La visita de Lula da Silva a la Argentina en diciembre de 2021 tuvo un significado que fue mucho más allá de la celebración del Día de la Democracia y los Derechos Humanos.
El dirigente brasileño acababa de recuperar sus derechos políticos tras la anulación de las condenas que lo habían llevado a prisión y comenzaba a preparar su regreso a la disputa por el poder en Brasil, algo que finalmente conseguiría con éxito.
Del otro lado de la frontera, el Frente de Todos atravesaba uno de los momentos más delicados de su gobierno: había sufrido una derrota en las elecciones legislativas, las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner se volvían cada vez más visibles y las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) concentraban buena parte de las tensiones internas.
En ese escenario, Lula compartió un acto multitudinario en Plaza de Mayo con Cristina Kirchner, Alberto Fernández y otros referentes regionales, entre ellos el expresidente uruguayo José Mujica.
Sus discursos combinaron reivindicaciones de los gobiernos progresistas de la región, cuestionamientos a Mauricio Macri y advertencias sobre el peso de la deuda externa.
La discusión sobre el FMI ocupó un lugar central en las palabras de Cristina, mientras que Lula aprovechó su paso por la Confederación General del Trabajo (CGT) para defender un modelo económico centrado en el empleo y la industria. Todo ocurría cuando todavía resultaba difícil imaginar que, apenas dos años después, Javier Milei llegaría a la Presidencia argentina.
La visita de Lula tenía una dimensión personal y política. El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) había pasado 580 días en prisión, después de ser condenado en causas vinculadas con la corrupción. En 2021, el Supremo Tribunal Federal de Brasil anuló las condenas que le impedían competir electoralmente, por lo que recuperó sus derechos políticos y quedó habilitado para volver a presentarse a una elección presidencial.
Su regreso a la escena internacional era también parte de la reconstrucción de su liderazgo. Lula buscaba recuperar el protagonismo que había tenido durante sus dos presidencias, entre 2003 y 2010, y se perfilaba como el principal adversario de Jair Bolsonaro para las elecciones de octubre de 2022.
En Buenos Aires encontró un escenario favorable para su reposicionamiento. El acto por los 38 años de democracia argentina reunió a dirigentes que habían compartido una etapa de fuerte integración regional.
"Fue un momento único en la historia de Latinoamérica, único de crecimiento económico. Único de incorporar millones de ciudadanos a la inclusión social. Único en generar puestos de trabajo, industria nacional, autonomía nacional para tomar decisiones", afirmó Cristina Kirchner en aquel encuentro.
Frente a las dificultades económicas de ese momento, el kirchnerismo buscaba recuperar una identidad asociada con el crecimiento, el empleo y la autonomía frente a los organismos financieros internacionales.
Lula, por su parte, agradeció el respaldo recibido durante su encarcelamiento y destacó el gesto de Alberto Fernández, quien lo había visitado cuando todavía era candidato presidencial en la Argentina. El brasileño recordó que el mandatario argentino había tenido "el coraje de venir a visitarme" y señaló que nunca olvidaría aquella muestra de solidaridad.
El acto encontró al Gobierno argentino en una situación compleja. El Frente de Todos acababa de perder las elecciones legislativas de noviembre de 2021, en las que Juntos por el Cambio se había impuesto a nivel nacional y había consolidado su posición como principal fuerza opositora.
La derrota había profundizado las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. La discusión sobre el rumbo económico, el funcionamiento de la coalición y la estrategia para negociar con el FMI se había convertido en una fuente permanente de tensión.
Cristina aprovechó la presencia de Lula para volver sobre ese conflicto. En su discurso, cuestionó el papel del Fondo Monetario Internacional en la historia argentina y vinculó sus intervenciones con las dificultades que habían enfrentado distintos gobiernos democráticos.
"El Fondo Monetario Internacional ha vivido condicionando a la democracia argentina", sostuvo.
La vicepresidenta recordó las crisis de los gobiernos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa y contrastó esas experiencias con el financiamiento que, según su interpretación, el organismo había garantizado a la administración de Macri: "Al que no se la soltaron fue al que vino después que nosotros. A ese le pusieron toda la tarasca, 57.000 millones de dólares para que pudiera ganar las elecciones”.
"Que el Fondo nos ayude, por ejemplo, porque usted sabe, Presidente, compañeros, compañeras, que se habla mucho de la restricción externa. Que a la Argentina le faltan dólares... No, no, no. A la Argentina no le faltan dólares, los dólares de la Argentina los tienen afuera", planteó.
También reclamó un acuerdo político amplio para evitar que el entendimiento con el organismo comprometiera la recuperación económica. "No se va a aprobar ningún plan que no sea el que permita esta recuperación económica y que pueda seguir la recuperación económica", pidió.
Poco tiempo después, el acuerdo alcanzado por Martín Guzmán generaría un quiebre sin vuelta atrás.
Las críticas al expresidente argentino también ocuparon un lugar central en el discurso que Lula pronunció ante dirigentes sindicales en la CGT el 11 de diciembre.
El brasileño cuestionó el legado económico de Macri, especialmente por el endeudamiento y sus consecuencias para los trabajadores. "Macri hizo una gran obra: dejó una deuda inmensa para que pagara Alberto Fernández. Es eso lo que pasó en Argentina", afirmó.
La posibilidad de que Milei se convirtiera en presidente en 2023 todavía no formaba parte de los escenarios políticos que dominaban el debate público. La disputa se organizaba principalmente alrededor de las dos grandes coaliciones: el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.
Lula también cuestionó la orientación del comercio internacional y las condiciones de un eventual acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Según explicó, las economías sudamericanas no podían limitarse a exportar materias primas e importar productos industriales.
"Nosotros no queríamos, nosotros queríamos que sean respetados nuestros derechos de convertirnos en naciones industrializadas y competitivas desde el punto de vista tecnológico", sostuvo.
Y agregó una crítica a las condiciones comerciales que, a su entender, perjudicaban a los países de la región: "Ellos sólo querían vender. El libre comercio que defienden es para vendernos a nosotros; cuando nosotros debemos venderles a ellos, aumentan los problemas sanitarios y terminamos no vendiendo nada".
En la CGT, Lula también llamó a los dirigentes sindicales a involucrarse activamente en la política electoral. Para el brasileño, la defensa de los trabajadores no podía limitarse a las negociaciones con los empleadores, sino que debía expresarse también en las urnas.
"Habrá una elección, los trabajadores irán a votar, y ellos deben orientar al trabajador a que den su voto a alguien que piensa de la misma manera que el sindicato, a alguien que va a beneficiar a los trabajadores", sostuvo.
"Es como poner un zorro dentro del gallinero, creyendo que el zorro va a cuidar a las gallinas. ¡Se las va a comer! ¡Como hizo Macri aquí en Argentina!", lanzó.
También defendió la necesidad de que los gobiernos definieran con claridad a qué sectores buscaban beneficiar. "Para dirigir un país tenés que decidir de qué lado estás, para quién gobernás, quién tiene la prioridad", afirmó.
Y resumió su visión sobre el papel del Estado con otra frase: "Para que el rico tenga prioridad, no se necesita gobierno: ya tiene la prioridad".