Las elecciones legislativas de Israel 2026 cerraron este martes 27 de octubre con una participación histórica y un escenario político que mantiene abierto el futuro de Benjamin Netanyahu. Los primeros sondeos a boca de urna muestran que el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot obtendría más bancas que la coalición del actual primer ministro, aunque ninguna de las dos fuerzas reúne los apoyos suficientes para garantizar la formación del próximo gobierno.
Las proyecciones actualizadas de la televisión pública Kan 11, Canal 12 y Canal 13 coinciden en asignar 52 bancas al bloque opositor, 50 al oficialismo de Netanyahu y 18 a los partidos árabes israelíes. La Knéset, el Parlamento nacional, cuenta con 120 diputados y una mayoría absoluta requiere 61 escaños.

Sin embargo, existe una aparente contradicción que explica buena parte de la complejidad política israelí: el Likud de Netanyahu sería el partido individual más votado, pese a que el conjunto de fuerzas opositoras alcanzaría una representación parlamentaria superior.
La jornada también dejó otro dato significativo. Según la Comisión Electoral Central, la participación alcanzó el 77,7 por ciento del padrón al cierre general de las urnas, la más elevada desde 1999. Más de 5,6 millones de israelíes concurrieron a votar, en la primera elección legislativa desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores.
Por ahora, todas las cifras de bancas son estimaciones televisivas. El escrutinio oficial comenzó tras el cierre de las urnas, pero todavía no existe una distribución definitiva de los 120 escaños.
La explicación está en el funcionamiento del sistema parlamentario israelí. A diferencia de Argentina, donde los ciudadanos eligen directamente al presidente mediante el voto popular, en Israel los electores votan listas de partidos para integrar la Knéset.
Cada agrupación obtiene una cantidad de bancas proporcional a sus votos, siempre que supere el umbral electoral del 3,25 por ciento. Después, los partidos deben negociar alianzas para formar gobierno.
Los primeros sondeos de Kan 11 y Canal 13 proyectaron 53 bancas para el bloque opositor de Eisenkot, 50 para Netanyahu y 17 para las fuerzas árabes. Posteriormente, las estimaciones fueron corregidas. En sus actualizaciones, Kan 11, Canal 12 y Canal 13 coincidieron en la distribución de 52, 50 y 18, respectivamente.
| Fuerza política | Bancas proyectadas |
|---|---|
| Likud de Netanyahu, partido individual | 24–25 |
| Yashar de Eisenkot, partido individual | 21–23 |
| Bloque completo de Netanyahu | 50 |
| Bloque opositor encabezado por Eisenkot | 52 |
| Partidos árabes, contabilizados por separado | 18 |
| Mayoría absoluta | 61 |
Esto significa que Netanyahu tendría el partido más grande de la Knéset, pero Eisenkot encabezaría un conjunto de partidos con más diputados. No son 52 legisladores de Yashar, sino una suma de fuerzas políticas que coinciden en oponerse a la continuidad del actual primer ministro.
El reparto, además, no es uniforme en todas las encuestas. Canal 14, por ejemplo, proyectó un escenario más favorable al oficialismo, con 60 escaños para el bloque de Netanyahu. Por eso, ninguna estimación televisiva debe confundirse con el resultado oficial de la elección.
El verdadero problema aparece al intentar reunir una mayoría parlamentaria. Netanyahu necesitaría sumar apoyos fuera de su actual alianza. Eisenkot también tendría que negociar con partidos que mantienen diferencias entre sí sobre seguridad, religión, servicio militar y la participación de las fuerzas árabes en el gobierno.
Los partidos árabes israelíes podrían adquirir un protagonismo decisivo. La Lista Conjunta y Ra'am alcanzarían conjuntamente entre 17 y 18 diputados según los sondeos, una representación histórica.
Aunque esas agrupaciones se oponen mayoritariamente a la continuidad de Netanyahu, no integran automáticamente el bloque de Eisenkot. Algunos partidos opositores han rechazado formar un gobierno junto a fuerzas árabes, mientras otros contemplan acuerdos o respaldos parlamentarios externos.
En consecuencia, sumar matemáticamente las 52 bancas opositoras con las 18 de los partidos árabes no garantiza que exista una coalición de gobierno. También podría explorarse un gabinete minoritario que consiga el respaldo o la abstención de otras fuerzas en la votación de confianza.
Eisenkot interpretó los primeros sondeos como un rechazo político al gobierno de Netanyahu y manifestó su intención de impulsar una nueva administración. Pero esa declaración representa la posición del dirigente opositor, no una proclamación oficial de victoria.
Otra particularidad de Israel es que el presidente y el primer ministro son dos autoridades diferentes, con responsabilidades y mecanismos de elección distintos.
El actual presidente es Isaac Herzog, que asumió el 7 de julio de 2021 para un mandato de siete años. Por lo tanto, su período se extiende hasta 2028 y las elecciones legislativas de octubre de 2026 no ponen en juego la Presidencia de Israel.
Herzog es el jefe del Estado y cumple principalmente funciones institucionales, diplomáticas y de representación. Su cargo no depende de que Netanyahu o Eisenkot obtengan más votos. El presidente israelí es elegido por la Knéset mediante una votación parlamentaria específica, no por sufragio popular directo.
El primer ministro, en cambio, es quien encabeza el gobierno y conduce las principales decisiones políticas y ejecutivas del país.
Una vez conocidos los resultados oficiales de las elecciones, Herzog deberá consultar a los partidos representados en la nueva Knéset y decidir a qué legislador encomienda la formación de gobierno.

