25/10/2026 - Edición Nº1356

Internacionales

RELACIÓN BILATERAL

Argentina-Brasil: una relación que sobrevivió a guerras, crisis y presidentes enfrentados

25/10/2026 | La larga convivencia con nuestros vecinos pasó del enfrentamiento armado a la colaboración como hermanos.



Argentina y Brasil comparten mucho más que una extensa frontera. Son dos de los países más importantes de América del Sur, mantienen economías estrechamente vinculadas y protagonizan una relación bilateral que atravesó guerras, crisis económicas, diferencias ideológicas y cambios de rumbo político. La convivencia entre ambos Estados no fue sencilla: durante buena parte de su historia, la competencia por la influencia regional condicionó sus vínculos. Tuvieron que pasar muchos años -y mucha sangre- antes que ambos pudieran entender que su destino estaba entrelazado.

La actualidad ofrece una nueva muestra de esa tensión. Los presidentes Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva mantienen profundas diferencias políticas y personales, que llegaron a afectar el nivel de representación diplomática entre Buenos Aires y Brasilia. Para comprender por qué esa situación no equivale necesariamente a una ruptura entre los dos países, es necesario volver sobre una historia que comenzó mucho antes de la llegada de ambos dirigentes al poder.

Rivalidad colonial y guerra

Los antecedentes de la relación entre Argentina y Brasil se remontan a la disputa entre los imperios español y portugués por el control de la Banda Oriental y del Río de la Plata. La fundación portuguesa de Colonia del Sacramento, en 1680, se convirtió en uno de los primeros focos de una competencia geopolítica que se prolongaría durante siglos, entre tratados, negociaciones y enfrentamientos armados.

Después de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, las diferencias no desaparecieron. Entre 1825 y 1828, las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil se enfrentaron en una guerra cuyo eje fue el control de la Banda Oriental, que se había incorporado a la revolución rioplatense y proclamado su unión con las Provincias Unidas el 25 de agosto de 1825.

El conflicto terminó con la Convención Preliminar de Paz de 1828, que estableció las bases para la independencia del Estado Oriental del Uruguay. La mediación británica tuvo un papel central en las negociaciones. La creación de Uruguay como Estado independiente modificó el equilibrio regional y cerró aquella guerra sin resolver definitivamente la competencia por la influencia en el Cono Sur.

De la Guerra Grande a la Triple Alianza

La rivalidad continuó durante buena parte del siglo XIX, en un escenario marcado por las guerras civiles y las disputas por la organización política de los nuevos Estados. Durante la Guerra Grande uruguaya (1839-1851), el Imperio del Brasil apoyó a los colorados, mientras que el gobierno de Juan Manuel de Rosas respaldó a los blancos. La intervención brasileña y los cambios de alianzas regionales contribuyeron al desenlace de aquella prolongada crisis.

El humo de la guerra uruguaya no se había disipado, cuando en ese mismo 1851 el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, incorpora fuerzas brasileñas a su ejército. Esas tropas participaron en la campaña que terminó con la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. La caída del gobernador bonaerense abrió una nueva etapa en la organización política argentina y en el equilibrio de poder sudamericano.

Justo José de Urquiza

Años después, Argentina y Brasil fueron aliados en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay, entre 1864 y 1870, junto con Uruguay. Esa cooperación no eliminó la competencia por el liderazgo regional, pero mostró que los intereses de ambos países podían coincidir incluso después de largos períodos de desconfianza.

Con la consolidación de los Estados nacionales y el crecimiento de sus economías, las prioridades comenzaron a modificarse. La competencia militar fue perdiendo centralidad frente a la necesidad de ampliar el comercio, desarrollar infraestructura y establecer mecanismos de cooperación.

Roca y Campos Salles: la diplomacia de acercamiento

A fines del siglo XIX, las presidencias de Julio Argentino Roca y Manuel Ferraz de Campos Salles contribuyeron a consolidar un acercamiento entre Argentina y Brasil. Las visitas presidenciales de 1899 y 1900 constituyeron señales políticas de distensión y expresaron la voluntad de ambos gobiernos de reducir los recelos heredados del pasado.

