27/10/2026 - Edición Nº1358

Política

Emprendimiento

Renunció a 20 años de carrera y creó un juego de 10 minutos para detectar la pasión

27/10/2026 | Nicolás Bogacz tiene 44 años, es de Quilmes y decidió pegar un giro de 180 grados tras laburar dos décadas en grandes empresas: "No era mi vocación".



Hay quienes encuentran su vocación en la adolescencia, otros la descubren después de varios intentos y algunos pasan buena parte de su vida preguntándose si aquello que hacen todos los días es realmente lo que les gusta.

Nicolás Bogacz pertenece a este último grupo. Durante 20 años trabajó en Recursos Humanos, construyó una carrera profesional y encontró una actividad que le permitió desarrollarse. Pero había una pregunta que seguía dando vueltas: ¿y si todavía no había encontrado su verdadera pasión?

Esa inquietud, que durante mucho tiempo fue personal, terminó transformándose en un emprendimiento. Se llama Pathfinder y propone abordar la orientación vocacional desde otro lugar: en vez de sentar a un adolescente frente a un cuestionario tradicional, lo invita a jugar. En apenas 10 o 15 minutos, la plataforma analiza sus elecciones y su comportamiento para sugerirle áreas de estudio y carreras que podrían encajar con su perfil.

La iniciativa tiene apenas seis meses de vida, ya trabaja con seis colegios y cuenta con 400 perfiles validados. Además, Nicolás es finalista del concurso Emprendimiento Argentino. Pero detrás de la herramienta hay una historia que explica por qué decidió meterse en un terreno que, en principio, parecía bastante alejado de su experiencia laboral.

Un padre médico, una carrera elegida y una pasión pendiente

Nicolás es de Quilmes y estudió la Licenciatura en Recursos Humanos en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), donde cursó entre 2002 y 2005. Sin embargo, su recorrido hasta llegar a esa carrera no fue lineal.

“Mi viejo era médico y yo la verdad es que lo admiraba. Entonces me anoté en Medicina, pero hice medio cuatrimestre y salí espantado”, recuerda en diálogo con NewsDigitales con algunas risas.

Aquella primera experiencia fue el comienzo de una búsqueda que lo llevó a realizar un curso de orientación vocacional. En ese proceso apareció una pregunta que terminó siendo decisiva: si quería trabajar con personas, datos o cosas. “Ahí me di cuenta de que quería trabajar con datos y personas”, cuenta.

A partir de esa respuesta, empezó a explorar distintas alternativas hasta que se encontró con Recursos Humanos. La carrera le gustó, pudo desarrollarse profesionalmente y trabajó durante dos décadas en empresas multinacionales, bancos y organizaciones de gran tamaño. Sin embargo, había una diferencia entre sentirse capaz de hacer algo y sentir que eso era lo que realmente quería hacer.

“Yo hice la carrera, me gustó y no reniego de ella, pero nunca fue mi pasión ni mi vocación. La hice porque era lo que sabía hacer”, admite.

En su casa, además, tenía un contraste cotidiano. Cecilia, su esposa, es arquitecta y vive su profesión con entusiasmo. “Ella es una enamorada de su carrera. Yo le tenía un poco de envidia por eso, pero siempre me alentaba a que buscara mi pasión”, relata.

Hoy, con dos hijos y uno de ellos de 16 años, el tema tiene también una dimensión cercana: la elección de qué estudiar empieza a ser una decisión concreta en su propia casa.

Del retiro voluntario a descubrir una nueva habilidad

Hace aproximadamente dos años, Nicolás dejó su último trabajo en Recursos Humanos, en el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), a través de un retiro voluntario. Para entonces, ya había comenzado a colaborar con un amigo que tenía una casa de materiales eléctricos.

La experiencia le permitió descubrir una habilidad que no había identificado de la misma manera durante su carrera anterior: la venta.

En su último trabajo en el banco, Nicolás se había dedicado en buena medida a la selección de personal. Una parte importante de esa tarea consistía en convencer a candidatos de incorporarse a la organización. No siempre era sencillo: debía competir con empresas privadas y bancos como Galicia, Macro o Santander para atraer profesionales.

