La televisión argentina tuvo formatos que dejaron su marca por la combinación de figuras, estilos y una manera particular de abordar la actualidad. Uno de ellos fue Cotidiano, el magazine que desembarcó en Canal 9 en agosto de 2002, cuando la emisora comenzaba una nueva etapa bajo la dirección de Daniel Hadad.
El ciclo reunió a cinco nombres con personalidades muy distintas, pero con algo en común: una fuerte presencia en los medios. Oscar “El Negro” González Oro, Beto Casella, Baby Etchecopar, Lito Pintos y Patricia Miccio fueron los encargados de darle vida a una propuesta que buscaba romper con el molde de los programas vespertinos de aquel momento.
La idea era sencilla, pero ambiciosa: poner sobre la mesa los temas que atravesaban a la sociedad, sumar información desde la calle y permitir que cada conductor aportara su mirada. El resultado fue un formato de actualidad con discusiones, humor, opiniones fuertes y una convivencia televisiva que podía ser tan entretenida como explosiva.
El principal atractivo del programa estaba en su equipo. Lejos de apostar por una conducción homogénea, la producción reunió perfiles que podían complementarse, pero también chocar al aire.
Oscar González Oro: aportaba su experiencia periodística y una personalidad consolidada en la radio, donde se destacaba por su manera directa de opinar sobre la actualidad.
Beto Casella: sumaba ironía, humor y una mirada descontracturada, características que luego se convertirían en una marca reconocible de su carrera televisiva.
Baby Etchecopar: aportaba un estilo frontal y provocador, con opiniones contundentes sobre los temas que se discutían en el estudio.
Lito Pintos: completaba el grupo masculino con su experiencia periodística y su participación en los debates del programa.
Patricia Miccio: era la figura femenina del equipo y funcionaba como contrapunto frente a las personalidades fuertes de sus compañeros. Además, participaba en los temas vinculados con la salud, la moda, la cocina y otros asuntos de interés general.
La producción ejecutiva estaba a cargo de Diego Toni, mientras que la dirección correspondía a Oscar Sonzini. La combinación no pasaba inadvertida. En una televisión acostumbrada a distribuir los roles de manera más convencional, Cotidiano apostaba a una mesa con varias voces, opiniones marcadas y un ritmo que dependía tanto de los temas como de la personalidad de sus integrantes.
El programa se emitía de lunes a viernes, inicialmente de 16 a 18, y funcionaba como un magazine periodístico de dos horas. Su propuesta combinaba actualidad, información policial, inseguridad, temas sociales y cuestiones más livianas, con la participación de móviles callejeros que aportaban información desde distintos puntos.
La actualidad ocupaba un lugar central. Los conductores debatían sobre los acontecimientos del día, exponían sus opiniones y discutían entre ellos, mientras que los móviles permitían mantener el contacto con lo que sucedía fuera del estudio. Pero el ciclo también tenía espacio para otros contenidos. La salud, la sexología, la moda y la cocina aparecían como alternativas para diversificar la agenda y evitar que toda la emisión girara alrededor de las noticias más duras.
Cotidiano fue una apuesta relevante dentro de la programación de Canal 9, aunque conviene distinguir su repercusión por la composición del equipo y su propuesta editorial de un liderazgo de audiencia que no está documentado con cifras precisas. En una crítica publicada por LA NACION el 29 de agosto de 2002, a pocos días del estreno, el ciclo fue analizado como una expresión del perfil que el canal buscaba imponer. El artículo destacaba la combinación de conductores de fuerte personalidad, la cobertura de la inseguridad y el aporte de los móviles callejeros.
Sin embargo, aquella evaluación también señalaba dificultades en la dinámica del estudio: las interrupciones simultáneas, el volumen de las discusiones y algunos cruces que podían restar profundidad al tratamiento de los temas. Por eso, más que definirlo como un éxito indiscutido de rating, resulta más preciso recordarlo como un formato particular dentro de la televisión de comienzos de siglo, con una identidad reconocible y un equipo que concentraba figuras de peso en el periodismo y el entretenimiento.
Con el paso de los años, los caminos profesionales de sus integrantes continuaron por distintas vías. Beto Casella consolidó su lugar en la televisión con formatos de actualidad y humor; Baby Etchecopar profundizó su perfil como conductor radial y televisivo; y González Oro mantuvo una extensa trayectoria vinculada principalmente con la radio.