La relación entre Israel y la Argentina tiene una historia que no puede reducirse a la afinidad de hoy entre sus gobiernos. A lo largo de las últimas décadas, ambos países mantuvieron vínculos diplomáticos, comerciales y de cooperación en materia de defensa, incluso en contextos internacionales complejos. La Guerra de Malvinas de 1982 constituye uno de los antecedentes más significativos de esa relación y permite comprender por qué las noticias sobre la posición israelí frente al archipiélago despiertan interés en Buenos Aires.
La última novedad en la materia es reciente. El sábado pasado, el diario británico The Telegraph afirmó que el primer ministro Benjamin Netanyahu habría instruido a diplomáticos israelíes para respaldar negociaciones directas entre la Argentina y el Reino Unido sobre las islas. Javier Milei celebró la noticia en redes sociales y fue más allá. Respondió con un posteo en X en el que compartió una noticia del Jerusalem Post, que tituló: “Netanyahu cambia la postura de Israel para favorecer a Argentina en la disputa por las Malvinas, según un informe”.
I categorically deny this allegation. No such directive exists. https://t.co/VI2T9u5T9f
— Alex Gandler (@AlexGandler) October 24, 2026
Por su parte, el portavoz de la Embajada de Israel en Reino Unido, Alex Gandler, lo desmintió: “Niego categóricamente esta acusación. No existe tal directiva” expresó de manera enérgica, para despejar todo tipo de dudas. Lo cierto es que más allá de las idas y vueltas del fin de semana, Malvinas ocupa un lugar de privilegio en la agenda de ambos gobiernos desde hace mucho tiempo.
Durante la guerra del Atlántico Sur, Israel suministró armamento y material militar a la Argentina. Entre los equipos adquiridos se encontraban aviones de combate Nesher, conocidos como Dagger en la Fuerza Aérea Argentina, además de repuestos y otros suministros. Esto fue confirmado recién en agosto de 2016, cuando el Foreign Office dio a conocer documentos clasificados que antes habían sido publicados en el libro “Operacion Israel: El rearme argentino durante la dictadura 1976-1983” de Hernán Dobry, en 2011.

Aquellas operaciones se desarrollaron en un escenario internacional difícil para Buenos Aires, condicionado por las restricciones de abastecimiento y las posiciones adoptadas por distintos países. Menahem Beguin era el primer ministro Israelí desde 1977. En Argentina la Junta Militar iba a los tumbos. El teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri era presidente de facto desde el 22 de diciembre de 1981 y se mantuvo en el cargo hasta el 17 de junio de 1982.
En marzo, AMT Ediciones publicará la versión ampliada y corregida de mi primer libro “Operación Israel: el rearme argentino durante la dictadura (1976-1983)”, 14 años después de su salida. Puedes reservar tu ejemplar por mail a [email protected] o al Whatsapp +5491160570707 https://t.co/fSvGMnCQ6m
— Hernán Dobry (@HernanDobry) February 21, 2025
Los militares que usurparon el poder en 1976 nunca se declararon oficialmente como antisemitas, pero tampoco tenían simpatía por nada que tuviera que ver con la religión judía. De hecho, tuvieron un trato distinto para los detenidos-desaparecidos que pertenecían a la comunidad o que tenían alguna conexión con Israel. Eso quedó expuesto por la detención del periodista Jacobo Timerman y posteriormente en Informes de la DAIA y de B'nai B'rith Argentina, para el Juicio a las Juntas del año 1985.
La situación que tuvo lugar en nuestro en los años más duros de la dictadura no impidió que en 1982 la Argentina acepte combatir con armamento israelí. El episodio muestra que las relaciones entre Estados suelen desarrollarse en escenarios complejos, donde hay cuestiones que siempre pueden pasar a un segundo plano.
Durante los primeros años de su gestión, Javier Milei priorizó una política exterior de fuerte alineamiento con Estados Unidos e Israel. Sin embargo, la cuestión Malvinas fue ganando espacio en su discurso hasta convertirse, en septiembre de 2026, en uno de los ejes centrales de su mensaje internacional. El movimiento vino unos meses después del partido Argentina-Inglaterra, válido por la semifinal del Mundial, al término del cual los jugadores desplegaron la icónica bandera sobre Malvinas.
La evolución se observa en sus intervenciones ante las Naciones Unidas. En 2024, Milei no incluyó Malvinas en su discurso; en 2025 reiteró el reclamo y convocó al Reino Unido a retomar las negociaciones bilaterales. Este año fue más allá: en una cadena nacional del 3 de septiembre anunció medidas vinculadas con la defensa de la soberanía y, días después, dedicó una parte sustancial de su discurso ante la Asamblea General de la ONU a la disputa con Londres.
El mandatario ante se había reconocido como admirador de Margaret Thatcher, calificó a Malvinas como una “causa nacional”, cuestionó la continuidad de la explotación de recursos naturales en el área disputada y anunció acciones jurídicas y sanciones contra empresas involucradas, además de impulsar una iniciativa legislativa sobre defensa de la soberanía. Algo realmente impensado para el Milei de años atrás.

Este idilio político encuentra su límite más complejo en el plano económico y en el histórico reclamo por las Islas Malvinas. El mayor punto de fricción bilateral es el proyecto Sea Lion (León Marino), un megaproyecto para extraer petróleo al norte del archipiélago donde la firma israelí Navitas Petroleum posee el 65% de las acciones en alianza con la británica Rockhopper Exploration.
Al operar con licencias otorgadas de una forma que el gobierno argentino considera ilegal por el gobierno colonial isleño, la respuesta de la administración argentina denunció penalmente a la empresa y a sus directivos.

Esta contradicción expone el pragmatismo con el que ambos Estados manejan su agenda. Por un lado, firman los Acuerdos de Isaac, mientras por el otro, Milei estrena su patriotismo con la causa Malvinas. Así, la relación actual demuestra que el alineamiento estratégico puede tener algunos puntos de distancia.