edificio creó una oportunidad para sus enemigos, en medio de rumores sobre una supuesta liberación clandestina.
La violencia estalló cuando hombres armados irrumpieron en la prisión y sacaron a los hermanos al exterior. Integrantes de las milicias locales participaron directamente en el ataque. Johan y Cornelis fueron golpeados y asesinados antes de que sus cadáveres quedaran expuestos a nuevas agresiones. Sus cuerpos terminaron colgados boca abajo en el Groene Zoodje, un antiguo espacio de ejecución pública. El asesinato fue un acto de violencia política, no una sentencia judicial legítima.
La mutilación posterior de los cadáveres constituye uno de los aspectos mejor documentados del episodio. Los agresores arrancaron partes de los cuerpos, que circularon entre espectadores y compradores. El Haags Historisch Museum conserva objetos tradicionalmente identificados como la lengua de Johan y un dedo de Cornelis. Esas reliquias permiten estudiar la dimensión material de la violencia, aunque su atribución definitiva presenta dificultades científicas.
El presunto canibalismo aparece representado en imágenes producidas durante el mismo año de los asesinatos. Un grabado de Gaspar Bouttats, fechado en 1672 y conservado por el Rijksmuseum, muestra la venta y el consumo de fragmentos humanos. También existen relatos que mencionan estas prácticas. Sin embargo, una representación contemporánea no equivale automáticamente a una comprobación independiente: las imágenes políticas de la época podían combinar acontecimientos reales, propaganda y denuncias contra los adversarios.
La circulación de esos grabados convirtió el asesinato en un acontecimiento conocido fuera de las fronteras neerlandesas. La brutalidad de las escenas servía para representar la caída del poder republicano y la intensidad del enfrentamiento entre facciones. En algunas publicaciones, los agresores aparecían celebrando la muerte de los hermanos. En otras, las imágenes denunciaban la degradación de las instituciones. La diferencia entre ambas interpretaciones resulta fundamental para comprender cómo se construyó la memoria histórica.
Grabado de Gaspar Bouttats realizado en 1672. La escena representa el comercio y supuesto consumo de restos humanos. Forma parte de la colección del Rijksmuseum.Las investigaciones modernas han permitido revisar algunas de las reliquias atribuidas a los hermanos. Un estudio forense estableció que una pieza considerada durante años como un dedo del pie era en realidad un dedo de la mano. Los análisis posteriores no consiguieron obtener un perfil genético que confirmara definitivamente su identidad, aunque encontraron características compatibles con la época y las circunstancias del asesinato. Estos resultados refuerzan algunos elementos históricos sin resolver todas las incertidumbres.
La muerte de los De Witt quedó asociada al ascenso de Guillermo III y al debilitamiento de sus adversarios republicanos. Guillermo llegaría a convertirse también en rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda en 1689. El episodio permite entender la diferencia entre aquella República y la actual monarquía parlamentaria neerlandesa, explicada en esta cobertura de NewsDigitales. Más de tres siglos después, el asesinato sigue siendo una advertencia histórica sobre la violencia política y la destrucción de garantías institucionales.