Ese dirigente no tiene por qué ser el líder del partido más votado. El presidente debe evaluar quién cuenta con mayores posibilidades de reunir el respaldo parlamentario necesario.
Por eso, aunque el Likud terminara siendo la principal fuerza individual, Netanyahu no tendría asegurada su continuidad. Y aunque el bloque de Eisenkot obtuviera más bancas, tampoco significaría que su dirigente se convertirá automáticamente en primer ministro.
El procedimiento establece un plazo inicial de 28 días para intentar formar gobierno, con la posibilidad de que el presidente conceda hasta 14 días adicionales. Si ese intento fracasa, pueden abrirse nuevas instancias de negociación y otros dirigentes pueden recibir la oportunidad de formar una administración.
El calendario electoral prevé que los resultados oficiales definitivos se publiquen hasta el 4 de noviembre de 2026. Después comenzarán formalmente las consultas presidenciales y la negociación entre las fuerzas parlamentarias. Herzog deberá encomendar la formación del gobierno dentro de los siete días posteriores a la publicación oficial de los resultados.
En otras palabras, el 4 de noviembre podría conocerse exactamente cuántas bancas consiguió cada partido, pero eso no significa que ese mismo día vaya a quedar definido el próximo primer ministro.
Si ningún dirigente logra reunir los acuerdos necesarios para constituir una administración, Israel podría atravesar un nuevo bloqueo político y eventualmente convocar a otras elecciones. Mientras no se forme un nuevo gobierno, Netanyahu y su gabinete continuarían en funciones como administración saliente.
El país ya vivió una situación semejante entre 2019 y 2022, cuando celebró cinco elecciones legislativas en menos de cuatro años como consecuencia de sucesivas dificultades para formar mayorías estables.
En esta ocasión, las negociaciones estarán condicionadas por las consecuencias del 7 de octubre de 2023, las operaciones militares y sus repercusiones internacionales, la situación económica, las reformas judiciales y el debate sobre la incorporación de los ultraortodoxos al servicio militar.
La distribución final de las bancas también dependerá del escrutinio de los votos emitidos en las mesas ordinarias y de los llamados sobres dobles, utilizados por determinados grupos de electores, entre ellos militares. Su contabilización posterior puede alterar los resultados de partidos que se encuentren cerca del umbral electoral.

La conclusión política inicial es que Israel terminó la jornada electoral sin un ganador capaz de garantizar por sí solo la formación del próximo gobierno. Los sondeos muestran una ventaja del bloque opositor en tres de los principales canales, pero también al Likud como primera fuerza individual. El escrutinio determinará las bancas y las negociaciones posteriores definirán quién gobernará.
Hasta entonces, Isaac Herzog seguirá siendo presidente y Benjamin Netanyahu continuará ejerciendo como primer ministro, sin que los sondeos permitan asegurar su permanencia o reemplazo una vez constituida la nueva Knéset.