27/10/2026 - Edición Nº1358

Internacionales

ISRAEL DEFINE SU FUTURO

Los Acuerdos de Isaac: el nuevo eje estratégico entre la Argentina e Israel

27/10/2026 | La iniciativa de Milei y Netanyahu busca extender a América Latina una alianza en seguridad, tecnología y valores compartidos. Su alcance está por verse.



La relación entre la Argentina e Israel ingresó en una nueva etapa el 19 de abril de 2026, cuando Javier Milei y Benjamín Netanyahu anunciaron en Jerusalén los Acuerdos de Isaac. La iniciativa propone ampliar la cooperación bilateral e incorporar a otros países del hemisferio occidental a un marco estratégico que combina la defensa de la democracia y la libertad con la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y el narcotráfico. También contempla una mayor coordinación diplomática y el desarrollo de vínculos en tecnología, innovación y comercio.

El anuncio expresa algo más que la afinidad personal entre ambos mandatarios. Milei busca proyectar su orientación ideológica sobre la política exterior argentina y construir una red de países que compartan su visión de Occidente. Netanyahu, por su parte, encuentra en el gobierno argentino un socio que respalda explícitamente a Israel y propone extender esa cooperación hacia América Latina. Sin embargo, una declaración conjunta no constituye por sí sola un bloque geopolítico consolidado: para medir su alcance es necesario examinar los instrumentos acordados, los intereses involucrados y la posibilidad de sumar nuevos participantes.

Una alianza con fundamentos ideológicos

Los Acuerdos de Isaac se inspiran expresamente en los Acuerdos de Abraham, impulsados en 2020 durante la primera presidencia de Donald Trump para normalizar las relaciones entre Israel y varios países árabes. La iniciativa presentada por Milei retoma aquella referencia diplomática, pero procura trasladar su lógica de cooperación a otro escenario regional, con énfasis en la afinidad política, la seguridad y la tradición judeocristiana.

El componente ideológico quedó expuesto en el discurso presidencial. Milei describió el acercamiento como una "unión moral, espiritual y política" y sostuvo que los países que comparten determinados valores deben organizarse para actuar en conjunto. Esa definición permite comprender la orientación del proyecto: no se trata únicamente de facilitar inversiones o ampliar el intercambio comercial, sino también de establecer coincidencias sobre democracia, libertad, terrorismo y posicionamiento internacional.

La apuesta, no obstante, plantea un interrogante. La coincidencia de valores puede facilitar acuerdos entre gobiernos, pero no elimina las diferencias en materia de intereses nacionales, prioridades económicas o estrategias diplomáticas. Para que la iniciativa trascienda el vínculo entre sus impulsores deberá ofrecer mecanismos de cooperación que resulten útiles para países con realidades políticas y necesidades diferentes.

Seguridad, inteligencia y política exterior

La cooperación en seguridad constituye uno de los ejes centrales del entendimiento. La declaración conjunta establece como objetivo mejorar la coordinación frente a las organizaciones terroristas, con especial atención a la expansión de las redes y de la presencia operativa de Irán en el hemisferio occidental. La cuestión adquiere una relevancia particular para la Argentina, que todavía busca justicia por los atentados contra la Embajada de Israel, en 1992, y la AMIA, en 1994.

El acercamiento también se inscribe en una modificación más amplia de la política exterior argentina. El gobierno de Milei expresa un respaldo político explícito a Israel y a Estados Unidos y procura coordinar posiciones con ambos países en los foros internacionales. Esa orientación contrasta con etapas anteriores, en las que la diplomacia argentina buscó preservar mayores márgenes de autonomía frente a los conflictos de Medio Oriente.

Javier Milei, presente el el acto por los 31 años del atentado a la AMIA

La cooperación, sin embargo, exige distinguir entre objetivos declarados y resultados verificables. La coordinación diplomática, el intercambio de información y la prevención del financiamiento terrorista requieren instrumentos concretos, reglas de actuación y continuidad institucional. Su eficacia no puede medirse solamente por la coincidencia de los discursos presidenciales, sino por los mecanismos que se implementen y los resultados que puedan demostrarse.

Tecnología, conectividad y oportunidades económicas

La dimensión tecnológica ofrece uno de los ejemplos más concretos del acercamiento. Durante la visita de abril, ambos gobiernos anunciaron la firma de un memorándum de entendimiento en inteligencia artificial, orientado al desarrollo conjunto de modelos, la formación de especialistas y la aplicación de esa tecnología en sectores productivos. El objetivo declarado es aprovechar la experiencia israelí y las capacidades profesionales argentinas para impulsar proyectos de innovación y ampliar la cooperación internacional.

En la misma ocasión, el canciller israelí Gideon Sa’ar destacó la apertura de una línea de crédito de 150 millones de dólares destinada a apoyar a empresas israelíes que operan en la Argentina. El anuncio constituye una oportunidad potencial para el intercambio económico, aunque su impacto dependerá de las condiciones de acceso, los proyectos financiados y los resultados de su implementación. La existencia de una línea de crédito, por sí sola, no demuestra que los recursos hayan sido desembolsados ni que hayan generado nuevas inversiones.

Canciller israelí Gideon Saar

La conectividad aérea también forma parte de esta nueva etapa. El Gobierno anunció la primera ruta directa entre Buenos Aires y Tel Aviv, operada por la aerolínea israelí El Al. La Administración Nacional de Aviación Civil aprobó la programación presentada por la compañía y el vuelo inaugural está previsto para el 29 de noviembre de 2026. La conexión puede facilitar los viajes, el turismo y los intercambios comerciales y culturales, aunque sus efectos económicos deberán evaluarse una vez que el servicio entre en funcionamiento.

El desarrollo tecnológico también plantea desafíos vinculados con la protección de datos, la privacidad y los usos de las herramientas de inteligencia artificial en ámbitos sensibles. La cooperación puede generar beneficios productivos, pero su evaluación requiere conocer los proyectos concretos, las condiciones de transferencia de conocimientos y las salvaguardas aplicables. En política exterior, la afinidad entre socios no reemplaza la necesidad de examinar los intereses y las consecuencias de cada acuerdo.

El desafío de construir un bloque regional

La principal incógnita de los Acuerdos de Isaac es su capacidad para ampliar la cooperación más allá de la Argentina y de Israel. La declaración fundacional invita a sumarse a otros países del hemisferio occidental que compartan sus principios. Sin embargo, la conformación de una red regional depende de decisiones soberanas, prioridades nacionales y consensos que no necesariamente coinciden con los de los gobiernos impulsores.

La política latinoamericana presenta diferencias significativas en sus relaciones con Israel, Estados Unidos e Irán, así como en sus posiciones sobre los conflictos internacionales. Esa diversidad no impide acuerdos específicos, pero dificulta suponer que una afinidad ideológica alcanzará para conformar un bloque homogéneo. La iniciativa deberá demostrar que puede generar beneficios concretos y sostener mecanismos de cooperación aun cuando cambien los gobiernos o las prioridades de política exterior.

Los Acuerdos de Isaac reflejan, en definitiva, una decisión de Milei de otorgarle al vínculo con Israel un lugar central en la proyección internacional de su administración. La seguridad, la tecnología, la conectividad y la coordinación diplomática ofrecen ámbitos concretos para desarrollar esa estrategia. Pero su trascendencia no se definirá por el nombre elegido ni por la intensidad de los discursos, sino por la capacidad de convertir los anuncios en compromisos duraderos, sumar nuevos socios y producir resultados verificables.