El regreso de María Corina Machado a Venezuela, confirmado este domingo 25 de octubre, ha colocado nuevamente a Colombia en el centro de la política regional y ha abierto interrogantes sobre la posible intervención del presidente Abelardo de la Espriella en las gestiones que facilitaron su retorno. La dirigente venezolana reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, estado Lara, después de casi diez meses fuera del territorio nacional y de numerosos intentos fallidos para regresar. Su presencia representa un cambio político relevante porque devuelve al escenario venezolano a una de las principales figuras opositoras, hasta ahora ausente de las negociaciones que buscan definir el futuro institucional del país. Sin embargo, los detalles sobre la operación, sus responsables y las garantías obtenidas todavía permanecen parcialmente reservados.
De la Espriella, quien asumió la Presidencia de Colombia el pasado 7 de agosto, mantenía una relación política con Machado desde antes de llegar al poder. En abril, ambos sostuvieron una conversación sobre cooperación democrática y reconstrucción institucional, durante la cual el entonces candidato colombiano reconoció que la experiencia venezolana de defensa electoral había inspirado su propio movimiento político. Posteriormente, en agosto, intercambiaron mensajes públicos de respaldo y cooperación. El presidente colombiano aseguró entonces que su gobierno mantendría una disposición favorable hacia quienes defendieran las libertades democráticas en Venezuela. Estos antecedentes explican por qué su nombre adquiere relevancia ante el retorno de Machado, aunque la existencia de una relación política no demuestra, por sí sola, una participación directa en la operación de ingreso.
La hipótesis de una entrada por territorio colombiano ha ganado fuerza a partir de distintas reconstrucciones publicadas durante la jornada. Según esas informaciones, Machado habría conseguido atravesar la frontera durante el fin de semana del 24 y 25 de octubre, después de una serie de gestiones diplomáticas que involucraron a distintos países. Una publicación también atribuye a De la Espriella colaboración en el regreso definitivo. De confirmarse esa intervención, sería relevante para comprender cómo Colombia utilizó sus canales diplomáticos y fronterizos en un proceso especialmente sensible para Caracas y Washington. Por ahora, no se conocen documentos oficiales, declaraciones detalladas del mandatario colombiano ni testimonios directos de los organizadores que permitan establecer qué instrucciones impartió, qué recursos facilitó su Gobierno o cuál fue su responsabilidad concreta.
La reconstrucción contiene, además, un antecedente que impide presentar la actuación colombiana como una colaboración ininterrumpida. Una investigación periodística sostiene que, durante septiembre, el Gobierno de De la Espriella habría planteado resistencias de última hora a otro intento de ingreso desde Colombia, frustrando los planes de Machado pese a que parte de su equipo ya se encontraba en Venezuela. Esa versión tampoco ha sido acompañada públicamente por documentación suficiente para establecer las razones de las supuestas objeciones. El contraste entre aquel episodio y el retorno finalmente concretado plantea interrogantes importantes: si hubo un cambio de posición de Bogotá, si aparecieron nuevas garantías de seguridad o si las conversaciones entre distintos gobiernos modificaron las condiciones necesarias para cruzar la frontera.
#Atención El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió al regreso de María Corina Machado a Venezuela. “Espero que esté a salvo. Es una mujer muy agradable. Pero nos está yendo realmente bien en Venezuela”, dijo el mandatario al ser preguntado sobre su opinión acerca de la llegada de la líder opositora al país.
— BluRadio Colombia (@BluRadioCo) October 25, 2026
La reacción de Donald Trump añadió una dimensión inesperada al episodio. Consultado este domingo por periodistas en Washington, el presidente estadounidense aseguró que no sabía nada sobre el retorno de Machado y expresó su deseo de que estuviera a salvo. Sus declaraciones no equivalen necesariamente a una afirmación de que el Departamento de Estado desconociera la operación ni prueban que la dirigente hubiera ingresado contra instrucciones de la Casa Blanca. La distinción es esencial porque una decisión diplomática puede involucrar a funcionarios y gobiernos aliados sin que todos sus detalles hayan sido comunicados personalmente al jefe del Ejecutivo. Tampoco existe hasta ahora una confirmación pública de que Trump hubiese autorizado individualmente el desplazamiento.
