23/10/2026 - Edición Nº1354

Política

El caso de Carolina

"Puedo quedarme sin casa": del sueño de 2017 a deber $260.000.000 y no poder dormir

23/10/2026 | Una separación en el 2021 complicó todos planes: la mujer debió hacerse cargo del crédito y en febrero de este año tomó una complicada decisión.



Carolina vive en Chilecito, La Rioja, trabaja en un museo de la Universidad Nacional de La Plata y atraviesa una situación que le cambió la vida. Teme quedarse en la calle.

En noviembre de 2017 sacó un crédito hipotecario UVA junto con su entonces marido para comprar una vivienda. La cuota inicial era de $11.000 y, en aquel momento, los ingresos de ambos permitían sostener el compromiso. Pero la separación, la actualización de las cuotas y el deterioro de su capacidad de pago transformaron aquel proyecto familiar en una preocupación cotidiana.

Desde 2021 se hizo cargo sola del préstamo, hasta que en febrero de este año ya no pudo afrontar una cuota que rondaba los $1,3 millones, frente a un sueldo de $1,6 millones.

Ahora asegura que la deuda con el banco asciende a unos $260 millones. Si no consigue una solución, la vivienda terminaría un remate judicial. A la crisis económica se sumaron problemas de salud, dificultades para dormir y un desgaste emocional que describe como constante.

“Nosotros no queremos no pagar. Sí queremos pagar, pero no podemos dejar todo nuestro salario o todos nuestros ingresos en la cuota del crédito”, resume en diálogo con NewsDigitales.

De una cuota de $11.000 a una deuda de $260 millones

La historia de Carolina comenzó en noviembre de 2017, cuando junto con su entonces marido solicitó un crédito hipotecario UVA por $2,5 millones. Para concretar la operación, además, tuvieron que aportar cerca de $700.000, equivalentes al 20% del valor de la vivienda que exigía el banco.

En enero de 2018, la cuota mensual era de aproximadamente $11.000. En ese momento, él ganaba $65.000 y ella percibía $6.500. “Yo ganaba el 10% de lo que ganaba él”, recuerda.

La propiedad quedó escriturada a nombre de ambos y Carolina figura como codeudora del préstamo. Esa condición contractual es hoy uno de los principales obstáculos que enfrenta para renegociar la deuda, ya que los ingresos de su expareja también se consideran en la evaluación bancaria.

La separación llegó en 2021 y, desde entonces, Carolina asumió el pago de las cuotas por su cuenta. Durante un tiempo logró sostenerlas, aunque cada vez con mayores dificultades.

“Me hice cargo del crédito y lo iba pagando con mucho esfuerzo, porque las cuotas subían y los salarios no aumentaban con la misma celeridad. El sueldo quedaba atrasado mientras la cuota seguía subiendo”, explica sobre el último tramo.

En los primeros años de esa etapa, el préstamo llegó a representar entre el 40% y el 50% de sus ingresos. Sin embargo, según relata, los aumentos salariales le permitían compensar parcialmente las actualizaciones del crédito. Con el paso del tiempo, esa relación se deterioró hasta volverse insostenible: “En ese primer momento estaba Alberto Fernández. Subía el crédito, había inflación, pero también me subía el sueldo, entonces se equiparaba un poco”.

Chilecito es una ciudad de la provincia de La Rioja

Cuando pagar la casa se volvió imposible

Carolina trabaja para la Universidad Nacional de La Plata en un museo de Chilecito. Desde su perspectiva, el deterioro de su capacidad de pago se profundizó cuando sus ingresos dejaron de acompañar el ritmo de las cuotas.

La situación llegó a un punto crítico en febrero de 2026. En ese momento, su salario era de $1,6 millones y la cuota hipotecaria se acercaba a los $1,3 millones.

“Se me hizo imposible poder seguir pagando. No podía destinar prácticamente todo mi sueldo al crédito y dejar de cubrir el resto de mis necesidades”, señala.

Para mantener al día la hipoteca, también había resignado otros compromisos financieros. Entre agosto de 2025 y febrero de este año dejó de pagar una tarjeta de crédito y terminó incorporada al Veraz. Con ayuda de su madre, que es jubilada, consiguió establecer un plan de pagos y regularizar esa deuda.

“Por pagar la cuota y sostener la casa, dejé de pagar la tarjeta. Después, con ayuda de mi vieja, pude hacer un plan, pagar las cuotas y salir del Veraz. Pero esa es la realidad: para sostener una cosa, terminás dejando de pagar otra”, relata.

