La segunda vuelta presidencial de Brasil, prevista para el domingo 25 de octubre, colocará a la Argentina ante dos alternativas políticas. La continuidad de Luiz Inácio Lula da Silva o la llegada de Flávio Bolsonaro podría modificar el diálogo con Javier Milei, pero no alterará automáticamente los tratados comerciales. Entre enero y septiembre de 2026, ambos países intercambiaron US$ 21.540 millones, una base económica que trasciende las diferencias entre presidentes.
El comercio bilateral cayó un 9,3% interanual durante los primeros nueve meses de 2026. El balance oficial brasileño registra exportaciones a la Argentina por US$ 11.580 millones, un descenso del 18,5%, e importaciones desde nuestro país por US$ 9.950 millones, un aumento del 4,4%. Brasil obtuvo un superávit de US$ 1.630 millones. El resultado describe una desaceleración existente antes de que se conozca al ganador.
La industria automotriz muestra diferencias importantes entre productos. Brasil compró a la Argentina US$ 2.651 millones en vehículos para transporte de mercancías y usos especiales entre enero y septiembre, un 19,6% más que un año antes. En cambio, sus compras de automóviles argentinos para pasajeros bajaron un 15,4%, hasta US$ 1.067 millones. El desempeño divergente exige analizar modelos, demanda y cadenas de suministro, no atribuir todos los movimientos a la política.
Del lado brasileño, las ventas de automóviles a la Argentina retrocedieron un 32%. Ese rubro sumó US$ 2.121 millones, mientras las autopartes exportadas por Brasil cayeron un 28,4%, hasta US$ 984 millones. Las terminales y sus proveedores enfrentan cambios de demanda, precios y abastecimiento que pueden afectar empleo e inversión. La menor actividad comercial, sin embargo, no demuestra que alguno de los dos candidatos haya causado estas variaciones.

El acuerdo automotor entre ambos países conserva reglas específicas, independientemente del resultado electoral. El régimen bilateral ACE 14 contempla arancel cero para productos que cumplen los requisitos y un mecanismo llamado flex, que limita los desbalances relativos del intercambio administrado. El coeficiente máximo vigente es 2,0 hasta junio de 2027 y el cronograma prevé libre comercio automotor desde julio de 2029. Modificarlo requeriría nuevas decisiones formales.
También está expuesta la circulación terrestre de mercancías entre fábricas y centros de consumo. El cruce de Paso de los Libres, en Corrientes, y Uruguaiana, en Río Grande del Sur, concentra controles aduaneros y transporte de cargas, como muestra la información oficial argentina. Agilizar inspecciones, homologaciones técnicas y trámites podría mejorar costos logísticos bajo cualquier presidencia. No existe, por ahora, una decisión electoral que cambie esas operaciones.
Lula propone continuar profundizando el Mercosur como plataforma económica y productiva sudamericana. Su programa de gobierno registrado ante el TSE incluye infraestructura regional, integración energética y coordinación regulatoria. Si obtiene otro mandato, la principal incógnita para Buenos Aires será la capacidad de sostener negociaciones técnicas pese a las diferencias políticas con Milei. La continuidad del discurso integracionista tampoco garantiza más compras de productos argentinos.
Flávio Bolsonaro plantea recomponer la relación diplomática con Argentina y ampliar la apertura comercial brasileña. Su programa menciona expresamente al país, prioriza la inserción en cadenas globales y propone retomar el proceso de adhesión a la OCDE. La afinidad política con Milei, cuyo respaldo a Flávio ya fue cubierto por NewsDigitales, podría facilitar contactos. Pero el documento no establece una eliminación inmediata del Mercosur ni cambios automáticos en los aranceles automotores.

El vínculo con Europa constituye otra variable concreta para el futuro del bloque. El acuerdo interino de comercio entre el Mercosur y la Unión Europea se aplica provisionalmente desde mayo de 2026. Su implementación gradual puede alterar condiciones de competencia para manufacturas, alimentos e insumos. Tanto Lula como Flávio recibirían compromisos ya asumidos, cuya ejecución depende de calendarios, regulaciones e instituciones compartidas, no solamente de su relación con el Gobierno argentino.
Después de la votación, el primer indicador económico no será la afinidad entre presidentes, sino las decisiones verificables. Argentina deberá seguir los nombramientos de equipos comerciales brasileños, las reuniones bilaterales, las reglas automotrices y el funcionamiento de los pasos fronterizos. Una mejora de la relación política podría facilitar acuerdos, mientras una continuidad de las tensiones podría complicar su negociación. El comercio de US$ 21.540 millones y sus contratos seguirán sujetos, sobre todo, a la demanda y las normas vigentes.