por Redacción NewsDigitales
El autódromo Roberto Mouras de La Plata cumplió 30 años. El 20 de octubre de 1996 recibió su primera carrera de Turismo Carretera y, desde entonces, su cinta asfáltica casi no conoció descanso.
Ubicado en el kilómetro 49 de la Autovía 2, se transformó en una de las casas del TC y en escuela para miles de pilotos que dieron allí sus primeros pasos.
El circuito nació por iniciativa de un grupo de entusiastas que formaron una fundación, compraron un predio de 138 hectáreas y le dieron a La Plata y su zona un escenario propio.
Según recordó la ACTC, la inauguración oficial fue el 22 de septiembre de 1996. Ese día el mal tiempo impidió que corriera el Turismo Carretera, y la pista arrancó con actividad zonal.
La gran fecha llegó el 20 de octubre, cuando Emilio Satriano, a bordo de un Chevrolet, ganó la carrera que estrenó el trazado para la categoría más popular del país.
Fue en pleno cambio de época. Tras la muerte de Osvaldo Morresi en 1994, en un circuito rutero de La Plata, la ACTC empezó a dejar atrás las carreras en ruta. La última se disputó en febrero de 1997, en Santa Teresita.

Los comienzos fueron modestos. El autódromo tenía una sola tribuna para 7.000 personas y un galpón que guardaba la maquinaria y que en días de carrera funcionaba como restaurante.
Con el respaldo del TC llegaron las obras:
Su variante principal mide 4.265 metros. Ya en 2016, la ACTC lo definía como “el circuito con mayor actividad del país”. Por su pista también pasaron otras categorías nacionales: el TN debutó allí en agosto de 1997.
El autódromo homenajea a Roberto José Mouras, nacido en Moctezuma, partido de Carlos Casares, y campeón del TC en 1983, 1984 y 1985. Ganó 50 carreras. La última fue el 22 de noviembre de 1992 en la Vuelta de Lobos: Mouras murió junto a su acompañante, Amadeo González, en un accidente cuando lideraba, y fue declarado ganador.
Su nombre también identifica a dos categorías promocionales de la ACTC, el TC Mouras y el TC Pista Mouras. La mayoría de sus pilotos no había nacido cuando el “Toro” murió. Tres décadas después, el autódromo que lleva su nombre sigue siendo la escuela de las nuevas generaciones.