En Brasil, se lleva adelante este domingo 25 de octubre el bajolate para definir el presidente de los próximos cuatro años.
Lula Da Silva busca su reelección, mientras Flávio Bolsonario intentará retomar la agenda de su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro.
Cualquiera sea el que gane, deberá enfrentarse con un Brasil reprimarizado en su canasta exportadora y con dificultades para acelerar su crecimiento.
Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo en el think tank Fundar, se refirió a Brasil como “el gigante que dejó de alcanzar a los ricos”, ya que durante el siglo XX logró acortar la brecha con los países más desarrollados, pero ese proceso se detuvo a mediados de los 80.
Recién salido del horno el último número de El Atlas, sobre Brasil. En la víspera del ballotage, me pregunto: ¿qué cambios sociales, económicos y productivos tuvo Brasil en los últimos 50 años? Sale hilo. https://t.co/YK5D3hIqms
— Daniel Schteingart (@danyscht) October 24, 2026
De acuerdo con los datos de Schteingart, entre 1950 y 1980, Brasil incrementó su PIB per cápita 4,5% por año, acortando la brecha con Estados Unidos.
En 1950, un habitante estadounidense percibía un ingreso siete veces mayor al brasilero, y 30 años después, se redujo a tres veces y media.
A partir de entonces, Brasil creció al 1,5% per cápita por año, y la brecha de ingreso por habitante entre ambos países se amplió a cuatro veces.
Esta desaceleración en el crecimiento repercutió en el peso de Brasil en la economía mundial. En 1980, representaba el 3%, y en 2025, se redujo al 2,4%.

Schteingart explicó que, durante gran parte del siglo XX, el país vecino llevó adelante un profundo proceso de industrialización. Logró así diversificar su manufactura con “autos, maquinaria, productos químicos y hasta aviones”.
Como consecuencia, los productos primarios cedieron en la canasta exportadora: pasaron de representar el 80% de las ventas al exterior a principios de los 60, al 41% para 1980 y al 25% en el 2000.
En paralelo, las exportaciones industriales se expandieron, al punto tal de que “en 2000, los aviones de Embraer llegaron a ser el principal producto exportado por Brasil”.

Pero en este siglo, la tendencia se dio vuelta y los productos primarios alcanzaron en la actualidad el 61% de las exportaciones. Entre las causas de esta reprimarización, Schteingart destaca la expansión agrícola, minera e hidrocarburífera, así como la demanda china de soja, mineral de hierro y petróleo.
“Las manufacturas de baja, media y alta tecnología pasaron de representar el 49% de las exportaciones brasileñas de bienes en 2000 al 19% en 2024, una proporción parecida a la de 1974”.
Este cambio transformó el poder económico en Brasil: la tradicional burguesía industrial paulista perdió protagonismo en detrimento del agronegocio.

El problema es el impacto en el empleo: Brasil tiene más de 200 millones de habitantes, y las actividades primarias generan relativamente pocos puestos de trabajo. Para mejorar su PIB per cápita, el país vecino va a requerir algo más que agro, minería y petróleo. Un dilema que resuena también en Argentina.