El senador Flávio Bolsonaro mantiene una ventaja numérica sobre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a dos días de la segunda vuelta presidencial de Brasil, prevista para el domingo 25 de octubre. La encuesta Ipespe/Abrapel publicada este viernes sitúa al candidato del Partido Liberal (PL) con el 50,5% de los votos válidos, frente al 49,5% del mandatario del Partido de los Trabajadores (PT). La diferencia de un punto porcentual constituye un empate técnico, pero confirma que Bolsonaro continúa encabezando la medición de un instituto que viene siguiendo la competencia desde los primeros días del balotaje.
El dato adquiere otra dimensión cuando se compara con los resultados efectivos de la primera vuelta del 4 de octubre. Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, equivalentes a 56,1 millones de sufragios, mientras Lula alcanzó el 45,16%, con aproximadamente 53,9 millones. La diferencia de más de 2,2 millones de votos permitió al candidato conservador ingresar a la segunda ronda desde una posición favorable. Sin embargo, la serie del Ipespe revela que su ventaja se redujo: pasó del 52,7% registrado entre el 6 y el 8 de octubre al 51,2% de la siguiente ronda y finalmente al 50,5% actual.
La comparación entre institutos ofrece una fotografía más compleja que la presentada por una única encuesta. Mientras el Ipespe concede una ligera ventaja a Bolsonaro, Datafolha difundió el 22 de octubre una estimación de empate de 50% para cada candidato en votos válidos. PoderData registró una relación de 51% frente a 49% favorable al senador, mientras Gerp presentó una diferencia más amplia, de 53% contra 47%. En cambio, Vox Brasil ubicó a Lula con el 50,6% y a Bolsonaro con el 49,4%. Las divergencias muestran que la ventaja conservadora aparece en varios relevamientos, pero no constituye una conclusión unánime.
La metodología resulta decisiva para interpretar estos porcentajes. El Ipespe entrevistó telefónicamente a 1.500 personas entre el 20 y el 22 de octubre, con un margen de error declarado de 2,6 puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95%. El relevamiento está registrado ante el Tribunal Superior Electoral bajo el protocolo BR-04350/2026. Cuando se consideran todas las respuestas de intención de voto estimulada, Bolsonaro registra el 48% y Lula el 47%; la diferencia respecto del 50,5% y 49,5% surge al excluir blancos, nulos e indecisos. Por eso, una ventaja en votos válidos estimados no equivale a una victoria asegurada.
La candidatura de Bolsonaro conserva bases electorales identificables. El último Ipespe muestra que el senador tiene mayor respaldo entre los hombres, los evangélicos, los sectores de ingresos elevados y los residentes del sur del país. Lula presenta una posición más favorable entre las mujeres, los católicos, las personas de menores ingresos y los habitantes del nordeste. Esta distribución ayuda a comprender por qué el candidato del PL sigue siendo competitivo después de encabezar la primera vuelta: reúne segmentos sociales y territoriales capaces de sostener una candidatura nacional, aunque necesita ampliar sus apoyos para transformar su ventaja en una mayoría definitiva.
Una variable especialmente relevante aparece entre los ciudadanos que manifiestan mayor disposición a concurrir a las urnas. Cuando el Ipespe considera a quienes califican con diez sobre diez su probabilidad de votar, Bolsonaro alcanza el 51,5% de los votos válidos y Lula el 48,5%. Esa diferencia de tres puntos ofrece al senador un escenario numéricamente más favorable, pero depende de que las declaraciones de participación se conviertan en asistencia efectiva. En la primera vuelta, aproximadamente 33,4 millones de brasileños no votaron, equivalentes al 21,08% del padrón. Una variación en ese comportamiento podría modificar el resultado sin necesidad de grandes transferencias entre candidatos.
Flavio Bolsonaro, en una impresionante concentración, le habla a los gays de Brasil: “Nadie tiene el derecho de meterse en la forma en que ustedes quieren ser felices. Y conmigo ustedes, homosexuales, LGBT, van a prosperar como todo ciudadano brasileño. Y me comprometo a devolver el cariño que estoy recibiendo de cada uno de ustedes”. https://t.co/pdi90cg4LK
— Orlando Avendaño (@oavendano) October 22, 2026
La evolución de las encuestas también obliga a distinguir entre liderazgo y tendencia. El Ipespe muestra una reducción progresiva de la diferencia favorable a Bolsonaro, desde 5,4 puntos entre los votos válidos de su primera medición posterior al 4 de octubre hasta un punto en el último estudio. Ese acercamiento refleja una recuperación numérica de Lula dentro de la serie, aunque las variaciones deben evaluarse con cautela porque proceden de muestras diferentes y están sujetas a incertidumbre estadística. El comportamiento de Datafolha y Vox Brasil refuerza la necesidad de contemplar escenarios en los que el presidente todavía podría imponerse.
La historia reciente de esta misma campaña ofrece una advertencia sobre la lectura de los sondeos. Algunas encuestas publicadas antes de la primera vuelta colocaban a Lula en una posición superior, pero el escrutinio terminó con Bolsonaro en primer lugar. Esta diferencia entre estimaciones previas y votos efectivamente contabilizados no demuestra que todos los institutos compartan un error sistemático ni que volverá a producirse una sorpresa. Sí justifica examinar la selección de entrevistados, la modalidad presencial o telefónica, la ponderación de las muestras y la capacidad de cada estudio para representar correctamente a quienes finalmente participarán.

Los índices de rechazo limitan el crecimiento potencial de ambas candidaturas. En el último Ipespe, el 48% afirma que no votaría de ninguna manera por Bolsonaro y el 47% expresa lo mismo respecto de Lula. La proximidad de esos porcentajes indica que ninguno cuenta con un camino despejado hacia nuevos electores. En el terreno programático, el senador apuesta por presentar la alternancia como una oportunidad para revisar las prioridades económicas, la seguridad y la administración del gasto público. Lula defiende la continuidad de las políticas sociales, pero enfrenta cuestionamientos sobre su financiación, la deuda y los resultados de cuatro años de gestión.
El balance de las encuestas deja una conclusión central: Bolsonaro llega al 25 de octubre con una ventaja política verificable, pero estadísticamente insuficiente para anticipar el vencedor. El resultado de la primera vuelta y varias mediciones recientes sostienen su posibilidad real de conquistar la Presidencia. Al mismo tiempo, la reducción de su diferencia en el Ipespe, la paridad de Datafolha y la ventaja de Lula registrada por Vox Brasil impiden considerar cerrada la elección. El próximo domingo se conocerá si el senador consigue convertir su base conservadora y la movilización de sus electores en una mayoría, o si la recuperación del presidente durante las últimas semanas alcanza para revertir el desenlace.