Cada tanto, una película se vuelve "profética". Una pandemia en pantalla anticipa una pandemia real, un viaje espacial parece ensayar lo que viene, un mundo de realidades paralelas aparece justo cuando la ciencia empieza a discutirlas. De ahí a pensar que alguien lo planificó hay un paso corto, y es el que dan muchas teorías que circulan hace décadas.
Conviene separar tres niveles antes de recorrerlas. Hay lecturas críticas respaldadas por académicos, hay vínculos comprobados entre la industria del cine y los gobiernos, y hay hipótesis conspirativas sin pruebas. Los ejemplos que siguen se mueven entre esos tres terrenos.
El caso más discutido en términos políticos es 300, estrenada en 2006. Llegó en pleno auge de la "Guerra contra el Terror" de la administración de George W. Bush, cuando el apoyo público a la ocupación de Irak empezaba a caer y el discurso dominante dividía el mundo entre un Occidente libre y un Oriente tiránico.

Varios analistas la leyeron con el marco del Orientalismo de Edward Said: Occidente construyó una imagen estereotipada, inferior y exótica de Oriente para legitimar su dominio cultural, político y colonial. Los espartanos, en la adaptación de Zack Snyder del cómic de Frank Miller, aparecen como hombres atléticos y sobrios que defienden la libertad, aunque Esparta era una sociedad oligárquica y esclavista. Los persas, antepasados de los iraníes, se muestran como hordas deformes, decadentes y místicas sometidas a un rey tirano. La polémica tuvo eco diplomático: se informó que el gobierno de Irán acusó a la película de ser una forma de guerra psicológica.
En un terreno más “realista” está la colaboración entre los organismos estastales como Pentágono y Hollywood, documentada en títulos como Armageddon o Transformers: el ejército presta equipamiento y bases a cambio de influir en el guion. Algunos teóricos van más lejos y ven en el cine de catástrofes una forma de acostumbrar al público al miedo, apoyándose en la "Doctrina del Shock" de Naomi Klein (las élites políticas y económicas aprovechan situaciones de crisis para imponer reformas impopulares mientras la población está demasiado desorientada para ofrecer resistencia).

Del lado de las teorías conspirativas, la más popular es la "programación predictiva". Sostiene que los medios introducen ideas complejas o cambios de paradigma en ficciones para que la sociedad las asimile sin resistencia cuando llegue la "revelación" real. No tiene respaldo empírico, pero ordena buena parte de los relatos que siguen.
Marvel es el ejemplo actual. Con Doctor Strange, Loki, Spider-Man: Sin camino a casa y la Saga del Multiverso, el estudio hizo cotidianos términos como variantes, líneas temporales y universos paralelos. La física discute seriamente el multiverso, por ejemplo con la interpretación de los muchos mundos de Hugh Everett (cada posible resultado de una medición cuántica se realiza en un universo paralelo distinto). La lectura moderada dice que el cine funciona como traductor masivo de ideas de vanguardia, y la conspirativa, que prepara a la humanidad para algo más.

Con los extraterrestres aparece la revelación (casi como lo que hizo Spielberg este año con El día de la revelación): la idea de que gobiernos y agencias filtran verdades a través de Hollywood para acostumbrarnos a la existencia de vida no humana. En producciones así existiría asesoría militar y de inteligencia en producciones. De hecho, estas teorías sostienen que Encuentros cercanos del tercer tipo y E.T. cambiaron al alienígena de monstruo invasor a figura comprensible.
The Matrix y Disney completan el cuadro. La primera popularizó la hipótesis de la simulación, que el filósofo Nick Bostrom formuló en 2003, y alimentó el mito de que nada de lo que vemos es real. Sobre Disney, las teorías dicen que Wall-E o Big Hero 6 normalizan el vínculo afectivo con la inteligencia artificial y el transhumanismo desde la infancia.

La más famosa de todas las teorías conspirativas involucra a Stanley Kubrick. Según esta versión, el gobierno estadounidense lo habría contratado para filmar el alunizaje del Apolo 11 en 1969, aprovechando los efectos de 2001: Odisea del espacio. El documental Room 237 recoge lecturas según las cuales El Resplandor contiene confesiones ocultas: el suéter con el cohete Apolo 11 que usa Danny, el cambio en el diseño de la alfombra y la habitación 237, que remitiría a los miles de millas que separan la Tierra de la Luna. Pero, claro, la llegada del ser humano a la Luna está ampliamente documentada y la teoría de Kubrick no tiene sustento.
Por eso hay que tomar todas estas teorías con pinzas. Seducen porque parten de algo cierto: el cine moldea el imaginario y muchas veces los gobiernos intentaron influir en él. El problema aparece cuando se confunden teorías con la realidad: que una película anticipe algo no prueba que alguien lo haya orquestado.