por Redacción NewsDigitales
Brasil se prepara para una definición presidencial que mantiene en expectativa a toda la región. Este domingo 25 de octubre, más de 158 millones de electores están convocados a las urnas para elegir entre el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, quienes llegan al balotaje después de una primera vuelta marcada por una diferencia de apenas 1,87 puntos porcentuales.
El candidato del Partido Liberal (PL) obtuvo el 47,03% de los votos válidos en las elecciones del 4 de octubre, mientras que el mandatario del Partido de los Trabajadores (PT) alcanzó el 45,16%. La distancia entre ambos fue de aproximadamente 2,2 millones de sufragios, una diferencia que ahora deberá ponerse nuevamente a prueba.
Sin embargo, el resultado anterior no otorga ninguna ventaja formal en la segunda vuelta. Los votos no se acumulan y ambos candidatos deberán volver a conquistar el respaldo de los electores para alcanzar la mayoría necesaria.
Flávio Bolsonaro llega a la segunda vuelta después de haber encabezado la primera elección. Su principal desafío electoral es conservar el respaldo que recibió el 4 de octubre y sumar nuevos votantes para superar la mitad de los sufragios válidos.
El senador obtuvo más de 56 millones de votos y construyó su campaña alrededor de propuestas de reducción del gasto público, flexibilización laboral y endurecimiento de las políticas de seguridad. También busca representar a los sectores que rechazan la continuidad del actual gobierno.
Lula, por su parte, necesita revertir la diferencia de la primera vuelta. Para conseguirlo, requiere ampliar su respaldo entre quienes eligieron otras alternativas, además de recuperar o incorporar electores que no participaron de los primeros comicios.
El presidente apuesta a sus políticas sociales, la valorización del salario mínimo y las propuestas de reducción de la jornada laboral, mientras intenta ampliar su convocatoria más allá de los votantes tradicionales del PT.

En ambos casos, la cuenta es la misma: obtener más votos válidos que el adversario. No existe una diferencia mínima obligatoria ni un porcentaje adicional que deba alcanzar alguno por haber terminado primero o segundo en octubre.
Uno de los factores centrales será el comportamiento de los electores que no eligieron a ninguno de los dos finalistas en la primera vuelta. Los candidatos eliminados reunieron aproximadamente 9,3 millones de votos, equivalentes al 7,81% de los sufragios válidos.
A ese universo se suman los más de 33 millones de brasileños que no participaron de las elecciones del 4 de octubre. La abstención alcanzó el 21,08% del padrón, un dato especialmente relevante porque quienes no concurrieron a la primera votación pueden hacerlo en la segunda.
La importancia de estos sectores radica en que no existe una transferencia automática de votos. Los respaldos de los candidatos eliminados pueden influir políticamente, pero cada elector conserva la libertad de elegir a cualquiera de los finalistas, votar en blanco, anular su sufragio o abstenerse.
Las últimas encuestas también reflejan la estrecha competencia. El relevamiento de Datafolha difundido el 22 de octubre registró un empate técnico, con ambos candidatos en torno al 50% de los votos válidos. La medición incluyó 2.520 personas y tuvo un margen de error de dos puntos porcentuales.
La Constitución brasileña establece que, si ningún candidato supera la mitad de los votos válidos en la primera vuelta, debe realizarse una segunda elección entre los dos más votados.

En el balotaje, el mecanismo es directo: será elegido presidente quien obtenga más votos válidos. No se exige una diferencia mínima de puntos porcentuales ni una cantidad fija de sufragios, ya que el umbral depende del total de votos válidos emitidos ese domingo.
Los votos en blanco y nulos quedan excluidos del cálculo. Por eso, aunque millones de ciudadanos opten por alguna de esas alternativas, no se sumarán a ninguno de los candidatos ni modificarán directamente la comparación entre ambos.
La votación se desarrollará este domingo 25 de octubre entre las 8 y las 17, según el horario de Brasilia, que coincide con el de la Argentina. Una vez cerradas las urnas comenzará la totalización electrónica de los resultados.
De esta manera, Brasil definirá su próximo presidente en una elección donde la ventaja de la primera vuelta no garantiza el resultado y donde cada nuevo voto válido puede modificar la diferencia entre Lula y Bolsonaro.