El riesgo de perder la vivienda y seguir endeudada

El temor de Carolina no se limita a perder la propiedad. Según explica, las condiciones de la hipoteca contemplan la posibilidad de iniciar acciones judiciales ante el incumplimiento de las cuotas y avanzar con la ejecución de la garantía.

“En la escritura está establecido que, si dejás de pagar tres cuotas, consecutivas o alternadas, pueden iniciar un juicio y ejecutar la hipoteca. Estoy muy complicada porque dejé de pagar en febrero y no sé qué va a pasar con mi casa”, sostiene.

La posibilidad de un remate es, para ella, el escenario más angustiante. Carolina afirma que, de acuerdo con las condiciones que describe, si la vivienda no se vende en el primer llamado, podría salir nuevamente a subasta con una reducción importante del precio: “Me puedo quedar sin casa, con una deuda millonaria y con el sueldo embargado. Es una situación tremenda, porque no solamente perdés la vivienda: también podés quedarte con una deuda que no terminás de pagar en tres vidas”.

La separación, el crédito y una situación que define como violencia económica

Además de la deuda, Carolina señala que la ruptura matrimonial complicó las posibilidades de encontrar una salida. La escritura está a nombre de ambos, pero ella sostiene que asumió sola el compromiso económico desde 2021.

Actualmente, intenta acordar con el banco una alternativa que le permita continuar pagando el crédito con un esquema adaptado a sus ingresos. Para eso, considera fundamental que su expareja firme la documentación necesaria para que pueda avanzar con una solución individual.

“Yo necesito poder seguir pagando sola el crédito y que la cuota tenga un tope del 35% de mi salario”, explica.

Carolina asegura que la situación no es excepcional y que conoce a otras mujeres que atraviesan dificultades similares después de separarse. En esos casos, dice, la obligación financiera compartida puede convertirse en un problema adicional cuando una de las partes termina sosteniendo los pagos.

“Nos encontramos muchas mujeres que nos separamos y que, aun cuando nos quedamos con las deudas y nos hacemos cargo, seguimos siendo violentadas económicamente. Después también nos responsabilizan por las consecuencias que tiene el incumplimiento para la otra persona”, plantea.

Hipertensión, bruxismo e insomnio: el costo de vivir con incertidumbre

La crisis hipotecaria también tuvo consecuencias en la salud de Carolina. Según cuenta, desde 2025 comenzó a sufrir hipertensión arterial, bruxismo y trastornos del sueño. Asegura que el estrés de no saber si podrá conservar su casa se volvió parte de su vida cotidiana.

“Se habla siempre de los números, de cuánto debés y cuánto pagás, pero no se habla de todo lo que pasa alrededor. Yo empecé con problemas de presión, bruxismo e insomnio. Vivís con la cabeza funcionando todo el tiempo, pensando qué va a pasar”, relata.

La preocupación no desaparece cuando termina la jornada laboral. La posibilidad de perder la vivienda, la deuda acumulada y las dificultades para conseguir una respuesta del banco se combinan con la necesidad de sostener los gastos diarios.

Carolina cuenta que intentó comunicarse reiteradamente con la entidad para encontrar una alternativa. En la sucursal de Chilecito, asegura, recibió orientación y ayuda, pero el crédito está radicado en la sucursal Congreso, en la Ciudad de Buenos Aires, a unos 1.200 kilómetros de su lugar de residencia: “Llamás y llamás, a veces no te atienden, no te dan una respuesta y depende de quién te toque, porque hay empleados que te tratan bien y otros que te tratan mal. Se hace muy difícil resolver todo a la distancia”.

Qué reclaman con el UVA

La principal demanda de Carolina es que se modifique el índice de actualización de los créditos UVA para que las cuotas resulten más compatibles con los ingresos de los deudores. También reclama que se contemple su situación particular y que pueda acceder a un esquema de pago que no absorba casi todo su salario.

“Nosotros queremos pagar y cumplir. Lo único que pedimos es que se cambie el índice para poder llevar la cuota de la casa de una manera más cómoda y seguir pagando”, afirma.

Los créditos hipotecarios UVA, implementados en 2016, ajustan su capital mediante una unidad de valor que evoluciona según la inflación. El mecanismo permitió que las cuotas iniciales fueran más bajas que las de otros esquemas hipotecarios, pero también expuso a los deudores a aumentos del capital y de los pagos mensuales cuando los precios crecieron por encima de sus ingresos.

Mientras intenta alcanzar un acuerdo con el banco, Carolina sigue sin saber si podrá conservar su casa: “Yo no quiero dejar de pagar. Quiero poder pagar mi vivienda, cumplir con el crédito y vivir tranquila. Pero no puedo poner todo mi sueldo en una cuota y dejar de comer o de cubrir las otras cosas que necesito”.