Israel se convirtió en el primer país fuera de Europa en utilizar el sistema EASEE para tratar la epilepsia resistente a medicamentos. El procedimiento se realizó el 31 de agosto de 2026 en el Hospital Beilinson, ubicado en Petaj Tikva, y fue difundido públicamente durante octubre. La intervención permite estimular eléctricamente determinadas regiones cerebrales sin abrir el cráneo ni introducir electrodos en el tejido cerebral, aunque requiere una cirugía para colocar el dispositivo debajo de la piel.
La primera paciente israelí fue Olga Moisa, una mujer de 42 años que llevaba aproximadamente quince años enfrentando crisis epilépticas. Su enfermedad apareció después de un accidente cerebrovascular que también provocó dificultades motoras. Los tratamientos farmacológicos no consiguieron controlar completamente los episodios y la extracción quirúrgica del foco epiléptico implicaba riesgos adicionales. Su situación representa uno de los principales desafíos de la neurología: atender a quienes continúan sufriendo convulsiones pese a recibir medicación especializada.
El sistema EASEE utiliza una serie de electrodos flexibles colocados debajo del cuero cabelludo y directamente sobre el hueso craneal. Estos componentes se conectan mediante un cable subcutáneo con un generador de impulsos implantado en el pecho. La tecnología, desarrollada por la empresa alemana PRECISIS, dirige estimulación eléctrica hacia la región donde comienzan las crisis. Su principal diferencia respecto de otros sistemas es que evita atravesar el cráneo para introducir electrodos dentro del cerebro.
El dispositivo combina diferentes patrones de estimulación destinados a modificar la actividad eléctrica anormal de las redes neuronales. Los impulsos de alta frecuencia buscan interferir con la aparición de crisis, mientras que otros patrones pretenden modular progresivamente la excitabilidad cerebral. Los especialistas pueden ajustar los parámetros de acuerdo con la evolución de cada paciente. Esta personalización constituye una ventaja tecnológica, aunque el tratamiento pretende reducir las convulsiones y no garantiza eliminar definitivamente la epilepsia.

La selección de pacientes depende principalmente de identificar con precisión la zona cerebral donde comienzan las convulsiones. Para establecer esa localización pueden utilizarse electroencefalogramas, resonancias magnéticas y registros prolongados de la actividad cerebral. La tecnología está destinada especialmente a adultos con epilepsia focal que no han logrado controlar sus crisis después de probar al menos dos medicamentos adecuados. La Epilepsy Society también contempla su utilización cuando una cirugía convencional resulta poco apropiada.
La principal ventaja quirúrgica consiste en evitar la penetración de instrumentos y electrodos en el tejido cerebral. En determinados pacientes, retirar el área que origina las crisis puede comprometer funciones relacionadas con el movimiento, el lenguaje o la memoria. También existen tratamientos mediante estimulación del nervio vago y dispositivos intracraneales. EASEE incorpora una alternativa menos invasiva para casos seleccionados, pero no reemplaza automáticamente esos procedimientos ni constituye una solución universal para todos los tipos de epilepsia.
Los resultados clínicos europeos ofrecen una referencia concreta sobre el potencial terapéutico del dispositivo. Una investigación publicada en 2025 en la revista científica Epilepsia examinó la evolución de pacientes tratados con EASEE durante dos años. Entre los 26 participantes con datos de seguimiento, el 65,4% presentó una reducción de al menos la mitad de sus crisis y la disminución mediana de episodios fue del 68%. Los resultados están disponibles en el registro científico PubMed.
Las cifras son alentadoras, pero todavía existen limitaciones importantes para interpretar la eficacia de esta tecnología. El seguimiento procedía de estudios pequeños, sin un grupo de comparación aleatorizado, y no todos los participantes iniciales aportaron información hasta los dos años. Además, reducir las crisis a la mitad no equivale a eliminarlas. PRECISIS había comunicado 150 implantaciones europeas en junio de 2025, un antecedente relevante de experiencia clínica que tampoco sustituye ensayos comparativos más amplios.

La menor invasividad no elimina los riesgos asociados con la colocación y el mantenimiento del implante. Los pacientes pueden experimentar dolor, inflamación o infecciones en la zona intervenida y, excepcionalmente, necesitar otra operación por desplazamientos del sistema. La batería requiere sustitución después de varios años. También deben respetarse condiciones específicas para realizar resonancias magnéticas. Estas características obligan a mantener controles neurológicos periódicos y a evaluar los beneficios de la estimulación frente a sus posibles complicaciones.
La evolución de Olga Moisa será determinante para conocer el resultado individual de la primera implantación israelí. La familia comunicó que no había presentado nuevas crisis durante el período inicial observado, pero los médicos necesitan varios meses de seguimiento y ajustes de estimulación para valorar la respuesta. La incorporación de EASEE amplía las opciones clínicas disponibles y complementa una trayectoria sanitaria analizada por NewsDigitales en su cobertura sobre innovación hospitalaria israelí. El próximo desafío será comprobar sus beneficios sostenidos y su accesibilidad para otros pacientes.