El vínculo entre ambos mandatarios se desarrolló en un contexto en el que las disputas territoriales y la competencia armamentista todavía formaban parte de las preocupaciones estratégicas de la región. El acercamiento diplomático ayudó a fortalecer la confianza, aunque no eliminó las diferencias ni convirtió a los dos países en aliados permanentes en todos los asuntos internacionales.

Campos Salles y Roca

La importancia de esa etapa radicó en que mostró la posibilidad de administrar las rivalidades mediante el diálogo presidencial y la diplomacia. La relación bilateral comenzaba a demostrar que la estabilidad regional podía resultar más conveniente que una competencia permanente por la supremacía sudamericana.

Perón, Vargas y el proyecto de integración regional

A mediados del siglo XX, Juan Domingo Perón y Getúlio Vargas representaron dos experiencias políticas que otorgaron importancia a la industrialización, la intervención estatal y las políticas sociales. En ese contexto, la posibilidad de una mayor coordinación entre Argentina, Brasil y Chile volvió a ocupar un lugar en el debate sobre la autonomía regional.

El antecedente era el Pacto ABC, una iniciativa de cooperación entre Argentina, Brasil y Chile que tenía raíces anteriores al peronismo y que Perón buscó revitalizar durante su segundo gobierno. En 1953, el presidente argentino defendió una mayor integración económica y política como forma de fortalecer la capacidad de negociación de los países sudamericanos frente a las grandes potencias.

El proyecto no llegó a consolidarse como una alianza regional institucionalizada. Las diferencias políticas, las resistencias internas y las desconfianzas entre sectores dirigentes limitaron sus posibilidades. Aunque existieron contactos y gestiones para profundizar el entendimiento, no corresponde atribuir exclusivamente a la oposición brasileña o a las presiones de Washington el fracaso de aquella iniciativa.

El suicidio de Vargas, en agosto de 1954, y el derrocamiento de Perón, en septiembre de 1955, cerraron una etapa política en ambos países. La idea de una integración sudamericana, sin embargo, no desapareció: reaparecería bajo otras formas en las décadas siguientes.

Itaipú, Corpus y Malvinas: de la rivalidad a la cooperación

Durante la década de 1970, las dictaduras militares de Argentina y Brasil mantuvieron una disputa estratégica por el aprovechamiento hidroeléctrico del río Paraná. La construcción de Itaipú, impulsada por Brasil y Paraguay, generó preocupación en Buenos Aires por sus posibles efectos sobre el proyecto argentino-paraguayo de Corpus. La controversia, conocida en algunas fuentes como la «guerra del agua», se encauzó mediante el Acuerdo Tripartito firmado el 19 de octubre de 1979, que estableció condiciones técnicas para compatibilizar ambos emprendimientos.

La Guerra de Malvinas, en 1982, puso a prueba ese vínculo en un escenario diferente. Brasil, bajo la presidencia de João Figueiredo, mantuvo una posición de neutralidad formal, pero respaldó diplomáticamente a la Argentina y asumió la representación de sus intereses en Londres tras la ruptura de relaciones con el Reino Unido. Durante el conflicto, un bombardero británico Vulcan debió aterrizar en Río de Janeiro y quedó retenido por las autoridades brasileñas.

El episodio reflejó los límites que Brasil estaba dispuesto a imponer a determinadas operaciones británicas, sin convertirlo por ello en un participante militar del lado argentino. El acercamiento entre ambos países continuó durante el retorno a la democracia, al profundizar la cooperación política, económica y nuclear. 

Alfonsín y Sarney: el giro que cambió la relación

La recuperación democrática en Argentina y Brasil durante la década de 1980 abrió una etapa decisiva. Raúl Alfonsín y José Sarney comprendieron que la cooperación bilateral podía contribuir tanto a fortalecer las instituciones democráticas como a reducir las desconfianzas históricas.

