La noticia parecía hecha a medida de Javier Milei. A menos de tres días de las elecciones israelíes, un diario británico aseguró que Benjamin Netanyahu había decidido modificar la posición diplomática de Israel sobre las Islas Malvinas para respaldar el pedido argentino de negociaciones con el Reino Unido. El presidente argentino celebró la publicación, pero pocas horas después llegó una respuesta incómoda: Israel negó que existiera semejante instrucción.
La información apareció el sábado 24 de octubre en The Telegraph, que citó fuentes anónimas para afirmar que Netanyahu había ordenado a sus diplomáticos acompañar el reclamo de Buenos Aires de abrir conversaciones directas con Londres sobre el futuro de las islas. El supuesto cambio fue vinculado con el deterioro de las relaciones entre Israel y el gobierno británico por las sanciones a los asentamientos israelíes en Cisjordania.
Milei compartió la noticia en su cuenta de X con una breve expresión: “MAGA!”, la consigna política popularizada por Donald Trump. El gesto mostró que la versión había sido recibida favorablemente por el mandatario argentino, cuya relación personal y política con Netanyahu constituye uno de los ejes de su política exterior.
Sin embargo, el respaldo que celebró Milei no quedó confirmado. Alex Gandler, portavoz de la Embajada de Israel en el Reino Unido, rechazó categóricamente la información y sostuvo que no existía ninguna directiva en ese sentido. La Cancillería israelí también desmintió que se hubiera producido una modificación de su posición sobre Malvinas.
La controversia tiene un antecedente diplomático concreto. Durante este año, el canciller israelí Gideon Sa'ar y otros representantes de su país se refirieron a Malvinas como una disputa pendiente entre Argentina y el Reino Unido. Esas declaraciones fueron valoradas por funcionarios argentinos, aunque ninguna implicó un reconocimiento formal de la soberanía nacional sobre el archipiélago.
La diferencia no es menor. Reconocer que existe una controversia, respaldar negociaciones y reconocer la soberanía argentina son tres decisiones diplomáticas distintas. El artículo británico hablaba principalmente de acompañar el pedido de conversaciones directas. Algunas interpretaciones posteriores fueron más allá de ese contenido.
En el fondo también aparece una contradicción económica. Mientras Milei mantiene una relación política estrecha con Netanyahu, la empresa israelí Navitas Petroleum participa del proyecto petrolero Sea Lion, que se desarrolla en la zona de Malvinas y es cuestionado por el Estado argentino.
El gobierno israelí ha sostenido que Navitas es una empresa privada y que sus operaciones no representan decisiones del Estado. Buenos Aires, en cambio, mantiene abiertos procedimientos contra compañías vinculadas con la actividad hidrocarburífera en aguas cuya soberanía reclama.
El episodio se produjo cuando Netanyahu se prepara para enfrentar las elecciones legislativas del martes 27 de octubre. Israel no elige directamente a su primer ministro: los ciudadanos votan un nuevo Parlamento y, posteriormente, los partidos deberán negociar la formación del gobierno.
La disputa sobre Malvinas también entró en la discusión política israelí. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, ya había solicitado públicamente que Israel reconociera la soberanía argentina sobre las islas, como respuesta a las medidas británicas contra los asentamientos.
I categorically deny this allegation. No such directive exists. https://t.co/VI2T9u5T9f
— Alex Gandler (@AlexGandler) October 24, 2026
Por ahora, el hecho comprobado es que Milei celebró una versión periodística que la propia diplomacia israelí salió a desmentir. No existe una confirmación oficial de que Netanyahu haya cambiado la política de su país ni de que Israel haya reconocido la soberanía argentina sobre Malvinas.
MAGA!
— Javier Milei (@JMilei) October 24, 2026
La controversia muestra hasta dónde puede proyectarse la relación entre ambos mandatarios, pero también sus límites: un gesto político, por importante que resulte, no equivale necesariamente a una decisión formal de Estado.