“Me iba muy bien. Yo creía que era bueno vendiendo”, cuenta. Esa experiencia lo llevó a preguntarse si, quizás, la comercialización podía ser su vocación.

Con su amigo desarrollaron una página para vender materiales eléctricos, un proyecto que terminó convirtiéndose en su principal fuente de ingresos: “Lo hago porque es el trabajo que me da de comer, pero sigo buscando mi vocación”.

Pathfinder: una idea de 2019 que la inteligencia artificial hizo posible

La idea de Pathfinder había aparecido varios años antes de que se convirtiera en una plataforma. En 2019, antes de la pandemia, Nicolás y un grupo de amigos imaginaron una herramienta de orientación vocacional que funcionara como un juego.

En aquel momento, llevarla a la práctica parecía demasiado complejo. Habría necesitado reunir a especialistas en psicología, programadores y otros profesionales para diseñar una experiencia que combinara distintas metodologías y devolviera resultados útiles.

La inteligencia artificial cambió las posibilidades: “Esa idea que tuve hace seis o siete años la pude desarrollar a partir de abril de este año. En tres meses pude hacer todo”.

Pathfinder nació así como una plataforma de orientación vocacional gamificada. La propuesta consiste en reemplazar el formato tradicional de preguntas y respuestas por una experiencia lúdica que permita observar cómo cada participante toma decisiones, qué prioriza y qué alternativas elige.

“El alumno nunca sabe que lo están evaluando. No hay respuestas correctas: lo que buscamos es captar su comportamiento a través del juego”, subraya Nicolás.

La experiencia dura entre 10 y 15 minutos y puede realizarse desde un celular. Al finalizar, la herramienta sugiere un área de estudio entre ocho grandes categorías y un conjunto de carreras que podrían ajustarse al perfil del usuario. El sistema trabaja con una base de más de 170 carreras universitarias argentinas y puede ofrecer cinco opciones principales con porcentajes de compatibilidad.

Nicolás insiste en una aclaración: la plataforma no pretende decidir el futuro de nadie. “En orientación vocacional nadie te va a decir: ‘Tenés que estudiar esto’. Lo que hacemos es sugerirte un área de estudio y carreras que podrían encajar con tu perfil”, señala.

Cuatro modelos psicológicos y una herramienta para los colegios

La plataforma combina cuatro modelos de referencia: Holland, que clasifica intereses vocacionales; DISC, que analiza estilos de comportamiento; los motivadores, vinculados con los valores que influyen en las decisiones; y el enfoque de Personas, Datos o Cosas, que explora hacia qué tipo de actividad se orienta naturalmente cada individuo.

La combinación busca construir un perfil más amplio que el que podría ofrecer un cuestionario aislado. A partir de las elecciones realizadas durante el juego, el sistema genera una orientación y propone alternativas para que cada estudiante pueda seguir investigando.

Pathfinder también cuenta con un panel destinado a los colegios. Allí, los orientadores pueden consultar los resultados de los alumnos de un curso, acceder a información de cada perfil y utilizar inteligencia artificial para generar reportes que ayuden a profundizar el análisis. Esos informes incluyen preguntas que pueden servir como punto de partida para nuevas conversaciones con los estudiantes.

“Nosotros no reemplazamos a los orientadores, sino que les damos más herramientas para que puedan profundizar rápidamente con cada chico que lo necesite”, aclara Nicolás.

De vender una plataforma a compartir su propia historia

Como todo emprendimiento que recién comienza, Pathfinder todavía está en etapa de crecimiento. Nicolás se ocupa personalmente de visitar colegios, llamar a potenciales clientes y explicar cómo funciona la herramienta. Todo a pulmón.

“Yo tenía una charla armada para vender el servicio. Al principio, mi idea era que los colegios contrataran la plataforma, que los chicos la usaran y nada más”, recuerda.

Sin embargo, durante las reuniones empezó a notar que directivos y docentes se interesaban tanto por el producto como por la historia que había detrás: “Les interesaba mucho mi historia, cómo había llegado hasta donde llegué y por qué estaba haciendo esto. Entonces empezaron a pedirme que les diera charlas de orientación vocacional a los chicos”.

Y completa: “Hoy vendo también mi storytelling, mi experiencia. Les doy mis consejos desde mi punto de vista y desde lo que me pasó a mí”.

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