El 30 de noviembre de 1985, ambos presidentes firmaron la Declaración de Iguazú, un compromiso político que sentó las bases de un acercamiento más profundo. La iniciativa contemplaba áreas de cooperación económica, técnica y energética, además de una voluntad compartida de avanzar hacia una integración regional. Poco después se sumó Julio María Sanguinetti, presidente del Uruguay.

Raúl Alfonsín y José Sarney

El entendimiento no significó que desaparecieran las diferencias entre los dos países. Su importancia radicó en que permitió comenzar a construir una relación basada en acuerdos institucionales, en lugar de dejar el vínculo sujeto exclusivamente a las decisiones coyunturales de cada gobierno. La cooperación nuclear también se convirtió en una pieza importante de ese proceso, al reducir las desconfianzas estratégicas y favorecer el uso pacífico de la tecnología.

A partir de ese acercamiento se desarrolló un proceso de integración que continuó durante las presidencias de Carlos Menem y Fernando Collor de Mello. La cooperación dejó de ser solamente una herramienta diplomática para convertirse también en un instrumento de transformación económica.

El Mercosur y la construcción de intereses comunes

El 26 de marzo de 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción, que estableció las bases del Mercado Común del Sur (Mercosur). El objetivo era avanzar hacia la integración económica mediante la reducción de barreras comerciales, la coordinación de políticas y la creación de un espacio regional compartido.

La iniciativa modificó el sentido estratégico de la relación bilateral. Argentina y Brasil dejaron de ser únicamente dos países vecinos con intereses que podían competir y pasaron a ser los principales impulsores de un proyecto de integración que buscaba ampliar sus oportunidades comerciales y fortalecer su posición internacional.

El Mercosur atravesó etapas de crecimiento, crisis y desacuerdos. Las diferencias sobre aranceles, política industrial, apertura comercial y relaciones con otros bloques económicos generaron discusiones recurrentes. Sin embargo, el proceso de integración continuó incluso cuando los gobiernos tuvieron orientaciones ideológicas distintas.

La dimensión económica explica una parte central de esa persistencia. Brasil es un socio comercial fundamental para la Argentina, especialmente por el intercambio de manufacturas, la industria automotriz y las cadenas productivas que conectan empresas de ambos países. Una crisis política puede dificultar las negociaciones, pero no elimina de un día para otro los intereses empresariales, laborales y comerciales que se desarrollaron durante décadas.

Milei y Lula: una crisis que excede las diferencias ideológicas

La relación bilateral volvió a deteriorarse con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada y la continuidad de Lula en la presidencia brasileña. Las diferencias sobre el papel del Estado, la integración regional y la orientación de la política exterior estuvieron acompañadas por enfrentamientos personales y declaraciones públicas de ambos mandatarios.

En agosto de 2026, Brasil decidió rebajar el nivel de las relaciones diplomáticas con la Argentina y mantenerlas bajo la representación de encargados de negocios, luego de nuevos ataques verbales de Milei contra Lula. La decisión formalizó un deterioro que ya venía acumulándose y limitó el canal diplomático de mayor jerarquía entre ambos gobiernos.

Lula y Milei, en una cumbre del Mercosur

La disputa se extendió también al escenario electoral brasileño. Milei expresó su respaldo a Flávio Bolsonaro, rival de Lula en las elecciones presidenciales, en un contexto en el que las diferencias entre ambos mandatarios adquirieron una dimensión regional. El enfrentamiento dejó en evidencia que las afinidades ideológicas con otros dirigentes podían incidir en el vínculo entre los dos países.

El resultado electoral brasileño puede modificar el escenario político actual, pero no elimina los condicionantes estructurales del vínculo bilateral. La relación entre ambos países, por encima del trato entre sus presidentes, depende también de los sectores productivos, sus compromisos comerciales y los acuerdos regionales que construyeron a lo largo del tiempo. La historia de Argentina y Brasil así lo demuestra.