Este domingo 25 de octubre, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro disputarán la presidencia de Brasil en una votación que parte de cero. Para ganar, cualquiera de los dos deberá superar el 50% de los votos válidos que efectivamente se emitan ese día. La normativa electoral excluye los sufragios blancos y nulos del cálculo, mientras que el resultado del 4 de octubre no aporta votos al nuevo escrutinio.
La primera vuelta terminó con 119.300.788 votos válidos y una diferencia de 2.224.965 sufragios entre los finalistas. Con el escrutinio completo, Flávio Bolsonaro obtuvo 56.104.503 votos, un 47,03%, y Lula 53.879.538, un 45,16%. Las otras diez candidaturas reunieron 9.316.747 votos, equivalentes a cerca del 7,81% de los válidos. La consulta oficial permite comprobar las cifras sin atribuir un destino fijo a esos electores.
No se puede establecer hoy un número fijo de votos que garantice la victoria. El umbral será la parte entera de la mitad del nuevo total de sufragios válidos, más uno. Puede variar por la asistencia y por cuántos electores opten por blancos o nulos. En la primera vuelta hubo 33.469.244 abstenciones, y quienes no fueron pueden participar en la segunda si están habilitados. También pueden faltar algunos de quienes votaron el 4 de octubre.
Augusto Cury reunió 3.448.569 votos, Renan Santos 2.675.887 y Ronaldo Caiado 2.605.148 en la primera vuelta. Cury, de Avante, y Caiado, del PSD, expresaron apoyo a Flávio Bolsonaro; Renan, de Missão, no respaldó a ninguno. Romeu Zema, del Novo, consiguió otros 326.488 sufragios. Esos pronunciamientos no obligan a los votantes. También importa la participación: 33,4 millones de personas no votaron el 4 de octubre.

El apoyo de una candidatura eliminada no convierte sus votos en un paquete disponible para otro competidor. Los electores de Cury pueden seguir su recomendación, elegir a Lula o no registrar un voto válido; el mismo abanico existe para quienes respaldaron a Caiado, Zema u otras opciones. En el caso de Renan, la ausencia de respaldo deja igualmente la decisión abierta. Sin una medición individual verificable, asignar porcentajes a cada destino sería especulativo.

La cifra necesaria para ser presidente recién podrá calcularse con los votos válidos contabilizados el 25 de octubre. La jornada se desarrollará de 8 a 17, hora de Brasilia, y la Justicia Electoral publicará el escrutinio después del cierre. El control central será verificar qué candidatura supera la mitad del total nacional, sin sumar cifras de la primera vuelta. Las adhesiones políticas y la participación servirán para interpretar los cambios, no para reemplazar el resultado oficial.
La diferencia de 2.224.965 votos obtenida por Flávio Bolsonaro en la primera vuelta permite dimensionar el desafío electoral de Lula, aunque no constituye una ventaja que se traslade automáticamente al balotaje. Si ambos candidatos conservaran exactamente sus apoyos anteriores y los 9.316.747 electores de las candidaturas eliminadas volvieran a sufragar válidamente, Lula necesitaría captar aproximadamente el 62% de esos votos para revertir la distancia. Flávio, por su parte, podría mantener la primera posición con una proporción considerablemente menor, siempre que no perdiera respaldos entre sus propios votantes. Se trata de un escenario matemático condicionado, no de una proyección electoral: cualquier variación en la participación, los votos blancos y nulos o las preferencias de los electores originales modificaría esa distribución.

La composición política de las candidaturas eliminadas introduce otra variable relevante. Los respaldos anunciados por Augusto Cury y Ronaldo Caiado ofrecen a Flávio Bolsonaro una oportunidad de ampliar su coalición electoral y disputar un universo que, sumado al de Romeu Zema, supera los 6,3 millones de sufragios de primera vuelta. Sin embargo, la afinidad entre dirigentes no garantiza una transferencia proporcional de sus electorados, especialmente cuando intervienen diferencias regionales, motivaciones personales y niveles de rechazo hacia los finalistas. Para Lula, la posibilidad de compensar esas adhesiones dependerá de su capacidad para atraer votantes de otras candidaturas, recuperar apoyos o movilizar ciudadanos que se abstuvieron. El resultado dependerá de cuál de los dos consiga transformar esas oportunidades políticas en una ventaja efectiva de votos válidos.