Por su parte, Marco Rubio presentó una interpretación diferente sobre las condiciones que hicieron posible el regreso. El secretario de Estado sostuvo que la seguridad necesaria para el retorno de Machado era consecuencia directa de las conversaciones de reconciliación respaldadas por Estados Unidos. También relacionó ese proceso con la liberación de presos políticos y el regreso de dirigentes opositores exiliados. Su pronunciamiento atribuye importancia a la negociación política, pero no identifica a los países que participaron en los preparativos del viaje ni señala a De la Espriella como responsable de su ejecución. Las declaraciones de Trump y Rubio, por tanto, no constituyen necesariamente versiones incompatibles: una se refiere al conocimiento presidencial inmediato y la otra al proceso diplomático más amplio que, según Washington, creó las condiciones para el retorno.

La reunión celebrada el 8 de septiembre en Barranquilla entre De la Espriella y Rubio constituye uno de los antecedentes verificables de esa cooperación. Durante el encuentro, ambas administraciones abordaron seguridad, relaciones comerciales, reconstrucción económica y estabilidad regional. El mandatario colombiano manifestó expresamente su disposición a profundizar la cooperación fronteriza, migratoria y de seguridad en asuntos relacionados con Venezuela, consciente de las consecuencias que la situación del país vecino tiene sobre Colombia. No existe información pública suficiente para afirmar que en aquella reunión se acordara el ingreso de Machado. Sí quedó establecida una interlocución institucional de alto nivel que resulta pertinente para analizar la coordinación posterior entre Bogotá y Washington.
Paralelamente, Estados Unidos había impulsado conversaciones entre representantes de la Asamblea Nacional venezolana de 2015, encabezados por Dinorah Figuera, y el Gobierno interino de Delcy Rodríguez, instalado después de la captura de Nicolás Maduro en enero. El Departamento de Estado informó el 22 de octubre sobre avances en reformas institucionales, libertades políticas y liberación de detenidos. La iniciativa también contempla condiciones para una futura competencia electoral. La explicación estadounidense sitúa el regreso de Machado dentro de ese proceso de apertura negociada, aunque la dirigente no había ocupado un lugar central en sus conversaciones. En consecuencia, corresponde distinguir entre las reformas que habrían contribuido a reducir los obstáculos políticos para su retorno y cualquier operativo específico en el que hubieran participado autoridades colombianas.
María Corina, por fin con su pueblo. Exigimos que se garantice su seguridad. Y elecciones libres YA. ¡Viva Venezuela Libre! Y muera la cleptocracia. @MariaCorinaYA https://t.co/yzIgG6EWDY
— Cayetana Álvarez de Toledo (@cayetanaAT) October 25, 2026
Para Colombia, el episodio tiene una importancia que supera la relación personal entre sus protagonistas. Ambos países comparten más de 2.000 kilómetros de frontera, intensos vínculos económicos y comunidades afectadas por años de desplazamientos y tensiones institucionales. En ese contexto, el Gobierno de De la Espriella dispone de instrumentos diplomáticos que podrían contribuir a facilitar contactos entre sectores venezolanos, reforzar mecanismos de seguridad fronteriza y acompañar acuerdos sobre garantías políticas. Su cercanía pública con Machado y su relación con Washington lo sitúan en una posición relevante dentro de ese escenario. La eventual confirmación de una intervención colombiana en el regreso permitiría determinar si esa capacidad de interlocución se tradujo efectivamente en una actuación concreta durante los preparativos del viaje.
El desafío inmediato comienza ahora dentro de Venezuela. Machado vuelve a un país gobernado provisionalmente por Delcy Rodríguez, con reformas institucionales todavía pendientes y sin una fecha confirmada para nuevas elecciones presidenciales. Su regreso podría modificar las conversaciones sobre representación opositora, garantías de participación, renovación del sistema electoral y seguridad de los dirigentes que permanecieron en el exilio. También introduce una pregunta decisiva para los gobiernos de Colombia y Estados Unidos: cómo garantizar que la apertura política incluya a los distintos sectores venezolanos sin convertir las negociaciones en un mecanismo de exclusión. En esa etapa, el papel de De la Espriella deberá evaluarse a partir de sus próximas decisiones y de la información que se conozca sobre su intervención. La importancia histórica del retorno de Machado está confirmada; la dimensión exacta de la contribución colombiana todavía requiere esclarecimiento.
#AHORA | ¡Así reciben a María Corina en Yaracuy! 🇻🇪 El estado Yaracuy se desborda en las calles con la fuerza, la valentía y la esperanza de un pueblo organizado que decidió conquistar su futuro. https://t.co/ZI1q6jDtK7
— Vente Venezuela (@VenteVenezuela) October 25, 2026